CUATRO
AÑOS DEL TEATRO LA MASCARA

Norberto
Gonzalo, director del Teatro, en la obra "Blancos Oficios"
En
San Telmo y sus alrededores Nº 68
Junio
2004
Desde
hace cuatro años el auditorio del SUTEBA (Sindicato Unificado
de Trabajadores de la Educación de la Provincia de Buenos Aires),
ubicado en Piedras 736, es una sala teatral abierta a la comunidad.
Pequeña y acogedora, bajo la dirección de Norberto Gonzalo
en su corta pero prolífica existencia La Máscara
se ha transformado en un baluarte del teatro independiente. Más
de 25 obras han pasado por su escenario, y hoy por hoy tienen programación
casi todos los días de la semana, el sueño de cualquier
productor.
¿Cómo
surgió la idea de La Máscara?
-Es una vieja idea personal que supongo que muchos compañeros
han tenido y en este caso tuve la oportunidad de concretarla. A partir
de una relación muy cercana con ellos desde la Carpa Blanca y
la militancia en la CTA (Central de Trabajadores Argentinos) empezamos
a proyectar cosas juntos. Me invitaron a conocer su auditorio y me propusieron
tomar esta sala, que se construyó pensando que alguna vez podría
llegar a ser un teatro, para devolverle como ellos dicen a la comunidad
un pedazo de cultura. Me maravilló conocer este espacio que realmente
es muy bello. La tomé y la transformé en un teatro con
lo poco que en realidad faltaba transformar, porque la mayoría
de las cosas estaban; sólo había que abrirlo al público,
ponerle un nombre, convertirlo en un teatro independiente.
A
partir de ahí empezamos a barajar posibilidades. En cuanto al
bautismo de la sala, retomé la vieja idea original de homenajear
a toda la movida del teatro independiente, que fue formador de los grandes
actores de este país. Me gustó poner en el logo que el
teatro tiene (fueron algo más que palabras) tres conceptos que
considero importantes y resumen el objetivo real y espiritual que fue
abrir La Máscara: porque el nombre encierra un legado emblemático,
el teatro independiente; porque quisimos que el homenaje tenga forma
de teatro; porque queremos seguir luchando. Son los tres ejes con los
cuales estamos a punto de cumplir cuatro años, con arriba de
veinticinco títulos estrenados (la gran mayoría de autores
nacionales) y la mayoría de elencos de compañeros que
trabajan a pulmón, en su totalidad provenientes del teatro independiente.
Luchamos juntos para seguir sosteniendo este proyecto.
¿Cuáles
fueron los títulos de mayor repercusión de público?
-Son muchos los espectáculos que recuerdo. Por supuesto que no
puedo dejar de subrayar aquel con el que inauguramos la sala: el Mateo
de Armando Discépolo en versión de radioteatro (dirigió
Jorge Pacini) con Onofre Lovero en el rol protagónico y un elenco
importante integrado entre otros por Antonio Grimau, Flora Bloise, Emilio
Comte ,quién te habla, y muchos compañeros que provenían
de aquel ciclo Radioteatro para ver que se había
realizado en la Biblioteca Nacional (también dirigido por Pacini)
donde se hicieron muchos títulos del teatro nacional en versión
radioteatral. Nosotros lo hicimos aquí durante casi cinco meses,
anduvo muy bien. Rescatamos no sólo la inauguración de
la sala sino un género que la gente, el barrio, la comunidad,
lo revivió con mucho entusiasmo, desde el personaje principal
hasta el operador de sonido que trabaja en vivo frente al público.
Fue el primer evento y el que más nos marcó.
En
versión unipersonal la obra de uno de nuestros cuatro padrinos
Pepe Soriano El loro calabrés, viejo y hermoso fresco
con el que él ha recorrido el país y parte del mundo.
Fuimos sede de los primeros Teatro por la identidad (2001
y 2002) donde participaron muchos autores y actores jóvenes,
ciclo que entre otras cosas ayudó a hijos de desaparecidos a
encontrar a las Abuelas de Plaza de Mayo, quienes han rescatado más
de 70 chicos apropiados por secuestradores durante la dictadura militar.
También
nació aquí la posibilidad de concreción de un unipersonal
mío llamado Blancos oficios que condensa toda la
expectativa de muchos años. Tenía y sigo teniendo ganas
de hacer teatro para los trabajadores, y el espectáculo narra
seis historias de personajes que tienen que ver con el laburo, desde
el maestro de escuela primaria hasta Pepino el 88, fundador del teatro
rioplatense.
¿Cómo
ha sido la inserción en el barrio?
-Estamos formando parte de un circuito cultural como es San Telmo y
ahora formamos parte del circuito del casco histórico. Hay una
movida generalizada en materia cultural, un intercambio con los vecinos
y una convocatoria en ascenso. Estamos creciendo hacia la comunidad
primero y hacia el público en general también.
¿Qué
proyectos tienen a corto plazo?
-Pensamos hacer cada vez más teatro. En agosto se cumplirá
el cuarto aniversario. Estamos cumpliendo con algo que nos hemos propuesto.
El años pasado teníamos programación viernes y
sábado y alguna vez los domingos, en este momento tenemos de
jueves a domingo con cinco espectáculos diferentes (ver en contratapa)
y estamos pensando en programar los lunes de agosto un ciclo de unipersonales,
con lo que estaríamos cubriendo seis días de la semana.
Vamos a estar pisando el cumpleaños con el teatro
lleno de actores.
¿Cómo
va la escuela de teatro?
-Otro de los proyectos iniciales fue caminar hacia una escuela popular.
Me gusta recalcar esta definición, porque con todo respeto para
los maestros de teatro y los que forman actores, nosotros creemos que
es responsabilidad nuestra que el teatro deje de ser algo suntuario:
el teatro debe estar casi obligatoriamente al alcance de cualquier persona.
Esto no intenta ser demagógico, es una convicción. De
modo que abrimos una escuela muy accesible económicamente para
que todo el mundo tenga la posibilidad de inscribirse; estamos trabajando
con dos grupos, uno para principiantes que dicto yo y otro Julián
Howard (para actores un poco más avanzados), con la intención
de abrir un curso más el próximo año con distintas
disciplinas como canto, improvisación, etc., para crecer cualitativa
y cuantitativamente.
Sobre
todo para los actores jóvenes suele ser difícil conseguir
un lugar donde poder expresarse.¿Cómo se puede acercar
la gente a La Máscara?
-Es muy fácil, como a cualquier sala independiente. Con un proyecto
gestado o a gestarse, material (si lo hay) y conversar acerca de posibilidades
de fechas y horarios. Actualmente si vinieran nuevos proyectos tendríamos
que ver como ubicarlos y además la sala tiene una limitada capacidad
de almacenamiento de elementos de escenografía y demás,
porque en estos momentos no tenemos una gran trastienda detrás
del escenario.
La
única exigencia es ver si el proyecto tiene que ver con el perfil
de la sala: no traicionar tanto nuestra línea ideológica
como estética. Fuera de eso, todo lo demás es discutible,
mejorable. Podemos estar equivocados nosotros también. Cuando
inauguramos la sala en agosto del 2000 dije esa noche que la sala estaba
abierta a todos los proyectos teatrales, sean del barrio o de otro lado.
Jorge
Aníbal Cela