En
San Telmo y sus alrededores Nº 17
Noviembre
1998
Juan Carlos Gené es un reconocido
vecino de San Telmo. Además de actor es director del CELCIT. Instituto
de Estudios Teatrales para América Latina (ubicado en Bolívar e Independencia,
pleno San Telmo). Encargado de los talleres de formación, luego de
estrenar su quinta obra de teatro sobre García Lorca, "Aquel
mar es mi mar", dialogó con En San Telmo y sus Alrededores sobre
el barrio, la actualidad del teatro y otros temas que se sintetizan
a continuación.
-Contame
un poco sobre "Aquel mar es mi mar", este último trabajo
que produjiste a partir de la obra de García Lorca.
-Un homenaje a García Lorca
en el centenario de su nacimiento... En este caso nosotros trabajamos
sobre la elección de textos aislados de toda su obra, ni escenas ni
poemas sino correspondencias, conferencias. Por éso vamos armando,
a través de la improvisación y del trabajo de ensayo, acciones donde
ese discurso cabe y donde vamos encontrando un cauce de presión que
termina armando una historia. La misma no corresponde a ninguna de
sus obras, pero los textos son totalmente de Lorca, no hay una sola
palabra que no sea de él.
-A lo largo
de las distintas obras que hiciste se observa una obsesión hacia la
figura de Lorca.
-La verdad que sí. En mi caso
hay una cuestión generacional. Tenía ocho años cuando lo asesinaron,
eran los comienzos de la guerra civil española. Como soy descendiente
de inmigrantes catalanes, la guerra civil española se vivió intensamente
en mi familia, y el asesinato de Lorca (a comienzos de la guerra civil),
fue un episodio que marcó de alguna manera mi vida, una señal de horror
de algo que no estaba bien, que no podía ser. Luego una intensa convivencia
con exiliados españoles, tuvo gran influencia en el modo con que enfrenté,
muchos años después, mi propio exilio.
Sobre la reflexión de estos
acontecimientos, a lo largo de mi vida, significó mucha confrontación.
Este tipo de obsesión, sobre lo cual me preguntás, nació en el año
86 cuando se cumplieron los cincuenta años de la muerte de Lorca.
Yo estaba en Venezuela, donde se hizo una conmemoración y nuestro
Grupo actoral 80, fue invitado a participar. Entonces escribí
la obra Memorial del Cordero asesinado, que después estrené
en Buenos Aires. A partir de ahí hubo cinco trabajos sucesivos, con
una diferencia de dos años aproximadamente entre uno y otro, que fueron
Las delicadas criaturas del aire, Cuerpo presente en los naranjos,
La hierbabuena, Yo tenía un mar y este último trabajo, Aquel
mar es mi mar.
-¿Pensaste
en trabajar intensamente algún otro autor?
-Así como la de García Lorca,
no. Hay otros autores a los que les tengo gran admiración, los cuales
he trabajado y aún hoy frecuento, pero ninguno con esta apertura hacia
la experimentación. Todos los trabajos los hice con Verónica Oddó.
-¿Cómo surgió
el CELCIT y cuando tomaste contacto con este centro de estudios?
-Cuando llegué a Venezuela
exiliado, entablé conocimientos con el CELCIT, que se había creado
dos años antes por intermedio de El ateneo de Caracas, que
es una institución cultural privada de larga trayectoria en América
Latina. Me ofrecieron inmediatamente un lugar de trabajo. En una reunión
de dirigentes culturales de México, se recomendó la formación de un
centro que se dedicara a la difusión e intercomunicación del teatro
latinoamericano entre sí y con resto del mundo. A partir de ahí comenzó
la siembra de las filiales en toda Latinoamérica. Después se pasó
a España, donde actualmente está la casa central. Esta funciona a
través de tres secretarías y muchísimas filiales. Las tres secretarías
son el eje de la acción. La Secretaría de Promoción se ocupa de las
giras de grupos latinoamericanos en Europa y de grupos europeos en
Latinoamérica. La Secretaría de Formación está en Buenos Aires (Bolívar
e Independencia), a mi cargo, y la Secretaría de Investigación está
en Caracas, donde está adherido el Grupo Actoral 80, que fundé
en el ´83 y que sigue funcionando.
Todo lo que hace el CELCIT
a escala nacional e internacional desde el punto de vista formativo,
tiene su origen ideológico en Buenos Aires en la Secretaría de Formación,
y luego está lo que aquí se llama el Instituto de Estudios Teatrales
para América Latina, a través del cual se hace formación extracurricular.
Aquí no se intenta suplantar a ninguna de las escuelas sistemáticas
que hay, sino que se pretende una formación mediante talleres, más
libre y más abierta. Están todos los niveles posibles, desde la iniciación
hasta el nivel del entrenamiento profesional, más los talleres de
dirección, de escenografía, de dramatología, etc. que están comprendidos
en la estructura del instituto.
-En este
trabajo del CELCIT se deben ver diferencias sustanciales en las políticas
culturales de los distintos países.
-Por supuesto, sobre todo porque
vengo de vivir 18 años en un país donde toda la actividad cultural
privada, sea plástica, música, teatro, medios de comunicación, está
sostenida por el apoyo del Estado a través del Consejo Nacional de
la Cultura. Un ejemplo que otros lugares podrían imitar. Acá esto
no existió hasta hace pocos meses, cuando se sancionó la Ley de Teatro,
un hecho insólito, porque una tradición negativa en Argentina es que
el Estado siempre ha hecho una gran inversión en cultura para hacer
cultura oficial, a través de sus institutos oficiales. Es la primera
vez que un organismo teatral se crea para subvencionar la actividad
privada y en particular, de grupos con un criterio federalista muy
amplio, al servicio del teatro del país. Ahora la lucha es por la
Ley de Teatro de la Capital. Tienen que estar todos los organismos
políticos necesarios para que se cree.
