Grupo de teatro Catalinas Sur

LA MISTICA DE UNA GENERACION

 

En San Telmo y sus alrededores Nº 65

Marzo 2004

Son la consecuencia no deseada de un intento de censura. Cuando la última dictadura militar los echó de la escuela donde hacían teatro con padres y alumnos, se fueron a la plaza pública y continuaron trabajando con los vecinos. Así nació el Grupo de Teatro Catalinas Sur. Veinte años después son "Mención a la trayectoria" del Premio María Guerrero 1996, "Premio Siglo XXI" en 1998 por su labor de rescate de la historia y tradiciones populares, Premio Especial Florencio Sánchez 1999, "Mención Especial" del Premio Podestá 2000 (otorgado por la Sociedad Argentina de Actores) y Mención Especial Premios Konex 2001. Su director Adhemar Bianchi (Premio Reconocimiento a la Trayectoria Teatral en el Festival Río Ceballos 1998) era empleado de la Administración Nacional de Puertos en Montevideo y la dictadura de Bordaberry lo dejó sin trabajo, por lo que decidió emigrar a la Argentina. De aquel pasado incierto y este presente venturoso charlamos con él para ver si es cierto que "veinte años no es nada."
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¿Qué pasó entre 1973, cuando te echan de la ANP y 1983, el comienzo de Catalinas Sur? ¿Estuviste pensando este proyecto?

-1973/74 fue la llegada a un lugar nuevo, buscar trabajo, traer a la familia. Pero ya en el '74, para despuntar el vicio, armamos un taller con algunos compañeros uruguayos que había y compañeros argentinos que se habían acercado, y estuvimos haciendo una especie de seminario.

Después en Pergamino (donde iba con otro uruguayo, Enrique Silva, a dar unos talleres) estuve trabajando un poquito. Fuimos haciendo cosas. Ya en 1977 me planteé dirigir, y entonces armé un espectáculo en un teatro que se llamaba "Ecos", (en la calle Rivadavia) con un elenco la mitad uruguayo y la mitad argentino, que se llamó "El postre". Fue la primera obra que hice en la Argentina.

Después de eso regresé a Montevideo. En 1979 volví al Teatro Circular, con el grupo de artesanos, la gente de Teatro Joven. Volví a dirigir un espectáculo acá en 1982 en el Payró. Fue entonces cuando decidí hacer un cambio de cómo venía trabajando, y para esto me sirvió una experiencia que en el año 1980/81 hice en Montevideo ¿Te acordás los juegos que se hacían en AEBU?. Ahí me pidieron ( con una compañera, Marianela Rodríguez, que era profesora de Educación Física, y que vino conmigo para acá), que formara la parte de teatro de uno de los grupos que se presentaba. Les di una mano en eso y conocí la experiencia, que me pareció una cosa muy interesante, porque eran cerca de 80 personas (bancarios, vecinos, viejos, jóvenes) que se unían como una forma de resistir aquella cosa dura que era el último período de la dictadura, y un poco era resistir desde la red social y la fiesta estando juntos. Me acuerdo que hicimos "El NO oriental" porque era el momento del plebiscito, y esa experiencia me marcó bastante como idea, además de lo que había sido mi formación con Pepe Struch, con Grasso, el teatro de calle que a nosotros nos interesaba y habíamos hecho con Hugo Márquez y con el Grupo 65.

Con esos elementos, cuando me proponen en el lugar donde vivían mis hijas y la escuela a donde concurrían dar clases de teatro, yo digo " no demos clases: hagamos teatro con los vecinos y en la plaza". La decisión de hacer lo de Catalinas Sur comienza en el '83 pero viene de lejos.

¿Quiere decir entonces que lo de ustedes se emparenta más con la Commedia dell'arte?

-Nosotros hemos elegido una línea de teatro popular. En ese sentido, la Commedia dell' arte o también el Siglo de Oro español, inclusive el isabelino, todos los períodos de los teatros hoy llamados clásicos que nacieron en la calle y con los cómicos de la lengua son nuestro pasado. Decimos la comedia griega, la tragedia, Lope de Vega, pero también la murga, zarzuela, opereta, son géneros que siempre han sido populares, el circo criollo, y un poco de todos ellos es de donde nosotros nos hemos alimentado, de esa mezcla entre lo popular y lo llamado "culto", porque cultura es todo.

