En
San Telmo y sus alrededores Nº 7
Noviembre
1997
Entre
fines del siglo pasado y comienzos del presente, gran cantidad de inmigrantes
llegaron a nuestro país buscando mejores condiciones de vida. Buenos
Aires pasó de 180.000 habitantes en 1869 a 1.500.000 en 1914. Trabajadores
provenientes de Europa, en especial de España e Italia, poblaron la
ciudad con la esperanza de encontrar en este país posibilidades de ascenso
social. Sin embargo, una buena parte de ellos se encontraron con una
realidad muy distinta. El alto costo de los alquileres los obligó a
vivir hacinados en conventillos. Actualmente en la zona sur perduran
algunas de estas construcciones, otras fueron recicladas y se transformaron
en viviendas particulares amplias.
En
algunos conventillos de San Telmo y la zona Sur en general, que hoy
encontramos a veces ocupados, en ocasiones abandonados, en alquiler
o en venta, se escondían historias tenebrosas, realidades oscuras, muy
distintas al ideal de auge y resplandor de la "república oligárquica".
Según el Censo Municipal de 1904, más del 10% de la población total
de la ciudad vivía en inquilinatos. En el siglo XIX el hacinamiento
facilitó la propagación de pestes como la fiebre amarilla, que diezmaron
a la población.
Las
condiciones de los conventillos eran pésimas y los alquileres altísimos
en comparación con los sueldos de los trabajadores. Las piezas tenían
poca ventilación, -algunas no tenían ni siquiera ventanas- y en estas
solían vivir hasta diez personas. Las autoridades municipales y nacionales,
aunque reconocían el problema, hacían poco o nada por resolverlo. Para
dar un ejemplo, en el Censo de 1904 se registraron 559 casas de inquilinato
sin baños. La única ley que se ocupó de los conventillos, por iniciativa
del diputado socialista Alfredo Palacios, fue la que prohibió el uso
de medidores de agua.
Cada
conventillo tenía un reglamento interno. En reiteradas oportunidades
éstos imponían condiciones arbitrarias a los inquilinos. Por ejemplo
prohibían lavar ropa, recibir huéspedes, tocar instrumentos musicales
o mantener animales o niños en las habitaciones. El encargado se atribuía
el derecho a inspeccionar las piezas a cualquier hora y cerrar la vivienda
cuando se le ocurriera. Cualquier infracción servía como excusa para
el desalojo. El propietario arrendaba la casa por una suma fija anual
a otra persona, quedando ésta en libertad para disponer de los inquilinos,
lo cual contribuía aun más al aumento de los precios. Pero esta situación
no fue aceptada pasivamente. En este año se cumple el 90º Aniversario
de la mayor huelga de inquilinos en la historia Argentina, la de1907.
La Municipalidad había anunciado un aumento de los impuestos para el
año siguiente. Los propietarios y arrendatarios trasladaron el problema
a los inquilinos subiendo los alquileres. Los moradores de un conventillo
de la zona Sur se declararon en huelga, rehusando pagar. Pronto el movimiento
se extendió asumiendo proporciones inéditas. En las piezas humildes
de los barrios, la negativa a pagar el aumento se extendió. Pese a los
juicios de desalojo, casi mil "conventos", se adhirieron a
la medida. La huelga fue un movimiento netamente popular que halló eco
en todos los sectores sociales y políticos. Pese que en esa época no
era frecuente la participación femenina, en este conflicto particular
las mujeres fueron protagonistas. Amenazaron a los propietarios con
tirarles agua hirviendo y cumplieron esta amenaza contra los militares
y oficiales de justicia que iban a notificar de los desalojos por falta
de pago. Enfrentaron a la policía con palos, escobas y otros objetos.
Hubo manifestaciones de niños y niñas, portando escobas como símbolo,
ya que se trataba de barrer la injusticia.
Entre
los inquilinos hubo una notable solidaridad; casi el 80 % de los conventillos
de la ciudad adhirieron al movimiento. Inclusive hasta se plegaron muchos
policías que habitaban en "conventos". Buena parte de la prensa,
apoyó a los huelguistas. Después de más de tres meses de conflicto,
el movimiento perdió empuje. En algunos casos se aceptaron las demandas
y los inquilinos festejaron sus victorias ruidosamente, unos firmaron
arreglos en los que se le concedía parte de lo solicitado, mientras
otros admitieron la derrota cansados del conflicto. El eco de la huelga
fue tal que se extendió, aunque sin tanta dimensión, al Gran Buenos
Aires, Rosario, Bahía Blanca, Mar del Plata, Rosario y La Plata, que
reclamaron también rebajas de los alquileres. En Buenos Aires la victoria
parcial de los inquilinos fue transitoria. Antes de fin de año los arrendatarios
comenzaron a subir los alquileres al nivel anterior al conflicto. Las
protestas de los inquilinos, confiados en el arbitraje de las autoridades,
cayeron en el vacío. La actitud gubernamental fue un indicio de su estimación
de las clases populares. Aunque reconocieron la justicia de los reclamos
de los inquilinos durante la huelga, aplicaron la ley estrictamente
en cuanto al orden y al cumplimiento de los derechos de los locadores
y propietarios, actitud opuesta a la que tomaron en relación a la higiene
de estas casas.
Pioneros
de este conflicto social, uno de los más importantes de comienzos de
la centuria, fueron los conventillos ubicados en la calle Ituzaingó
279, 235 y 255. Pronto se extendió de Barracas a San Telmo, a "La
Cueva negra", ubicada en Bolívar entre Cochabamba y San Juan, y
a las "Catorce Provincias", en Piedras entre Cochabamba y
San Juan. Noventa años después en San Telmo persisten los problemas
habitacionales, aunque en dimensiones y magnitudes completamente diferentes.
Las idílicas imágenes de un pasado próspero en la Argentina de principios
de siglo, se contrastan con lo que fue la vida real de la mayoría de
sus habitantes. Con enormes sacrificios, muchos de estos inmigrantes
que vivían en condiciones precarias, lograron que sus hijos puedan realizar
estudios, lo que les permitió llegar en un futuro a integrar la clase
media de nuestro país. Sin derechos por ser extranjeros, sin condiciones
de trabajo dignas y extrañando a sus tierras, pero con una enorme voluntad,
posibilitaron el progreso de sus descendientes.
En
cada rincón de la zona sur nos encontramos con historias ocultas, olvidadas
una y otra vez, marcadas por luchas en procura de dignidad, mejores
condiciones de vida y apuestas al porvenir. Esas que hoy tanto nos hacen
falta.
|
La
Huelga de inquilinos. Escenas de la huelga.
"En
la calle Defensa existe un conventillo cuyo encargado quiso sentar
plaza de hombre guapo golpeando bárbaramente a un muchacho de
tierna edad. Esta guapeza le valió una soberana paliza, paliza
aplicada por las mujeres que habitan en la casa, quienes justamente
indignadas ante la cobardía del casero bruto, acudieron a la defensa
del menor para libertarlo de las garras del tigre.
Las valerosas
mujeres, después de derribarlo al suelo impidiéndole todo movimiento,
se les ocurrió la humorada de quitarle los calzones, largándolo
en tal facha a la calle, provocando la risa de todos los espectadores
de este curioso y divertido sainete. Fue necesario la intervención
del vigilante de la esquina para que las inquilinas le devolviesen
los pantalones."
Fuente:
La Protesta Octubre 12 de 1907, Nº1161, pág.1.
|