En
San Telmo y sus alrededores Nº 72
Octubre
2004
Se
vinculó con la música a muy temprana edad. Inquieto y
curioso, siempre incursionó en lugares que algunos calificarían
de under y el prefiere llamar de búsqueda. No reniega
de su etapa bohemia pero asumiendo su edad (38) y sus responsabilidades
(mujer e hijo) Juan Subirá, tecladista de la Bersuit Vergarabat
y vecino del barrio, reconoce que no podría en la actualidad
llevar esa vida. De
todo eso charlamos una mañana de primavera en el bar Aconcagua,
de Estados Unidos y Bolívar.
-Contanos
algo de tu relación con San Telmo.
-San Telmo lo tomé por adopción. Nací y viví
en Lanús hasta los 7 años y después estuve durante
14 años en Barracas, hasta que empecé a mudarme por distintos
barrios.
Esa experiencia está buena: viví un año en Villa
Crespo, 8 en La Boca, medio año en Chacarita. En San Telmo vivo
desde hace 7 años.
Recuerdo que antes de vivir por acá, iba una vez en el año
´94 dando una vuelta con una chica y desde la calle escucho que
en un pub suena la Bersuit. Entramos y me encontré con una amiga.
A la semana siguiente fui con un amigo, empecé a llevar gente
y a empezar a hacer una historia ahí. Así conocí
a GueBARa, que había abierto uno o dos meses antes y pasó
a ser el punto de escalada cuando venía por acá. Me hice
un fanático del barrio (de hecho mi hijo se llama Telmo, le pusimos
ese nombre con mi mujer porque nos conocimos acá en el barrio)
y empecé a recorrer muchos boliches como Museo Rock, Negril,
El Mirador, y desde luego GueBARa.
Me sedujeron las casas viejas, la historia, los boliches y los pubs.
Para mi está relacionado fundamentalmente con la noche, con un
montón de historias, pero también me gusta estar en un
lugar histórico que en alguna época fue barrio de negros
(aún hoy vos seguís viendo negros por la calle), el barrio
tiene mucha mística, es muy copado.
-
¿Hay alguna relación entre eso que decís de la
cosa copada del barrio y los últimos temas de la Bersuit?
-A través de la historia en algunos temas de Bersuit sí.
Por ejemplo, el tema A los tambores está muy relacionado
con el toque, con las murgas, la gente en la calle, esa piel de barrio.
Muchas canciones se hicieron en este barrio, por ejemplo Negra
Murguera" o Toco y me voy.
Al pianista Juan Carlos Cáceres le hice un tema que es una milonga
llamado El sanatorio, que tiene mucho que ver con San Telmo.
El tiene muchas canciones, candombes, murga, todo muy relacionado con
la negritud.
-Hoy
se usa mucho la palabra fusión para hablar de las influencias
recíprocas: rock, candombe, murga...
-En una época esa palabra estaba como de moda, se usaba para
todo. Las mezclas que hacía Beto Satragni y Raíces, Moro,
el negro Rada. Mas allá de que hoy no se use tanto, que no se
hable, creo que eso está. Por lo menos Bersuit se podría
decir que es una banda que de alguna manera adoptó esa línea.
Desde chiquito con Pepe y Carlitos (bajista y baterista de Bersuit)
nos juntábamos en mi casa (en ese entonces vivía en Barracas),
teníamos 13 años. No éramos músicos pero
en el altillo de mi casa empezamos a jugar a hacer ruido.
Ahí empezó a nacer el sueño de a poquito. En esos
años intentábamos tocar ritmos que no conocíamos.
En realidad sabíamos muy poco de música. Intentábamos
tocar candombe, murga, de todo un poco, mezclado. Tuvimos varias bandas,
una era La palangana con la que tocábamos mucho en
San Telmo, Avellaneda, Barracas, La Boca, en donde podíamos.
Después, cuando nació Bersuit, de alguna manera con el
tiempo empezó a pesar esta influencia, y ya con más conocimientos
musicales, más experiencia y estudio, surgieron todos esos ritmos
que diría que estaban en un lugar innato. Uno tiene que desandar
un camino para empezar a rescatar esas raíces y aplicarlas a
la música. La murga y el candombe son ritmos hermosos, de los
que hay que conocer los códigos.