Hoy poseen un lugar fijo, tienen instalaciones, equipos, pero en su momento utilizaron Parque Lezama, la calle. ¿Cuántas veces los llevaron presos?

-Que estemos acá adentro no significa que hayamos abandonado la calle, seguimos saliendo entre una y dos veces por mes (y a veces más) a distintos lugares: barrios, ciudades, plazas. Nos han llevado (detenidos) algunas veces, básicamente tiene que ver con aquellos vecinos que por ahí les molesta ( a veces con razón porque si llevás muchos tambores, el ruido es fuerte) y también con la intolerancia y el mal entender el derecho individual con respecto al derecho de todos de tener un espectáculo. Pero en general siempre ha sido más vergonzoso para los que nos llevaron que para nosotros, obviamente, y ya hace muchos años que ni se animan. Porque es absurdo: llevarse señoras, niños, una cosa que es una fiesta popular. Sigue habiendo vecinos que denuncian en todos lados, pero de cualquier forma nosotros cuidamos no estar en la noche molestando, en las plazas (que son lugares públicos) cuidamos los detalles porque entendemos que el vecino tiene derecho a descansar.

Desde la concepción de ustedes. hacen un teatro popular con actores no-profesionales. Hay una vieja discusión, si profesional es el que cobra o el que practica la profesión. ¿En cuál de las dos posturas estarían ustedes?

-Nosotros no estamos en eso. Nos declaramos amateurs en el sentido francés de la palabra: amadores de lo que hacemos, que no significa que no haya una profesionalización en esto.

Está la de aquella gente que se forma para multiplicar esto, y ayudar a los vecinos que quieran utilizar el teatro como una forma de comunicación con otros vecinos, con la experiencia ganada en otros grupos. Eso es un poco la parte profesional.

Para nosotros, profesional es aquel que lo elige como profesión. Puede querer ganar dinero con ello o no, eso es otro tema. Nosotros somos profesionales en cuanto a lo que podría significar la utilización del teatro como una animación cultural, no todos porque acá hay 300 personas y seremos 15 o 20 que estamos haciendo esto acá y en otros lugares multiplicando esta experiencia. En ese sentido somos profesionales, pero no como artistas sino como agentes culturales. Lo digo sin falsa modestia, el nivel que nuestro grupo y otros similares (Calandraca, etc.) han logrado no sólo no tiene nada que envidiarle a los profesionales sino que hay un 50% de profesionales que son muy inferiores en profesionalismo.

Cobro como coordinador del Centro Cultural y director del grupo en términos organizativos, pero no cobro por mis puestas en escena. De los actores, muchos son profesores y no cobran como actores sino como docentes.

¿Cómo es la organización interna de Catalinas Sur: cooperativa?

-Somos legalmente una asociación mutual. La heredamos de la cooperadora de la escuela que comenzó con esto. Después la echaron de la escuela en la época de la dictadura, y ese organismo, que es una asamblea mutual de muchos años, es el que hemos reciclado desde el punto de vista legal. De hecho somos una mezcla de lo que eran los viejos teatros independientes con una cuestión más barrial: tenemos un Consejo Directivo elegido por la asamblea integrada por activos, (la gente con más antigüedad) que es la que vota e invita a la gente que va entrando a integrarse como activos, y las comisiones de trabajo. Las decisiones se toman por asamblea, hay una comisión y una dirección artística que propone cosas y se van charlando. Muy parecido a lo que eran y son los teatros independientes acá (Argentina) y allá (Uruguay).

¿De ahí sacaron también la mística?.

