"El
otro día un amigo bien intencionado pero muy ingenuo me decía ¡flaco,
dejate de joder. Saliste del pozo y volvés a meterte otra vez, desengachate
de ese tema!. Le dije: vos estás muy equivocado, yendo ahí lo que
estoy haciendo no es solo salir sino sacar a mis compañeros, porque
a través de la memoria reviven no solo los sobrevivientes sino también
la sociedad", cuenta Mario Villani, 62 años, físico del Instituto
Nacional de Tecnología Industrial y detenido desaparecido durante
cinco años. Estuvo en el Club Atlético entre el 18 de noviembre y
el 28 de diciembre de 1977.
Después
de años de movilización de los organismos de derechos humanos, el
13 de abril de 2002 comenzaron a realizarse excavaciones en donde
funcionó el centro clandestino de detención Club Atlético, tendientes
a reconstruir huellas de la historia reciente que los militares intentaron
tapar con la construcción de la autopista. La iniciativa oficial surgió
del secretario de Obras Públicas Abel Fatala y la Dirección de Derechos
Humanos del Gobierno de la Ciudad.
El
proyecto de la Dirección de Derechos Humanos del Gobierno de la Ciudad,
es que se declare zona histórica a todos los lugares donde funcionaron
los campos de concentración, así no pueden ser destruidos y sirven
para la reflexión y la memoria colectiva. El año pasado se inauguró
el Parque de la Memoria y este año se realizaron excavaciones en la
Mansión Seré.
Entre
el 12 de febrero y el 28 de diciembre de 1977 funcionó el Club Atlético.
Por Av. Paseo Colón llegaban los detenidos vendados, a quienes los
hacían entrar a un predio en el que como fachada se encontraba el
portón de un garage de autos. Los bajaban por un montacarga al sótanoo
y allí los torturaban. Los gritos eran tapados hacia al exterior por
música a todo volumen y grabaciones de discursos de Hitler. En el
Centro había 41 celdas y distintas salas de torturas. Cuando las víctimas
estaban a punto de morir de dolor, se acercaban médicos que evitaban
su muerte para que continuara el martirio. Al cerrarse el lugar sus
prisioneros fueron trasladados a "El Banco", otro centro clandestino
que estaba ubicado en la autopista Richeri y Camino de Cintura. Los
represores obligaron a los propios prisioneros a desmantelar y a trasladar
el lugar. La autopista construyó las columnas adentro del sótano,
el edificio se demolió y las vigas fueron cortadas.
Según
el informe de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (CONADEP),
por el Atlético pasaron alrededor de 1500 detenidos, aunque estimaciones
más recientes de los organismos de derechos humanos calculan que éstos
fueron alrededor de 1800. Se pudo comprobar la existencia de al menos
75 sobrevivientes, pero ex detenidos desaparecidos del Atlético que
durante años investigaron la historia de lugar, como el antropólogo
Miguel Angel Dagostino, consideran que esa cifra se podría triplicar
porque en muchos casos se perdieron rastros y faltan datos.
Ana
María Careaga, quien tenía 16 años y estaba embarazada cuando el 17
de junio de 1977, fue detenida en Juan B. Justo y Corrientes y trasladada
al Atlético. Ella recuerda: "La Argentina durante la dictadura fue
un país sembrado de campos de concentración. Buscaban la despersonalización
(a los detenidos los llamaban por una letra y un número) y el aislamiento
total absoluto. El método por excelencia era el interrogatorio y la
tortura. Estando en esas circunstancias lo único que querés es morirte,
porque no te podés defender ni hacer nada. Ellos lo saben, fijate
el grado de sofisticación y avance que tenían, que te decían sin que
vos les diga nada ´nosotros sabemos que te querés morir, pero no te
vamos a dejar para seguir torturándote.´ Te decían que tenían todo
el tiempo del mundo porque nadie sabía donde estabas." Su secuestro
duró hasta el 30 de septiembre.
Carmen
Lapacó, 75 años y desde l977 Madre de Plaza de Mayo, nos cuenta: "Secuestraron
a mi hija que tenía 19 años, al novio, a mi sobrino y a mí. Nos robaron
todo. Estábamos vendados, encadenados con argollas. Después dejaron
en libertad a mi sobrino y a mí, pero mi hija y su novio son desaparecidos.