Nos fuimos metiendo en todo eso y Bersuit es una banda de fusión
que mezcla cualquier cosa, a veces de una manera un poco atrevida, porque
nadie te garantiza que vayas a salir bien parado. Nos enriqueció
mucho como músicos ese atrevimiento de meternos con cualquier
ritmo.
-En
la Bersuit la fusión y la mezcla de ritmos ha sido más
aceptada por el público que en otras bandas.
-Cada banda tiene sus historias, sus contextos, sus caminos. A mí
me parece que la Bersuit al principio fue una banda sin estilo. Ahora
se podría decir con los años que el estilo de Bersuit
es justamente eso de abrir, de meterse y atreverse a cualquier cosa,
con el estilo de murga, de candombe. El público lo aceptó
y le gustó ese juego. De repente podemos tocar cumbia si queremos
y hay otras bandas que no lo podrían hacer. Para nosotros es
divertido hacerlo y también en un principio nos costó,
tuvimos que vencer nuestros propios prejuicios. Que el público
lo haya aceptado con el tiempo y se haya prendido en esa está
buenísimo. Me parece que es importante y significativo para todo
el movimiento del rock. Porque había en determinado momento,
como cierto prejuicio de que esta música es grasa, que hay géneros
que son menores, y no es cierto. Lo importante es cómo se hace,
qué es lo que pone uno, porque también hay rock malo.
-Uno
de los prejuicios más grandes es el tema de la masividad. Si
cantan para muchos o para pocos. ¿Ustedes se lo plantearon en
algún momento?
-Justamente hay muchos prejuicios y este es uno de los tantos que en
determinado momento uno hace alarde. En realidad uno es under porque
está en esa etapa y es lindo decirlo, porque nosotros lo curtimos
un montón de años y conocimos gente impresionante en todos
esos sucuchos. Esos lugares como el Parakultural, Mediomundo Varieté,
Babilonia. Gente como Batato Barea, Enrique Syms, Tom Lupo. Bersuit
también se curtió del under y por supuesto, también
un montón de bandas que están haciendo carrera. Creo que
entre 1993 y 1997 estuvimos por debajo del under, ¡En el sótano
del under! Para nosotros esa etapa también fue muy dura, porque
todo lo que hacíamos en ese tiempo nos costaba el doble. Mucha
gente pensaba que ya no existíamos y la gran mayoría directamente
no nos conocía. Nosotros peleamos mucho en esa época para
salir y poder sacar un disco. Estábamos estancados y con la sensación
de que sino cambiábamos, el grupo se caía. Cada uno de
nosotros tenía un trabajo aparte de la música y la situación
era cada vez más insostenible. En ese momento empezamos a tomarnos
más en serio el hacer música y tocarla en vivo.
Nos ayudó mucho haber empezado a trabajar con Gustavo Santaolalla
como productor. Aparecieron nuevas canciones y sobre todo un nuevo estado
de ánimo, así llegamos a Libertinaje y la
banda comenzó a despegar. Empezamos a poder vivir de la música,
que es muy gratificante.
-Vendieron
100 mil copias de Libertinaje y este año ya superaron
las 250 mil copias de La Argentinidad al Palo ¿Qué
presión les genera?
-Obviamente es una gran alegría. Todo artista pelea por el reconocimiento.
Por otro lado es muy difícil a veces elaborar el éxito
porque a veces pasan cosas ridículas. En el interior se acerca
muchos chicos, muchas minitas, hay una cosa un poco histérica.
Eso es difícil de elaborar porque te sentís raro, te sentís
ocupando un lugar medio estúpido. Nosotros hacemos lo mismo de
siempre desde el día que tocamos. El reconocimiento es lindo,
es un premio a nuestra trayectoria. Pasamos momentos buenos y otros
muy malos. Entonces todo eso te hace entender y valorar las cosas de
otra manera.
-La
Argentinidad al Palo es el pico más alto de la banda ¿Cómo
ven el después?
-El futuro por suerte en un aspecto es una incógnita. Vamos a
seguir tocando, presentando el disco y seguramente vamos a hacer los
demos del próximo. Siempre están saliendo canciones, para
La Argentinidad al Palo, tuvimos que seleccionar entre 70
que habíamos compuesto. Las de este año las tenemos desde
el año pasado. Hay también una historia en el exterior
que es un nuevo y lindo desafío. Tocamos en Estados Unidos, en
España y en varios países de Latinoamérica. Ahora
salió una oportunidad de tocar en Brasil.