-Diría en alguna medida que sí, pero no olvides que acá de teatro vinimos pocos (al principio éramos dos), el resto era gente del barrio. Ahora muchos ya con veinte años de trabajo saben tanto de teatro como cualquiera. Diría que fue la mística de una generación, de gente que hoy tiene entre cincuenta y sesenta años, que vivió en las dos orillas el período de creer que los cambios eran posibles. Perseguidores de utopías, entendiendo que la utopía es posible, hacer cosas en conjunto, resistirse a ser sólo consumidores (que es una de las cosas que la sociedad moderna ha planteado). Somos productores de hechos artísticos y también los consumimos, es nuestra forma de unión y diversión, nuestra manera (aunque la palabra esté fuera de uso) de militancia cultural. La mística siempre está: la quieren matar pero siempre está.

Néstor García Canclini, un sociólogo argentino radicado en México, dice que la cultura es el último bastión que nos queda para resistir la globalización. ¿Ustedes están en esa línea?

-Claro. La forma de resistencia de la cultura tiene además determinados problemas. Estuve en una conferencia con Canclini hace unos meses y él estaba hablando del tema del mundo editorial y discográfico. En la parte de los medios, donde se necesita el dinero, la resistencia es más dura porque ellos (multinacionales) tienen los medios (económicos) y se han apoderado de las editoriales y los puntos discográficos. Entonces diría que, dentro de esa línea, el tema de la cultura popular, participativa y hecha por la gente, es bastante importante como resistencia. Por eso, un grupo de teatro de vecinos que quiera comunicarse a través del teatro necesita una plaza y ponerse a hacerlo. Si no tiene luces, lo hace de día; no necesita técnica, no necesita dinero para esto. Y el dinero que pudiera necesitar lo puede ganar con la gorra o con la choriceada, mientras que muchas de las industrias culturales están cayendo en manos de las entidades globalizadoras porque se necesita una inversión y ellos tienen el dinero.

Dentro de lo que es la técnica del teatro, una persona que no conoce la memoria emotiva por ejemplo, ¿requiere un aprendizaje previo?

-Tengo la formación de la Escuela Municipal de Arte Dramático y el Teatro Circular. Como sabés, las formaciones uruguayas son bien tradicionales, con una estructura intelectual importante. Me di cuenta de que todo lo que aprendí me sirvió, pero no le pongo nombre. No le voy a hablar a la gente de la memoria emotiva ni de las acciones físicas; puedo dar una charla o un ejemplo, pero no se trata de la formación que sí debe tener el mundo profesional (que a veces no la tiene), sino de utilizar las herramientas que te da la técnica para transmitirlas lo más claramente posible. La idea es que toda persona que no tiene todo el tiempo para dedicarle a eso sino que lo hace en su tiempo libre, pueda apoderarse en poco tiempo de ellas.

Obviamente hay un entrenamiento, pero éste es más que nada despojarse de cosas y jugar, que es lo mismo que hacen los actores. Lo que pasa es que el mundo profesional y las escuelas necesitan ponerle más nombres a las cosas. Nosotros conocemos los nombres, pero no se los ponemos.

En 2001 ustedes hicieron una gira europea. ¿Qué experiencia recogieron de ella?.

-Lamentablemente, los europeos te invitan pero están acostumbrados a que los países de origen pagan los pasajes; la realidad es que no se pudo concretar toda la gira y solamente hicimos Barcelona, porque el Festival del Grec envió a su representante y al Secretario de Cultura de Barcelona, quienes hablaron con los Secretarios de Cultura de la Municipalidad y la Nación y además pusieron la tercera parte de los pasajes.

Con una gran presión de ellos y con muy buena voluntad de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad (Jorge Telerman era el secretario) pudimos tener los pasajes, menos un 10% que lo bancó el grupo.

Allá fue una experiencia muy interesante. Nosotros pensamos que "El fulgor argentino" iba a interesar básicamente a los inmigrantes argentinos, pero nunca llegaron a ser más de un 10 o 15% de la platea. Se agotaron todas las funciones; si nos hubiéramos quedado veinte días más, también se agotaban. Fue una fiesta, la gente terminaba bailando en la calle. Hicimos una avant premiére, como una especie de sinopsis en la rambla frente a la Secretaría de Cultura local. Lo hicimos con la gente de Les Comediants ( un grupo catalán señero en la historia del teatro) y fue muy interesante.

