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TUNELES
MISTERIOSOS DE BUENOS AIRES
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En
San Telmo y sus alrededores Nº 23
Hace
alrededor de 150 años, aparecieron las primeras noticias sobre túneles
secretos. En Av. Belgrano 97, el pasadizo de la casa del Unitario Stegman
fue denunciado como un lugar desde donde se buscaría armar un complot
contra Rosas. A partir de allí surgió una extensa mitología y un sinnúmero
de leyendas, fábulas, páginas literarias, narraciones, hipótesis y las
más diversas historias y aventuras que enriquecieron la literatura de
los porteños. En la misteriosa Buenos Aires, diversas redes subterráneas
ocultarían sombríos planes. Más allá del potencial imaginario, lo cierto
es que a lo largo del siglo se realizaron investigaciones para saber
cuáles fueron los orígenes de los túneles. De dudas a evidencias, una
vuelta de página.
Túneles
en la Manzana de las Luces
El pequeño
sector en donde se encuentran los túneles ubicados sobre la calle
Perú en la Manzana de las Luces, recién se descubrió cubierto
de tierra en 1980. Quién, cómo y cuándo los tapó es una incógnita.
Al analizar las paredes, se pudo establecer que su antigüedad
se remite a fines de 1600 o principios de 1700.
El misterio
de los túneles reside en que es muy difícil investigar sobre sus
circuitos, porque los subterráneos, los cimientos, las cañerías
de agua, de gas o las vibraciones de los automóviles fueron un
obstáculo insalvable para poder establecer cuáles fueron sus conexiones.
En las
visitas guiadas de la Manzana de las Luces suponen que fueron
hechos por los jesuitas (en otros lugares que estuvieron como
Córdoba, Santiago del Estero, o Mendoza, también se encontraron
construcciones bajo tierra), para poder establecer una red con
los edificios más importantes. Esta es la única articulación existente
y abarca de la Manzana de las Luces a unas pocos sitios cercanos.
Incluso tiene intervenciones ya que hubo otras construcciones
subterráneas posteriores. El objetivo sería unir los edificios
de dicha orden y quizás algunos otros construidos por arquitectos
jesuitas. Este proyecto nunca fue concluido por la expulsión de
los jesuitas en 1767.
Uno de
los túneles iría hacia Alsina y Piedras, lugar en el que se encuentra
la iglesia San Juan Bautista. Otro tomaría rumbo hacia Belgrano
y Perú, en donde estaba en 1760 la casa de la familia del Virrey.
Otro se reuniría con el del Nacional Buenos Aires o seguiría hasta
unir el Cabildo y la Catedral yendo hacía el río. De allí habría
dos ramificaciones, una hacia la iglesia de la Merced y otra hacia
el Fuerte (actual Casa Rosada).
Los otros
análisis sobre porqué se hicieron son variados y ocurrentes y
las hipótesis más comentadas son las siguientes:
Contrabando;
defensa o escape de piratas e indios; cárceles o sitios de tortura;
depósitos de armas durante la época de Rosas; encierro y tráfico
de negros y esclavos.
La suposición
que apunta a que pudieron haberse creado para el comercio ilegal
aprovechando la cercanía de la Casa Rosada con el puerto parece
razonable. Sin embargo, todos sabían de la existencia del tráfico
ilegal más allá de los túneles y parece muy difícil poder tramar
nexos secretos cuando los mismos requerían gran cantidad de personas
trabajando. Por otra parte, la ciudad en el siglo XVIII era muy
pequeña, -no superaba las 20 cuadras de extensión- y la población
era escasa.
La presunción
de que fueron pensados como defensa frente a una eventual invasión
a la ciudad, no parece muy sólida porque por sus exiguas dimensiones
esconderse allí sería más bien un callejón sin salida.
Hipótesis,
inventos y recientes investigaciones
Una incógnita
y un mito en la historia de San Telmo, fue saber si en la ex Residencia
de Hombres de Humberto 1º, -lugar en donde se encuentra la iglesia
de San Pedro González Telmo, que comenzó a construirse en 1734
por los jesuitas-, no habría túneles de conexión con la red subyacente
de los misioneros. En 1991 se realizaron excavaciones y se desentrañó
el misterio de la pared hueca de la capilla. Se halló un pozo
de basura y un gran aljibe construido en la primera mitad del
siglo XVIII por los jesuitas. Los túneles de Defensa 751 penetrados
en 1986 y 1987, habían sido dos pozos ciegos, una letrina, dos
aljibes construidos con cisternas y un pozo de balde.
En Perú
680, donde funcionó la
imprenta
Coni también se realizaron exploraciones
en 1989 y 1990. Por allí pasaba el arroyo Tercero del Sur, que
partía de Constitución y a esa altura iba por Chile para después
desembocar su caudal en el Río de la Plata. Durante el siglo pasado
se realizaron entubamientos de arroyos, para canalizar agua de
lluvia evitando crecidas e inundaciones y después se instaló la
red de aguas sanitarias.
Cuando
se construyó esta imprenta se hicieron tres grandes cisternas
que son las más grandes de la ciudad. Estas permitían alimentar
la máquina de vapor con el agua del arroyo. Otro lugar en el que
se encontraron fosos subterráneos, fue en el Parque Lezama. Las
perforaciones que se realizaron en 1991 por el equipo de Arqueología
Histórica de Buenos Aires, dieron cuenta de la existencia de aljibes.
El Censo
de 1887 indica que en la ciudad habían 20787 casas con pozos,
9019 con aljibes, 8817 con agua potable y 2539 que no tenían agua.
El 22 % de las viviendas, comercios e industrias tenían sótanos
y diversas obras subterráneas utilizadas como hoyos ciegos, de
balde o de decantación, huecos para basura, instalaciones sanitarias,
aljibes, cisternas, heladoras, conductores eléctricos y otras
aplicaciones. En 1894 por razones higiénicas fue prohibido el
uso de pozos en la Capital.
Lo cierto
es que no se puede afirmar con certeza, que en ningún caso los
túneles hayan servido para algunas de las hipótesis mencionadas
anteriormente. Sin embargo, la gigantesca trama secreta de sus
articulaciones poco tiene que ver con la realidad que, muchas
veces, es superada por la ficción. Después de todo se puede rescatar
que las ideas ingeniosas que se crearon por su existencia, contribuyeron
a potenciar la capacidad creadora, los cuentos, épicas y epopeyas
gestados en torno a la Ciudad de Buenos Aires.
La
información de esta nota se basa en la visita guiada que organiza
la Manzana de las Luces y en el libro Túneles y Construcciones
Subterráneas, edición Corregidor 1992, de Daniel Schavelzon,
director del Centro de Arqueología Urbana.
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