-Llegué a San Telmo cuando
todavía vivía en Venezuela. Porque cuando comenzaba mi proceso de
regreso del exilio (hice un plan para volver en forma paulatina en
diez años), quise tener un lugar en Buenos Aires. En el año ´83 el
director del CELCIT conoció Buenos Aires. Compró una casa destinada
al instituto (Bolívar e Independencia). En principio se desarrolló
la actividad pedagógica, era como una pequeña sala de espectáculos.
San Telmo es un fenómeno muy
particular porque la ciudad a veces se encariña con él y a veces lo
abandona. Aquí se vivió una época de mucho brillo en los años ´80,
llegaron cafés y espectáculos; pero hacia el final de la década pasada
comenzó a decaer, pasó un período de gran marginalidad. En este momento
está comenzando, un poco, la rehabilitación, y todo esto se va dando
no se sabe por qué.
Teniendo en cuenta que ésta
es la zona más tradicional de Buenos Aires, el Estado y en particular
el gobierno de la Ciudad tendrían que intervenir. Está un poco abandonado
a sus propias posibilidades, con períodos más o menos de furor santelmista
que luego pasan. De todas maneras es una zona muy extraña y yo la
tenga asociada con mi infancia. Yo me crié acá. Los sábados a la mañana
mi padre me solía traer a recorrer el sur. Para él era la segunda
casa y hay otro detalle más: en la calle Chacabuco está el Casal
de Cataluña que se llamó así durante la presidencia de mi padre
cuando yo era niño, antes era el Centro Catalán. Este era un lugar
de juegos para mi infancia. Es más, allí hice la escuela de música.
El barrio está unido a muchas
cosas de mi vida y le tengo un entrañable afecto. Corresponde a una
tradición del país ya que estamos a muy pocos pasos de donde se supuso,
equivocadamente, que Pedro de Mendoza había hecho la Fundación (en
el Parque Lezama).
-¿Cómo ves
el presente y el futuro del teatro en la Argentina?
-Prefiero hablar del presente,
porque el futuro del teatro está asegurado ya que es una gran actividad
cultural, tan antigua como la cultura misma. De modo que es inconcebible
que deje de existir.
Lo que ocurre en estos momentos,
junto al proceso mundial de cambio social por el fenómeno de la globalización
es -a partir de la transformación notable en la industria del entretenimiento,
los medios de comunicación etc.- que el teatro está viviendo un momento
de mucha perplejidad. Como no es el primero que ocurre en la historia
hay que esperar que pase. No es un fenómeno nacional, es un fenómeno
mundial. Pero en lugares donde el teatro está más protegido la crisis
se nota menos. En países como los nuestros, en donde la tarea es mucho
más huérfana, la perplejidad es mayor y uno de los síntomas de lo
que pasa en el medio, es la desaparición progresiva del empresario
teatral.
Las salas no desaparecen porque
hay alguien muy malo, sino porque la gente deja de entrar a ellas.
Pero por otro lado, como respuesta, aparece un sinnúmero de lugares
alternativos antieconómicos, donde la llama del teatro permanece protegida.
Esto es una realidad que se ha multiplicado en Buenos Aires y en todo
el país de una manera notable. Con muy buen criterio, el primer presupuesto
del Instituto Nacional del Teatro ha sido destinado al apoyo de las
salas alternativas.
Esta es la realidad de hoy:
pocos grandes éxitos, la presencia creciente de grandes empresas de
teatro internacional (un ejemplo es La bella y La Bestia, un
espectáculo internacional de Walt Disney); además se encuentran aquellos
éxitos de medios masivos de comunicación que se trasladan al teatro,
como el caso de Chiquititas este año. Todo esto crea una atmósfera
con mucha novedad en ese sentido y mucho desconcierto. Como decía
Brecht "cuando los teatros están vacíos es porque los que estamos
adentro y los que están afuera saben qué hacer con él". Este
es el período que estamos pasando.
-En este
caso, los espectáculos que nombrás (como La Bella y La Bestia
o Chiquititas, por ejemplo) son producciones que tienen un
origen distinto al teatral.
-Las grandes empresas pueden
hacer una inversión enorme en el lanzamiento publicitario de un espectáculo.
Actualmente la publicidad se ha transformado en el rubro más caro
de la producción, imposible de asumir en pequeños emprendimientos.
Para estar hay que hacer mucho ruido y esto es muy caro porque hay
que anotarse en la gráfica, en la televisión y en la radio. Pero el
teatro, que en su esencia es la comunicación viva, un fenómeno único
e irrepetible como hecho artesanal, está atravesando una crisis muy
difícil porque todo se ha transformado en el ministerio del medio
masivo de comunicación.
En tanto el teatro se mantiene
a medida humana como comunicación de persona a persona. Es un hecho
único que está vivo, no se puede repetir mañana, mañana será parecido
pero no igual. Esto es un hecho que contradice los mecanismos masivos
de la sociedad contemporánea. Sería imposible organizar un espectáculo
teatral que tuviera la cantidad de gente que simultáneamente mira
un mismo programa de televisión.
El teatro es por naturaleza
no masivo, porque se hace en vivo, para una asamblea de espectadores
no demasiado grande, porque en la medida que se aleja del escenario
pierde presencia.