Ahora estamos invitados (obviamente han cambiado las cosas) a una gira italiana que empezaría en Génova en 2004. Veremos si es posible; suponemos que va a ser muy difícil conseguir apoyos nacionales, y estamos jugándonos a que de allá se pueda armar un fixture cultural (nosotros no pretendemos ganar dinero pero no tenemos para ponerlo) o sea que si un agente uruguayo que está allá (Aldo Grompone) puede armar una ingeniería que permita que un grupo grande vaya, haga funciones y no gaste dinero aunque no gane, quizá podamos hacerlo.

¿Cómo hacen los contactos para las presentaciones en otros lugares: los invitan, ustedes ofrecen el espectáculo?

-En general nos invitan organizaciones. Nosotros creemos que no se puede ser paracaidista, que uno no puede caer como patota cultural "vamos a hacer tal cosa donde uno quiera". De cualquier manera sí, (y hace dos años estamos ya estructurando todo un proyecto con eso) hemos decidido junto con un grupo hermano, Los Calandracas, preconizar que esto del teatro como forma de comunicación es bueno para todos los barrios. Entonces, a veces tomamos contacto con grupos a los que les interesa porque vienen a ver nuestros espectáculos, porque leen reportajes o nos escuchan por algún medio, y nos llaman. Vamos, charlamos y los ayudamos a armar un grupo. Muchas veces se hace a partir de que vamos con el elenco y cuando termina el espectáculo le decimos: "esto es producto de vecinos, de gente igual que ustedes. Si quieren, pueden. Quédense a charlar y les contamos cómo hicimos nosotros" y los ayudamos a que hagan su experiencia. Tampoco creemos que haya que hacer un colonialismo. Nosotros enseñamos y la gente aprende, pero no nos ponemos en sabelotodos porque no sirve.

Ya sé que sos enemigo de las etiquetas pero, ¿se ubicarían dentro de lo que es el under?

-No. La palabra under o la palabra off o todo eso que se usa tiene que ver con plantearse un teatro profesional (o que intenta serlo) distinto y tratando por lo general de cambiar formas.

Nosotros nos proponemos ayudar a la gente a recuperar cosas que tenía y que hay que replantear, utilizando las formas existentes como la zarzuela o la murga. Si nos quieren catalogar como under o como off en función de que no somos el teatro oficial o el profesional del centro, nos cabría el nombre. Pero somos teatro comunitario, de la comunidad para la comunidad. Si querés una etiqueta, ésa es la nuestra.

Jorge Aníbal Cela


ADHEMAR BIANCHI

Nacido en Montevideo, Uruguay, en 1945
Formado en la Escuela Municipal de Arte Dramático Margarita Xirgu y en el Teatro Circular de Montevideo donde fue actor, docente y director.

Radicado en Bs. As. Desde 1973 fundador y director del Grupo de Teatro Catalinas Sur (Benito Pérez Galdós 93) coordina y dirige grupos y talleres de teatro comunitario en diferentes puntos del país. Su trabajo se centra en el Teatro de la comunidad para la comunidad y el teatro popular como forma de organización comunitaria.

TEATRO CATALINAS SUR

A partir del 16 de abril, todos los viernes ($7) y sábados ($9) a las 22 hs. el Grupo de teatro Catalinas Sur presenta "Venimos de muy lejos". Con la Dirección de Stella Giaquinto, Adhemar Bianchi.El espectáculo es de 1990 y va por su 15º temporada consecutiva. Narra una historia de inmigrantes de La Boca y hay alrededor de setenta actores en escena, música, canciones, grandes muñecos. El espectáculo está realizados desde el afecto hacia nuestros pasados inmigrantes. Es un homenaje a quienes nos precedieron, a la esperanza con la que llegaron a este país, sus sufrimientos y añoranzas de la tierra que tuvieron que dejar, la solidaridad y esfuerzos cotidianos en el patio del conventillo, la alegría de sus fiestas y canciones, su amor y lucha por vivir.

El galpón de Catalinas está ubicado en Av. Pérez Galdós 93, en La Boca. Tel. 4300-5707 El horario de atención es de martes a sábados de 17 a 21 hs.

 

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