En San Telmo y sus alrededores Nº 77

Marzo 2005


MEMORIA DEL CENTRO DE DETENCION
"CLUB ATLETICO"


Excavaciones en Paseo Colón y Cochabamba

En San Telmo el Centro Clandestino de Detención “Club Atlético”, lugar por donde pasaron alrededor de 1.500 personas, la mayoría de las cuales permanece desaparecida. En abril de 2002 una Comisión comenzó a realizar excavaciones arqueológicas y a trabajar en la recuperación de la memoria frente a las atrocidades del Terrorismo de Estado, documentando los testimonios de los sobrevivientes y digitalizando más de 5 mil documentos. Los resultados de la investigación.

“En todos estos años hemos logrado muchas victorias. Que a un torturador no se lo llame ex policía, que a un gobierno de facto se le diga dictadura y que hoy en el Club Atlético se pueda excavar, es parte de estas victorias. Todo es producto de la lucha y la resistencia”, comenta Carlos Pisoni, quien participa en la agrupación H.I.J.O.S. y sus padres son desaparecidos que estuvieron detenidos en el Club Atlético.

“Con la excavación se le gana a aquellos que tienen dudas y a toda esa fuerza de la sociedad que quiere ocultar y esconder y poner, justamente, bajo tierra años muy importantes de la vida de este pueblo”, reflexiona Miguel D‘Agostino, uno de los sobrevivientes.

El “Club Atlético” funcionó en los sótanos del edificio de suministros de la policía federal, en Paseo Colón entre San Juan y Cochabamba. Los organismos de derechos humanos y los sobrevivientes reclamaron durante muchos años la excavación. Empezaron a realizar “Jornadas por la Memoria”, desde el 7 de julio de 1996, que fueron respondidas con las tradicionales metodologías represivas. En aquella oportunidad en la madrugada quemaron el Tótem y taparon los nombres de los torturadores. A sucesivas destrucciones y a tres incendios, las respuestas fueron movilizaciones que reconstruyeron con papeles y tizas, el símbolo de la memoria que sigue acusando a los represores.

En el 2002 después de años de insistencia, el trabajo de los organismos de derechos humanos y otras organizaciones sociales, permitió que con el apoyo de la Subsecretaría de Derechos Humanos del Gobierno de la Ciudad y otros organismos porteños, comenzara un consistente trabajo de investigación que expresó voces, testimonios, memorias, pérdidas, dolores, sufrimientos, militancias y vivencias de quienes pasaron por el Centro Clandestino “Club Atlético”.

La Comisión de Trabajo y Consenso del Proyecto de Recuperación de la Memoria del “Club Atlético”, fue elogiada por la mayoría de las organizaciones de derechos humanos. Participaron las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, el Servicio de Paz y Justicia, el Centro de Estudios Legales y Sociales, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, las Abuelas de Plaza de Mayo, Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio, la Asamblea de San Telmo, la Red de Organizaciones Sociales de San Telmo, Encuentro por la Memoria, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, La Fundación Memoria Histórica y Social Argentina, sobrevivientes y familiares de desaparecidos del CCD “Club Atlético”, la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires y distintas áreas del Gobierno de la Ciudad de Bueno Aires, como la Subsecretaría de Derechos Humanos, la Secretaría de Infraestructura y Planeamiento, la Dirección General del Casco Histórico, el Centro de Gestión y Participación Nº1, y Autopistas Urbanas Sociedad Anónima.

En la coordinación del proyecto estuvieron Ana Barrio y Marcelo Castillo.
En el trabajo de reconstrucción de la memoria. se priorizó rescatar la historia y los testimonios de los sobrevivientes y sus familiares desaparecidos. Cada una de las entrevistas tomadas, fue devuelta y corregida por los entrevistados.

Varios ejes fueron centrales en la investigación: el contexto histórico en la Argentina, la militancia, la dictadura, la resistencia, los secuestros, los represores, la cotidianidad en el Centro Clandestino el Atlético, el adentro y el afuera, la búsqueda, las denuncias en el exterior, los escraches, el significado de la excavación en el pasado, en el presente y en el futuro.

