Ivan Grondona

IVAN GRONDONA

UNA MIRADA DISTINTA

En San Telmo y sus alrededores Nº 9

Enero 1998

Iván Grondona fue un actor protagonista desde los comienzos de la televisión. Actuó en la primer transmisión televisiva que se dio en nuestro país. Vive por Carlos Calvo y Defensa junto a Perla Santalla, con quien se casó hace 43 años. A comienzos de los ’80 abandonó la actuación y se dedicó íntegramente a su otra pasión: la filmación y descubrimiento de distintos lugares de nuestro país. Tiene 62 casetes de una hora con la producción de 1.200 cortos de tres minutos de El país que no miramos, que se pueden ver en la apertura de ATC exceptuando los sábados. Ahora produce un programa que, a diferencia del anterior, dura treinta minutos y se emite en Cablevisión. En San Telmo y sus Alrededores lo entrevistó y dialogó entre otros temas, sobre la producción de investigaciones y su participación en el barrio como presidente de la Asociación de Vecinos y Amigos del Casco Histórico.

-¿Cómo surgió la idea de empezar a investigar en El país que no miramos?

- Siempre digo que me puedo sentir feliz por muchas cosas pero no por ser el autor de este ciclo. Abordé la carrera de actor durante casi cincuenta años. Hasta que se produjo el fenómeno de los cuatrocientos años de la Ciudad de Buenos Aires. Ahí prácticamente empieza El país que no miramos. ¿Por qué? Forma parte de varias coincidencias: cuando tenía ocho años mi padre me llevaba a caminar y me enseñaba Buenos Aires.

El adoraba a su ciudad y me llevaba a pasear y a conocer. A los 8 o 9 años me explicaba la riqueza de los edificios de la Avenida de Mayo, me hablaba de las alturas de las calles. Cuando iba a salir, me estimulaba para que aprendiera a mirar a la ciudad.

En esa época respetar la altura de las construcciones, era norma ética de los arquitectos. Ninguno de ellos quería sobresalir porque su edificio fuera más alto sino que buscaban competir en arte con el de los vecinos. Aprendí recorriendo en las tardes, a conocer el Centro de mi ciudad. Cuando fui actor también la caminaba de noche y de día. Para los cuatrocientos años de la Fundación de Garay, ya había filmado ochenta diapositivas de ochenta lugares de Buenos Aires. Su exhibición duraba una hora y veinte.

Esta es una medida muy extraña para un audiovisual, ya que nunca aguantan más de veinte minutos. Cuando lo exhibí en el ’79, la gente lo aplaudía, lloraba al final y se sentía feliz por el Buenos Aires que le mostraban.

En ese momento no disponía ni de radio ni de nada, pero tenía un amigo que estaba en Radio Argentina. Le fui a hablar y le propuse hacer algo para limpiar la imagen sucia de Buenos Aires que estaban dando… Me dio un espacio y en cinco minutos contaba por la radio distintas historias, como el marco de la esquina que está en Pavón y Cevallos, el valor que tiene la cándida que está en la cúpula del Congreso, la historia de las compañías de electricidad, y otras que aparecían recorriendo las calles y veredas de Buenos Aires.

El programa empezaba todos los días con el canto de Carlos Gardel Mi Buenos Aires Querido cuando yo te vuelva a ver y yo decía "El Buenos Aires que no miramos hace cuatrocientos años". Esto hizo que el ángel protector que me acompaña (ya cumplimos 43 años de casados, con Perla Santalla), me preguntara un día en el año ‘80 porqué no lo hacía para televisión. Todo esto combinaba en una época en la que ya había decidido dejar de ser actor (me di el lujo de protagonizar un Pirandello o un Sartre.) Entonces durante tres años estuve preparando ese microprograma de tres minutos.

-¿Por qué tardó tres años en armar el microprograma?

- Porque tuve que juntar cosas que habían sido de mi experiencia. Quería que los programas no le llegaran a los individuos que conocían lo que era el Art Decó el Art Nuveau, o que conocieran en general historia.

Mi intención era llegar a otra gente, la que no recibía buena información. Sean maestros, padres, chicos o personas con bajo nivel educativo. Primero tuve que estudiar los tiempos de concentración en la pantalla, de modo que estuvieran atentos cuando explicara algo que no se veía en el común de los días. Llegué a la conclusión de que había cuatro niveles: Los chicos de hasta 18 o 19 años podían seguir lo que les mostraba atentamente unos tres minutos. Después hay un segundo nivel que hasta 15 minutos aguanta.