-Al
ser reconocido y tener gran popularidad ¿Sentís otra responsabilidad
cuando hacés declaraciones?
-Sí. Es notable la influencia que tienen las bandas sobre los
pibes. Los chicos buscan identificación y una de las identificaciones
fuertes que tienen es con los grupos de rock. Excede totalmente la lógica,
pero al no haber referentes en el plano político y en otros campos
que quedaron vaciados por el escepticismo, por la traición y
por un montón de cosas que pasaron, me parece que se ponen demasiadas
expectativas con los músicos. Nosotros tratamos de decirlo: fundamentalmente
excede nuestras posibilidades. En definitiva somos músicos, hacemos
canciones y es un poco el lugar que ocupamos y no queremos ni pretendemos
ocupar un lugar más importante que ese, porque me parece una
situación medio ridícula que nos pregunten para que opinemos
de todo.
-La
Bersuit se caracterizó siempre por asumir un compromiso con distintas
causas.
-Tratamos de involucrarnos con ciertas situaciones. Por nuestra forma
de ser y de ver las cosas, en una época en la que no teníamos
una agenda tan cargada, tocamos en muchísimos eventos sociales.
Fue muy interesante porque estuvimos en un círculo relacionado
con un montón de causas importantes, donde conocimos gente y
tomamos conciencia de un montón de cosas. Tocamos para la Casa
Cuna, para diferentes operaciones de chicos, contra el atentado a Pino
Solanas, contra la represión policial. Estuvimos en recitales
por las Madres de Plaza de Mayo, por las Abuelas de Plaza de Mayo, por
los hijos de desaparecidos.
-¿Cómo
imaginás el cambio social?
-¡Qué se yo! Es difícil, el cambio más fuerte
creo que es el de conciencia de cada uno de nosotros. Sino existe ese
cambio es muy difícil generar un cambio genuino. Creo que hay
un lavado de cerebro muy fuerte, del imperialismo y desde un montón
de lugares. En los últimos años se acentuó mucho
el individualismo. No es casualidad que hay una generación argentina
que está desaparecida. Toda esa gente que se perdió, que
luchaba por la libertad, por los derechos, por el cambio social, es
un vacío muy grande. La derecha ocupó un espacio y le
comió la cabeza a la gran mayoría de la sociedad. No es
casualidad que Menem haya ganado elecciones. Es una larga y dura lucha,
pero me parece que a la larga puede haber un cambio. Hay que regenerar
las cadenas solidarias.
-Las
letras de ustedes tratan de locura, delirio, placer, hambre, exilio,
marginalidad ¿Ves cambios en el último tiempo?
-Siempre se dan cambios y es raro que no se vean reflejados en las letras.
Antes nuestras vidas eran un poco más salvajes. También
tiene que ver con la edad. Estamos más tranquilos, sino sería
imposible hacer lo que estamos haciendo. El trabajo es mucho más
metódico, cambió la organización de toda la estructura
de la Bersuit. Antes pasamos experiencias lindísimas, como las
fiestas en mi casa que eran un clásico. A lo mejor volvía
a las 4 A.M. y había gente esperándome. Personajes increíbles
que tienen que ver con nuestra historia. Ahora ese estilo de vida no
lo podría hacer, sería muy difícil aguantarlo físicamente.
Casi todos los de la Bersuit formamos familias. No se da tanto la circunstancia
de tener tiempo para el ocio creativo. A mi me gusta escribir. En 1998
en El Mirador presenté el libro Desconcierto para uno solo.
Tengo material para armar un par de libros más, pero no los puedo
terminar por falta de tiempo para redondearlos. Las giras de uno o dos
meses te ponen en una situación extraña. A medida que
fue creciendo la banda hay muchas más actividades para hacer
y por suerte hay mucho trabajo, pero el trajín de tocar también
te limita. Me impide hacer ciertas cosas de la vida cotidiana, como
estar más tiempo con mi familia y mis amigos, ir a jugar a la
pelota o ir a cabarets poéticos y pasar los fines de semana en
los bares entrañables.
Eduardo
Scirica y Jorge Aníbal Cela