Balcarce y Humberto Iº

LA HISTORIA DEL PATRONATO DE LA INFANCIA EN SAN TELMO

 

En San Telmo y sus alrededores Nº 33

Noviembre 2000

En 1892 comenzó a funcionar el ex Patronato de la Infancia. Ubicado en Balcarce y Humberto I, además de cumplir con su papel asistencial, realizó con eficacia sus objetivos fundamentales: prevenir la mortalidad infantil, formar niños sanos, capacitarlos para que trabajen en algún oficio útil y educar a la infancia abandonada para integrarla al conjunto de la nación.

En las últimas dos décadas del siglo pasado las asociaciones de beneficiencia formadas por distintos grupos de la elite dirigente argentina, alertadas por el incremento de los sectores pobres, los vagabundos y la delincuencia juveni, fundaron asilos y orfanatos. Las autoridades municipales también se preocuparon por la presencia de niños abandonados en la calle, marginados y sin disciplina laboral ni escolar.

Así apoyaron la creación de varias instituciones filantrópicas destinadas a solucionar los problemas de los niños vagabundos, el desamparo infantil y las enfermedades sociales. Sus objetivos eran realizar con los chicos una labor asistencial, ligarlos al aparato productivo y transmitirles un sistema de valores; cumpliendo así funciones de control social y disciplinamiento laboral y moral.

Las acciones caritativas que emprendieron estas instituciones se vieron reflejadas en el Patronato de la Infancia. En su origen tuvieron gran influencia los médicos higienistas quienes planificaron la creación de diversos establecimientos dependientes de esta Institución. En la creación del Patronato, su primer Director Dr. Emilio Coni, desarrolló un papel clave. En el discurso inicial Coni señaló que la finalidad de la Asociación era la protección de "los niños recién nacidos, las inspección de nodrizas, los niños de conventillos, enfermos, incurables, ocupados en la industria, moralmente abandonados, extraviados, maltratados, mendigos, etc."

El Director por otro lado divulgó la "Revista de Higiene Infantil", como órgano del Patronato e instrumento de difusión, que se propuso hacer campañas de prevención de enfermedades.

No obstante la ayuda que la institución siempre recibió de la Intendencia Municipal (donaciones de edificios, terrenos y subsidios), formalmente el Patronato no contaba con recursos del Estado. Para recaudar fondos decidió inscribir a socios contribuyentes. Por otra parte los dirigentes consiguieron donaciones, aportes de la Lotería Nacional a partir de 1896 y legados. Otras recaudaciones fueron obtenidas en fiestas de beneficios, kermesses y fiestas primaveras realizadas en el parque Lezama. Por otra parte, el Patronato de la Infancia introdujo por primera vez en el país la colecta con alcancías, dando inicio al "Día de los niños pobres". Otros ingresos los obtuvo por los beneficios generados a partir de la explotación de una Escuela de Artes y Oficios y una Colonia Agrícola Industrial.

El Patronato inició su obra, el mismo año que comenzó, con la creación de un consultorio médico gratuito para la primera infancia, que funcionaba en Balcarce 1141. En 1895, en Balcarce 1119 se inauguró la Primer Sala Cuna, para niños externos menores de 6 años que debían ser retirados por las noches y el Internado Manuel A. Aguirre, que recibía a niños abandonados.

En 1897, en Balcarce 1181, se formó la Escuela de Artes y Oficios. Posteriormente, en 1909, se creó una segunda Casa Cuna y un Segundo Internado de Primera Infancia, en Paraguay 2601. La población infantil que protegía el Patronato, aumentó de 2040 niños en 1909 a 3500 asilados en 1913. Los filántropos consideraban que lograr en la infancia el desarrollo físico, intelectual y moral contribuía a honrar a la patria. Los caminos seguidos por el Patronato para alcanzar estas aspiraciones se basaron en la instrucción religiosa, una educación elemental básica, la formación de bandas de música y el aprendizaje de instrucción militar y prácticas de tiro. En todos los establecimientos creados por esta institución se instalaron consultorios médicos y salas de aislamiento para evitar la propagación de enfermedades infecciosas. A diferencia de los asilos de la época, el Patronato logró disminuir y llevar a índices muy bajos la mortalidad infantil.

Mediante el régimen de reclusión y una rigurosa disciplina, se regulaban las vidas de los niños siguiendo reglas muy estrictas. El reglamento los obligaba a vestir el uniforme, no salir de sus clases, talleres, dormitorios etc. sin permiso de los maestros o celadores, tomar parte de la limpieza y el servicio doméstico del establecimiento. Los castigos por incumplimiento eran severos. Podían ser la represión privada o delante de la división, el recargo del turno de limpieza y penas extraordinarias en el caso que las establecidas en el reglamento resultaran ineficaces.

Pero los alumnos que se destacaban con su buena conducta, aplicación al trabajo y al estudio, además de conseguir distinciones honoríficas, al segundo año podían quedar como celadores, quedando exceptuados del servicio de limpieza y si lograban conservar sus méritos hasta su partida del establecimiento, se les otorgaba dinero en efectivo.

El Patronato estaba orgulloso de su obra porque, según consta en un informe de 1911, de los miles de niños que pasaron por sus establecimientos ninguno terminó en la cárcel y porque todos egresaban con capacidad de desenvolverse en el mundo laboral.

El Patronato gozó de un considerable prestigio y recibió el apoyo y la solidaridad de gran parte de la población, que participó activamente en los eventos que organizaba la institución.

En 1970, las Hermanas de San José de Citeaux, que estuvieron durante 74 años, dejaron los edificios de Balcarce y Humberto I y en 1978 fueron cedidos a la comuna. Seis años más tarde, fueron ocupados.

*Nota basada en el trabajo de la investigadora del CONICET Diana Esptein, presentado en las VII jornadas interescuelas Departamentos de Historia, septiembre 1999.

 

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