Hay otro superior compuesto por profesionales que no tienen inconvenientes en estar viendo el tiempo que sea un documental sobre un tema que les interese y, finalmente, están los que no tienen un buen nivel de educación, que también tienen tres minutos de concentración en la pantalla. El cálculo estaba basado en mi experiencia en años de televisión (Actué en TV desde la primera emisión que se hizo en el país, la transmisión se dio en la torre del Ministerio de Obras Públicas.) Empecé con los tres minutos y podía dar una lección de arquitectura o de historia. Mi experiencia como actor, me permitió entrar a las casas como cómplice que venía a contar lo que había descubierto.

En la investigación me ayudaron mis años en el Nacional Buenos Aires, porque hacía monografías todas las semanas. Usé el poder de síntesis que me enseñaron los grandes profesores, que exigían escribir y después hacer resúmenes aprendiendo conceptos.

En el año‘83 empecé el ciclo en televisión. Recuerdo en el año ’72 mi primer viaje a Europa: llegué con 1200 diapositivas y cuando le mostraba a españoles o a italianos lo que yo había visto en su país, no lo conocían. Los habitantes de una ciudad la transitan para ir a su trabajo o en un vehículo y no tienen tiempo de pararse a mirarla. Hay lugares en los que enseñan estrictamente el respeto a la ciudad. En Viena por ejemplo, si se te cae un pedazo de tarta en el suelo, uno puede levantarla y comerla porque el piso está tan limpio como si hubieran acabado de pasar un trapo. Nadie tira ni el papel del cigarrillo.

-¿En cuántos lugares filmó El país que no miramos?

- Tengo 1200 lugares del país analizados, porque no hago como hacen algunos pseudoperiodistas que reproducen textos. Yo fui y hablé con cada uno de los personajes. Cuando empecé era impresionante. Había mujeres que agarraban, me besaban la mano como si fuera el Papa y me agradecían por lo que veían. Seguí hasta que por el ’86, en un proceso desgraciado en Canal 13, llegó un interventor que le robó mucho al canal y cortó el presupuesto.

Al programa lo salvaron entre el Banco Ciudad y la Municipalidad. Me llevaron a ATC, lo que me permitió salir al aire en todo el país. Pero en el año ’91 o ’92 ya no me dieron la pantalla como antes dos veces por día. Paralelamente hacía documentales. Iba a una provincia, conseguía material de video para hacer 15 o 20 programas y para un documental y así hice uno importante como fue Abuelo Algarrobo, filmado en la ciudad de Merlo en San Luis. Ese algarrobo tiene 1.000 años de vida y a raíz de los 500 años de la llegada de Colón a América le propuse al gobernador de la provincia hacer que Abuelo Algarrobo y el poeta de Merlo, Agüero, contaran lo que había 500 años antes de la llegada de Colón. Qué había pasado en ese valle, en donde montaron la civilización.

Científicos, profesores, paleontólogos, arqueólogos, le dieron información y llegamos a analizar cosas que habían sucedido hace 250 millones de años. Ahora tenemos 40 programas en internet y estamos esperando que nos hagan la versión en inglés para ganar un mercado muy grande que es el de Inglaterra. Este otro programa dura media hora por Cablevisión.

-En la actualidad: ¿Le alcanza económicamente para poder producir como usted desearía?

- No. Tengo dificultades para producir. Un programa de media hora de estos que estoy haciendo, está compaginado con una hora de trabajo. Las horas de cámara me permiten hacer tres programas nuevos por mes y hacer una repetición. Ahora tengo un sponsor en el programa que es Banco Ciudad. Es posible que consiga otro para marzo y voy a ver si vendo los microprogramas de El País que no miramos a ATC para tener un poco más de dinero y poder entonces salir de una provincia. Estos trabajos enriquecen, son realmente exquisitos para la gente.

-¿Cuántas horas por día dedica a filmar?

