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FINES
DEL SIGLO XIX
FRAY
MOCHO VIVIO EN SAN TELMO
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En
San Telmo y sus alrededores Nº 35
Existen escritores
que escriben con el cuore, con el rioba a cuestas y con un estilo
mordaz que atrapa y seduce. Fray Mocho es uno de ellos porque supo
patear la calle y comunicarse a través de ese idioma del pueblo que
es el lunfardo. Y si a ello se le agrega un escenario propicio para
la máquina de mirar, la fórmula es perfecta. Así, San Telmo fue una
caja de sorpresas para Fray Mocho que vivió gran parte de su vida
en Bolívar 705, una casa que aún hoy permanece intacta.
Un
lugar exquisito que, a fines del 1800, era perfecto para dejar volar
la imaginación del escritor. Era el barrio de las casa chorizo, los
patios con aljibe, corralones de carros y caballos, las vías de los
tranvías, las largas caminatas por los comercios de antaño, la carbonería,
el cine Bolívar, los almacenes y el café. Ese lugar tan agradable para
el bohemio que se siente comprendido por sus pares y amigos.
Fray Mocho
tomó ese gran tablado para ser uno más y para cargar de colores
su paleta de escritor.
En la ciudad
de Gulaleguaychú nació un 26 de Agosto de 1858 José Severino Alvarez,
un nombre que fue opacado por un simpático seudónimo de la niñez
que más tarde se consagraba como reconocido escritor: Fray Mocho.
Así firmaba sus elocuentes pinceladas literarias que marcaron
una época.
Al
poco tiempo de cumplir 20 años arribó a una Buenos Aires que buscaba
modernizarse, quería ser la reina y progresar como ciudad nueva,
por supuesto, siempre mirando al viejo continente. Las transformaciones
comenzaron a fines del siglo XIX a tal punto que la década del 80
es tomada como inicio del sueño. Se produjo el desarrollo urbano
junto con la consolidación de una clase y un aumento en alfabetización.
Además, por aquel entonces surgían las primeras industrias y la
mano de obra barata descendía de los barcos europeos.
El periodismo
no fue indiferente a los cambios que se realizaban en todos los
ámbitos de la ciudad. Fueron los años que terminaron con el periodismo
faccioso de los Mitre o Roca para dar paso al periodista profesional,
que intentaba ser independiente, vivir del trabajo intelectual
y lograr un prestigio social.
La revista
Caras y Caretas sintetizó el espíritu de la época. Fray Mocho
que venía de varias experiencias por los diarios regionales y
capitalinos, pasó a formar parte de la dirección de una de las
revistas más populares de todos los tiempos. Los directores lograron
una revolución en los magazines argentinos a partir de un armado
diferente en la disposición de las publicidades, la utilización
de caricaturas para interpelar al lector, la excelente impresión
y las deliciosas viñetas costumbristas que creaba Fray Mocho en
una escritura lunfarda, matrera y picaresca, que lograron un importante
impacto en la sociedad y le otorgó a la revista una identidad
propia.
En esas
memorables viñetas costumbristas, como también en sus cuentos
y poemas, Fray Mocho deja entrever una complicidad con ese barrio
que lo estimulaba a colorear y aunque casi no lo mencionaba, las
huellas de los graciosos y pintorescos personajes que recorrían
las calles de San Telmo, fueron retratados por un hombre que sabía
observar y divertirse con las extravagancia de sus vecinos.
Fue el
añejo barrio porteño quien albergó a uno de los grandes escritores,
periodista e innovador, y los dos se agradecieron mutuamente sus
ofrendas. Sin olvidar esas agarradas y discusiones que mantenían
como toda pareja.
Su cuento
Me mudo al norte es un ejemplo del famoso dicho "porque
te quiero te aporreo", porque lejos de ser un insulto se
evidencia en él un cariño al barrio que mantuvo implícito.
Patricio Escobar
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