En
San Telmo y sus alrededores Nº 17
Noviembre
1998
La
Casa Mínima se encuentra en el Pasaje San Lorenzo, en el barrio de
San Telmo. Lleva escrita en sus paredes una peculiar historia de negros
esclavos y sus vivencias en el Río de la Plata.
Esta
vivienda, ubicada en el 380 del Pasaje, es la más angosta que conserva
la ciudad de Buenos Aires, su frente no alcanza los 2,50 metros de
ancho. Tiene una fachada exterior lisa, con una pequeña entrada y
una puerta pintada de verde atravesada por una cerradura de hierro.
En la planta superior asoma un balconcito con barrotes verticales
de hierro, desde donde se esconde una ventana de dos hojas simétricas
y dos cortinas iguales pliegue a pliegue. Por sobre la cornisa aparecen
algunas plantas que dejan ver a los cimientos a través de los viejos
y descascarados materiales.
Al
igual que en el resto del mundo occidental, en la Argentina del siglo
XVII el tráfico de esclavos negros fue un próspero negocio que ejercían
las familias ricas para utilizarlos como mano de obra barata en el
campo apreciados por sus aptitudes físicas, o simplemente se los empleaba,
en el caso de las mujeres, para realizar tareas domésticas en las
casas.
El
25 de Mayo de 1812, el Triunvirato decretó la prohibición del comercio
de esclavos dentro del territorio de las Provincias Unidas. Un año
mas tarde se declaró la «libertad de vientres» por lo que los hijos
de esclavas nacidos después de dicha fecha fueron hombres libres.
La
población negra que formó parte de Buenos Aires no fue escasa. Cuando
se realizó el censo de 1778, la ciudad tenía 15.800 españoles blancos,
1.288 mestizos e indios y 7.268 mulatos y negros. En 1810 las cifras
ascendían a 10.000 y en 1836, sobre un total de 62.300 habitantes,
15.000 eran negros y mulatos. A mediados del siglo pasado, sobre un
total de 800.000 habitantes, los mulatos alcanzaban a 110.000 y los
negros 20.000. Las pestes, las sucesivas guerras y las epidemias diezmaron
a los descendientes de africanos.
La
transformación del estatuto de los esclavos, que pasaron a ser "libertos»,
condujo a la separación entre estos y sus amos generando la necesidad
para los negros de procurarse una vivienda. Es aquí, donde comienza
la historia de la Casa Mínima. Según la leyenda popular, esta vivienda
perteneció a un esclavo a quien le fueron devueltos sus derechos con
la abolición de la esclavitud, pero al ser solamente un «liberto»
le correspondió una parcela pequeña.
Pero
el arquitecto José María Peña, director del Museo de la Ciudad, tiene
una versión diferente. Dice que entre los años 1860 y 1872, Pedro
Beare, levantó un Plano Catastro de la Ciudad, el cual no sólo ilustra
sobre el nombre de los propietarios de los distintos terrenos, sino
que también muestra la dimensión de los solares y las construcciones
levantadas en ellos. En la parte correspondiente a la cortada de San
Lorenzo, aparece la señora Magdalena Buthner, como propietaria de
la parcela señalada en el plano con el nº 111, con una extensión de
16 metros de frente por 17 de fondo. Es en este terreno donde actualmente
se halla la Casa Mínima. A partir de estos datos, Peña tiende a pensar
que el problema del esclavo «liberto» se resolvió con la concesión
por parte de los propietarios de una parcela reducida de sus terrenos
a su antiguo sirviente. Según esta interpretación, la Casa Mínima
nunca habría sido independiente, sino sería parte de una propiedad
mayor.
Según
la revista Buenos Aires nos cuenta, «en general estas casas
de reducidas proporciones eran para los esclavos "libertos"
a quienes sus antiguos dueños les asignaban, dentro de su propiedad,
un espacio reducido para que levantaran sus viviendas de hombres libres».
Pero, cuando los «libertos» fallecían, la propiedad volvía a sus dueños
originales.
Como
quiera que haya sido, la Casa Mínima es un recordatorio arquitectónico
de un pasado en que la negritud formó parte de la realidad porteña.
El 13 de diciembre, a partir de las 17 hs., recordando las raíces
afroamericanas del barrio, habrá un desfile de candombe que irá desde
la Casa mínima hasta el Cabildo.
Matías
Odriozola