- Esta es otra de las cosas que agradezco a la vida. Cuándo necesito dedicarle 20 horas lo hago. El día que no tengo ganas porque he completado lo que tenía que hacer, descanso. Aunque siempre estoy metido en la computadora buscando ver que más puedo producir y observando si con esos textos puedo hacer una cosa nueva. Cuando uno está en exteriores no tiene tiempo. No se puede decir: " Vamos a las 10 y a las 6 terminamos", uno no sabe a que hora termina.

-¿Cuáles son las distintas etapas que lleva a cabo en la investigación, cómo lleva a cabo un corto o un documental?

- Hay que hacerse una norma de trabajo. Yo no estudié investigación, aprendí a investigar con un profesor de historia que me hacía hacer una monografía por mes. Si voy a hacer una investigación en una provincia, por ejemplo la que fui a hacer a San Luis, parto de una base y una pauta. Me dije "San Luis, 500 años de la llegada de Colón a América". Parto de la premisa de que la zona era famosa por los comechingones.

Tengo una información, empiezo a buscar quien me puede enriquecer el conocimiento sobre esa cultura y me encuentro con que la mejor información al respecto son unos trabajos que se han hecho en la Universidad de San Juan. Me dirijo allá a observar qué trabajos hay. Me mandan el listado de trabajos, compro algunos libros, otros me los regalan y ahí empiezo a estudiar a los comechingones. Ahí es donde se va a producir el encuentro de los españoles con los habitantes de la zona y esto es fundamental.

Yo había leído las cartas de Hernandarias, cuando le mandaba a decir al rey lo que hacía con los nativos de acá. Los agrupaba y clasificaba en grupos o tipos de aborígenes. Parto de la base de que nosotros, para tapar los genocidios de Marcos Paz, de Rosas y de Roca, hablamos de los que los españoles nos mataron. Ellos confiesan en esas notas que hay en la universidad de San Juan que acá tenían que luchar con indios bárbaros y temibles. Los asolaban de noche y peleaban con fuego, porque ellos tiraban con arcabuces que llegaban a diez metros y los indios les tiraban con la flecha con fuego que llegaba a cincuenta metros. Hice toda la investigación de eso partiendo de ese Abuelo algarrobo. Trabajé con la gente de la zona que había sido partícipe de esos trabajos de investigación, averigüé cómo habían llegado a la conclusión de que el árbol tenía 1.000 años de vida. Dejé volar la imaginación. Tenía información de la cantera de pizarra. Tuve que llegar hasta ahí. Fue muy costoso y arriesgado porque hubo que ir con un jeep de esos 4x4 saltando como loco para llegar a la cantera de pizarra y ver allá todo lo que vino.

Hablé con el profesor Bonaparte, que es uno de los más importantes investigadores del mundo en un museo de ciencias, con respecto al tema de los pterodáctilos y los dinosaurios. Yo me preguntaba siempre en qué continente habrían estado, ahora están apareciendo todos estos bichos acá. Juntando toda esa información fue como, en el año ’90, no tuve más remedio que comprarme una computadora, ya que tenía demasiados papeles. Cuando llego a una provincia, tengo el mismo criterio con que los americanos se sientan a ver una película policial: se dejan sorprender por todo lo que les pasa y nunca quieren saber quien es el asesino, quieren sorprenderse cuando la película lo descubra. Yo no quiero llegar a una provincia e inventar una historia, me gusta dejarme sorprender por lo que la gente me cuenta. Entonces empiezo a unir: Si uno recorre San Telmo, supuestamente las casas de Rosas están a granel y no hay tales casas. Rosas vivió en Palermo, tenía ahí su gran propiedad. Hay que tratar de ser objetivo y tener paciencia para ligar todo el rompecabezas. De pronto una historia uno la empieza a armar y comienza a volar por ella y aparece algo que la tira abajo.

Lo que hay que tratar de ir haciendo es buscar que las piezas vayan entrando. El trabajo de hacer una investigación es muy divertido. Son muchas horas pero lo que he aprendido del ’83 hasta ahora, con El País que no miramos, haría que yo tuviera que devolver todo el dinero que gané y pagar encima. De una forma estupenda te permite valorizar: "Este me está engañando pero algo en el fondo de todo esto hay ¿qué hay?".

-¿Dedicó algún corto a San Telmo?

- Hice muchos programas sobre San Telmo. Uno de ellos es el testimonio final de Coni el imprentero. El edificio saliente, que está en Perú y Chile, fue la primer imprenta privada en Argentina. Sobre la imprenta de Coni Molina, escribí un libro.

