LA INOLVIDABLE IMPRENTA CONI

En San Telmo y sus alrededores Nº 9

Enero 1998

No es frecuente que alguien renuncie a la posibilidad de incrementar su margen de ganancia para conservar productos de calidad. A fines del siglo pasado, en tiempos de producciones a gran escala, la primer imprenta privada en Argentina - Coni - prefirió mantener el estilo artesanal de sus ediciones a incorporar la linotipia. La llegada de esta innovación tecnológica, representaba la producción mecánica de las letras, siendo el resultado más impersonalizado. O al menos esto entendió Coni, quien prefirió que en su taller, los libros y las demás impresiones, mantuvieran su marca y sello. Su lema era claro "que le espiritual reine sobre la material".

El edificio de la vieja imprenta, ubicado en Perú 684 es el más antiguo de todos los que lo rodean y su proyectista fue el ingeniero Pedro Coni, hijo del fundador de la imprenta y padre de Alberto Coni, un reconocido arquitecto que proyectó más de doscientas edificaciones a principios de este siglo.

Pablo Emilio Coni (el creador de la imprenta), era un parisino que había sido educado en las artes gráficas, pero pronto aprendió el oficio de tipógrafo. Vino a Corrientes y en 1853 empezó su etapa de impresor con unos periódicos. Su trayectoria en la provincia del litoral fue intensa. No solo se dedicó a la impresión del diario, "La libre navegación de los ríos", que después pasó a llamarse "El Comercio" sino que imprimió distintos folletos y obras que hicieron historia, como el Primer Mensaje del Presidente de la Confederación Argentina al Primer Congreso Legislativo Federal; los estudios sobre la Constitución argentina; la instrucción práctica de artillería por Bartolomé Mitre o los Anales del Museo de Corrientes. También de su imprenta surgió el primer sello postal de Argentina, que fue hecho con su colega francés Pipet. En la primer estampilla se nota la influencia en el diseño de la emisión francesa de 1849, con la efigie de la diosa Ceres cuya fuerza reconoce su origen en la tierra, representa la fecundidad y lleva por atributo la hoz y la gavilla.

Pulcritud, elegancia y buen gusto caracterizaban sus obras. En 1863 se instaló cerca de lo que hoy es Perón y Rivadavia y después se trasladó a Perú 684, lugar en el cual imprimó a través de años, una variedad de composiciones que dejaron rastros importantes en la historia argentina. Entre ella podemos mencionar a Anales de la Educación Común que fundó Sarmiento y dirigió Juana Manso; Los fallos de la Suprema Corte de Justicia, que apareció simultáneamente con la creación de ese tribunal o el proyecto de Código Civil de Vélez Sársfield. El único momento en que cerró la imprenta fue durante uno o dos meses, en 1871, como consecuencia de la fiebre amarilla.

LA IMPRESION ARTESANAL COMO ELECCION

Cuando apareció la linotipia, pronto llegó un representante francés a ofrecerle a Coni la primera que salía en el país. Sus ventajas eran considerables ya que aceleraba los trabajos. Pero fueron rechazadas ya que priorizó la calidad que podía lograrse con la composición manual, antes que la realización de una mayor cantidad de obras pero con un menor nivel.

En calidad artística esta imprenta siguió recogiendo elogios y produjo libros de géneros muy diferentes: Desde 1876 hasta 1933 se encargó de darle estilo en el formato a la totalidad de los Anales de la Sociedad Científica Argentina, revistas universitarias, tomos con los resultados del Observatorio Cordobés, la Revista de Legislatura y Jurisprudencia, etc. Un trabajo notable fue La Vuelta de Martín Fierro, de José Hernández. Las figuras mas importantes de la época confiaron sus obras a la estética de estas ediciones: entre otras podemos mencionar a Sarmiento, Avellaneda, Roca, Urquiza, Derqui, Mitre o Alberdi. En 1910 falleció Pablo Emilio Coni. Los herederos nunca renunciaron a la composición manual de sus trabajos, por lo tanto no usaron el procedimiento mecánico de la linotipia. Pasados los años ’30 los altos impuestos que se impusieron al papel en blanco, hicieron que resultara más barato imprimir los libros en el exterior del país. Años después la imprenta fue vendida a un grupo de profesores universitarios entre los cuales se encontraba Arturo Leanza, Primer Premio Nacional de Ciencias, quienes años después la cerraron, pero mantuvieron hasta el final el viejo sistema de componer las líneas de un texto, letra por letra, con lo cual se obtuvieron trabajos muy esmerados. Quedó en el recuerdo el más completo catálogo de tipos de todas las lenguas, las ciencias y artes. Numerosos operarios pusieron su sello en cada línea. Testigos y protagonistas de la historia de la imprenta fueron presidentes, novelistas, juristas, poetas, médicos , maestros y un interminable número de escritores que, con buen gusto, dejaron en manos de la imprenta Coni su producción literaria.

Fuente: IMPRENTA CONI, Apuntes para la historia de una imprenta y una dinastía. Iván Grondona. Edición de la Junta de Estudios Históricos de San Telmo.

 

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