Cuando estaba detenida ví los zapatos de mi hija porque la venda no
me impedía ver del todo, la toqué y se asustó. Le dije ´no te
asustes soy tu mamá.´ Nos abrazamos y nos besamos y me dijo ´mamita
no resisto más la picana, creo que me voy a morir". Nos separaron
y fue la última vez que la ví. El Atlético era un lugar de paso, después
trasladaban a los detenidos a otro campo." Luego agrega: "Esta
es la primera vez en América Latina que se excava un campo de concentración.
Cuando empezaron a aparecer las cosas el primer día nos emocionamos
todos, nos abrazábamos y llorábamos. Fue muy importante para nosotros
que los vecinos se acercaran. Volver a encontrar el lugar donde estuve
con mi hija me ha provocado muchísimas emociones."
Marcelo
Weissel, 35 años, antropólogo especializado en arqueología, dirige
el equipo encargado de la excavación. Se guía por los planos y comenta:
"Esta es una construcción de 1903 que tuvo diferentes usos. Se
encontraron ladrillos de cuando funcionó la Compañía General de Fósforos,
una multinacional de la época. Después el edificio fue utilizado como
depósito de la policía. Entre otras cosas han encontrado una cachiporra,
zapatos y gorras de policías, algunas inscripciones de los detenidos
en las paredes, el espacio en donde estaba el montacargas y marcas
en las paredes de las divisorias de las celdas."
Los arqueólogos buscan hallar la escalera y los baños. Ana Careaga,
quien actualmente se desempeña en la Secretaría de Derechos Humanos
de la Unión de Trabajadores de Prensa cuenta su impresión: "Cuando
comenzaron las excavaciones y vinimos acá, ninguno de nosotros tomó
conciencia de la dimensión de esto. Ese día nadie pensó que era como
levantar una tapa y encontrarse con eso tan intacto. El grado de impunidad
era tal, que plantaron la columna que sostiene a la autopista dentro
de un cuartito de un campo de concentración. Cuando cuento mi testimonio
siento que no hay palabras para la muerte. Tengo a mi mamá y a mi
cuñado desaparecidos. La desaparición no tiene figuras, no podés hacer
el duelo, no tiene respuestas, no tiene palabras, nunca terminás de
elaborarlo. Uno, al tener un familiar desaparecido, tantas veces se
pregunta ¿dónde estará? ¿qué le estarán haciendo? ¿cómo estará? ¿qué
habrá pensado? ¿cuándo se lo llevaron? ¿qué le hicieron? Son preguntas
que nunca te podés contestar. Es tremendo cuando veo a los familiares
que miran para abajo y dicen acá estuvo mi hijo o mi padre. Esto es
parte de la memoria y de la lucha por la justicia. Con la verdad sola
no alcanza, tiene que haber fin de la impunidad. Es una deuda pendiente
del conjunto de la sociedad argentina."
Eduardo
Scirica
Quienes
quieran aportar datos que consideren útiles para la reconstrucción
de la historia del Atlético, se pueden comunicar con la Dirección
de Derechos Humanos 4343-4851 de 9 a 20.
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ENCUENTRO
POR LA MEMORIA
Encuentro
por la Memoria es un grupo que se
propuso devolver a los desaparecidos a su barrio, humanizando
su historia y recordándolos en su vida cotidiana. Sus integrantes
se reúnen en Piedras 730, sede del Servicio de Paz y Justicia.
Alrededor
del día 24 de cada mes, encienden la silueta ubicada en donde
funcionó el centro clandestino de detención Club Atlético. Cuando
al comienzo denunciaron a los represores y comenzaron a recordar
a los desaparecidos, les rompieron placas recordativas. Finalmente
los destructores se cansaron y el lugar de Cochabamba y Paseo
Colón donde funcionó el Atlético, quedó como uno de los símbolos
de la memoria del barrio.
Entre
otras actividades, Encuentro por la Memoria convocó a marchas
de antorchas en recuerdo de cada desaparecido del barrio, al
mismo tiempo que repudió a los torturadores "el turco" Julián
y "Colores" del Cerro y denunció la impunidad de los genocidas.
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