-Con "la otra mirada" ¿Qué es lo qué usted observa cuándo ve a San Telmo?

- San Telmo es un lugar que si estuviera en cualquier otra parte del mundo, por ejemplo en París, sería un centro de explotación turístico. Ellos hicieron con el borde del Sena una maravilla. De la experiencia que tuvimos aquí (fui presidente de la Asociación de Vecinos y Amigos del Casco Histórico), en otros años venían 40.000 turistas al mes. Esto fue posible cuando se hizo la U.24. (El anterior Código de Planeamiento Urbano), el único requisito que tenía era que en las viviendas se mantengan los frentes y las fachadas. Este lugar es realmente el pulmón, es el nacimiento del país. San Telmo es la zona que surgió con la Fundación de Garay. El Puerto estaba aquí, en el borde del Parque Lezama. Los armadores de barcos se vinieron a vivir a esta zona. Eran todos muy ricos, poderosos, de mucha plata.

Hace unos años vinieron los españoles para hacer el tratamiento de los edificios de Avenida de Mayo y Grosso los trajo aquí para mostrarles que podía hacer con este barrio. Los españoles le dijeron que no lo toque porque este barrio es una maravilla. San Telmo es lo mismo que la Avenida de Mayo en pobre, en menos, correspondía preservar. Pero al barrio lo desarmaron Adelina de Viola, su marido Viola, Vinelli y otros. Lo que la gente no se da cuenta, porque no lo sabe, es que en una cuadra como por ejemplo puede ser, Defensa desde Carlos Calvo hasta Estados Unidos, hay una riqueza en la mezcolanza de estilos, pero si ahí se vende un edificio y se levantan cinco pisos, se pierde el sentido de toda esa cuadra. Porque visualmente queda estropeada. Preservamos o no preservamos, el turismo es la única industria que no tiene chimeneas, no contamina a nadie ¡al contrario!.

-¿Cómo fundamentaría que San Telmo es el corazón de la Ciudad?

- Está dado porque es el Casco Histórico del país. Aquí entró de 1800 en adelante todo lo que venía del extranjero. Los españoles mandaron a Pedro de Mendoza a crear el puerto Santa María de los Buenos Aires. Por el Río de la Plata entraba todo el contrabando, incluso el de negros y esclavos y Hernandarias, quería frenarlo poniendo la Aduana. Los españoles querían que el puerto los comunique con el Noroeste porque era el camino obligado y breve para llegar por ahí al Alto Perú o en el peor caso a nuestra gobernación de Tucumán.

-¿Cómo fue su participación en San Telmo?

- Soy uno de los que hizo, junto con la Asociación de Vecinos y Amigos del Casco Histórico, el arreglo de la Plaza Dorrego. En esa época Grosso y la gente de la Municipalidad, algunos de los cuales ya me enteré que están presos, vinieron a pedirnos si podíamos rehacer la Plaza. La Municipalidad había hecho un convenio con la Fundación Antorchas, que se encargaba de poner los materiales. La Comuna tenía que poner mano de obra y obreros y no tenía plata. Nos pidieron si nosotros no podíamos conseguir fondos de algún lado. Junto con todos los anticuarios y los que eran de la Plaza de los domingos, hicimos una inversión.

No costó como nos habían dicho $ 18.000, nos costó $ 30.000.Pero mejoramos la Plaza. Al día siguiente los bares que están alrededor, pusieron todas las mesas en la plaza y los vecinos que eran los socios de la Asociación de Amigos y Vecinos del Casco Histórico, que estaban poniendo su dinero para arreglos, se encontraron con que los dueños de los bares y los mozos no dejaban jugar a los chicos a la pelota, incluso se la sacaban. Ahí se estropeó todo. Para colmo a esos individuos les dieron durante la administración de Bouer una autorización definitiva para que puedan poner mesas, en veredas con solo 50 cm. o 60 cm. de ancho.

En el lugar de trabajo de Iván Grondona, se puede observar una biblioteca, una videoteca y la computadora conectada a internet. Con el anhelo de tener el mejor barrio posible y de reconocer historias y rincones de la misteriosa Buenos Aires o de lugares del interior, el autor de El País que no miramos, sigue explorando en búsqueda de la compaginación y proyección, de miles de lugares desconocidos.

 

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