En la investigación la Comisión digitalizó más de 5 mil documentos. Para el coordinador del proyecto Marcelo Castillo, lo más valioso es “la demostración real y concreta de la muestra, de que hay posibilidades de construir relatos colectivos que permitan crecer a todos”.
Los tres ejes centrales de la comisión son la ampliación del trabajo y la investigación, la excavación en sí misma y la difusión.

Sobre los cimientos del Centro Clandestino de detención “El Atlético”, que se comenzó a demoler a fines de 1979, se construyó la autopista. Con el trabajo de excavación fue posible encontrar restos de los muros de las celdas con las inscripciones de los detenidos; analizar a más 20 mil objetos y fragmentos; encontrar los tabiques divisorios de las celdas de aislamientos; hallar materiales relacionados con el depósito de suministros policiales, como numerosos fragmentos de uniformes, zapatos, gorras, cachiporras, restos de ropa, envases de plástico, botellas y monedas. Hasta se encontró una pelotita de ping pong, juego que frecuentaban los torturadores.

En el Atlético los detenidos-desaparecidos eran llevados al lugar en el interior de autos particulares con los ojos vendados. Cuando llegaban los bajaban violentamente por una escalera pequeña, a un subsuelo sin ventilación. Se les retiraban todos sus efectos personales y se los nombraba con una letra y un número. El lugar tenía capacidad para unas 200 personas y se calcula que por allí pasaron entre febrero y diciembre de 1977 alrededor de 1500 hombres y mujeres, por la deducción de las letras y los números con que designaban a los detenidos.

El centro clandestino tenía dos sectores de celdas que estaban enfrentadas en un pasillo muy estrecho, contaba con tres salas de tortura llamadas “quirófanos·”, baños, una celda común para un grupo numeroso de detenidos llamada “leonera”, una enfermería, una sala de guardia y tres celdas individuales.

“Adentro se escuchaba un cassette con discursos de Hitler a todo volumen y los gritos y risas de los represores jugando al truco. En el campo de concentración, se apuntaba a la despersonalización de los prisioneros, a la pérdida de identidad. Esto se expresaba a través de distintas situaciones. El hecho de que a uno no lo llamaran por su nombre, sino que se pasara a ser una letra y un número –que se aprendía a golpes- (en mi caso era k-04), tenía que ver con esa pérdida de la identidad. Mientras me torturaban yo quería morirme. En ese momento lo único que podía salvarnos del sufrimiento era la muerte. Porque nadie sabía donde estábamos, ellos decían que tenían todo el tiempo del mundo. La única forma de dejar de sufrir era morirme, porque no nos iban a dejar en libertad, y tampoco nos iban a dejar morir para poder seguir torturándonos”, testimonió Ana María Careaga, quien actualmente se desempeña como Secretaria de Derechos Humanos de la UTPBA.

El trabajo antropológico de excavación demostró la veracidad y precisión de los testimonios, ya que el centro clandestino, estuvo armado tal cual como fue descripto por los sobrevivientes.

Más de 300 campos de concentración, tortura y exterminio, funcionaron durante la última dictadura. Sobre el total de 1.500 personas, que según los testimonios pasaron por el CCD “Club Atlético”, han sido confirmados los datos de 316, de los cuales 211 están desaparecidos. Este listado y el archivo fotográfico se encuentra en construcción. En el Atlético los sobrevivientes han denunciado a más de 70 torturadores y siete hijos de detenidas-desaparecidas embarazadas en el “Club Atlético”, son buscados por las Abuelas de Plaza de Mayo. Otros dos han sido localizados y uno de ellos, Juan Cabandié, recuperó su verdadera identidad en enero del año pasado.

“Por lo que luchaba esa generación es que necesitaron barrerla y destruirla, para poder hacer lo que están haciendo hoy. Y eso está ligado a la impunidad y a la continuidad de este modelo económico”, comentó Ana Careaga, quien cuando tenía 16 años fue detenida y llevada al Atlético estando embarazada. Su madre continúa desaparecida.

 

 

 

 

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