LA PRESENCIA AFRICANA EN LA ARGENTINA
Prof.
Miriam V. Gomes*
La
presencia de población africana en la Argentina, junto
con su descendencia, ha sido un dato frecuentemente soslayado
en la realidad nacional. Sin embargo, el aporte afro a la cultura,
a la identidad y a la sociedad ha sido constante e ininterrumpido
desde los orígenes del país como nación,
incluso varios siglos antes.
El
mecanismo a través del cual la población africana
ingresó en masa en Latinoamérica fue el infamante
tráfico de hombres y mujeres esclavizados en las rutas
del océano Atlántico, entre los siglos XV y XIX.
La
razón de esta forzada y vergonzante migración
fue servir a las necesidades de mano de obra de los colonos
europeos: hasta el siglo XIX, la plantación agrícola
y la minería constituyeron las bases de la economía
iberoamericana y, a través de éstas, el sustento
para las coronas española y portuguesa. Trabajar con
sus propias manos era la última posibilidad prevista
por los colonizadores
para sí mismos.
Estos
últimos se volcaron a los africanos por su experiencia
milenaria tanto en la minería y el trabajo artesanal
con metales, como en la plantación agrícola.
Por
otro lado, a diferencia de los amerindios, los africanos ya
habían estado expuestos a las "zonas epidemiológicas"
del mundo conocido por los europeos hasta el momento, adquiriendo
cierta inmunidad a enfermedades tropicales tales como la fiebre
amarilla y la malaria; y a enfermedades comunes en Europa como
la viruela.
Además,
al no estar protegidos por las tradiciones legales comunes a
los europeos -que se consideraban a sí mismos seres humanos
"civilizados" y al resto, poco menos que animales
o bárbaros- los africanos pudieron ser reducidos sin
apelación legal o moral a una disciplina brutal y sanguinaria.
La América hispánica y portuguesa arrebató
y esclavizó seres humanos principalmente de Africa Occidental,
constituyendo la Islas de Cabo Verde el entrepuesto de comercio
humano más importante hasta el siglo XVII, época
en que comenzó a traficarse directamente desde las costas
africanas hacia las Américas y el Caribe.
Los
individuos provenientes de Guinea Septentrional y Meridional
fueron mayoría (aunque no absoluta) en el Caribe y América
Central; de la misma manera, los Yoruba y Ewe (de Nigeria y
Togo), en Brasil. Los angoleños y congoleños (pertenecientes
a la vasta familia lingüística bantú) fueron
los grupos mayoritarios en Chile, Perú, Uruguay y Argentina.
En
síntesis, alrededor de 12.000.000 de africanos desembarcaron
en Latinoamérica. Buenos Aires y Montevideo se constituyeron
en los puertos más importantes del Atlántico Sur,
y surtieron todo el interior de Sudamérica mediante puertos
de transferencia en Valparaíso y Río de Janeiro.
Si
se efectúa el cálculo de que por cada africano
que llegaba vivo a las Américas, cinco perecían
por inanición, diarreas, deshidratación, suicidios
o castigos diversos, se halla que el tráfico esclavista
le provocó a Africa una sangría de más
de 60.000.000 de personas; y a Europa, su extraordinaria expansión
industrial y económica.
Nuestro
país
En
el caso de la República Argentina, los africanos esclavizados,
hombres y mujeres, fueron utilizados en las tareas rurales,
la ganadería, las labores artesanales y en el trabajo
doméstico. Las familias propietarias de esclavos los
hacían trabajar fuera de la casa como talabarteros, pasteleros,
ebanistas, plateros, lavanderas, peones o maestros de música;
y con lo que éstos percibían, se mantenía
el tren de vida de la oligarquía criolla.
Durante
la Gobernación de Juan Manuel de Rosas pareció
verificarse un cierto auge de la comunidad negra de Buenos Aires,
que rondaba alrededor del 30% de la población total.
El Gobernador asistía regularmente con su familia a los
candombes negros. Esta era una de las escasas formas culturales
que les era permitida manifestar a los africanos y sus descendientes,
los afroargentinos, en tanto que los actos de resistencia eran
cruelmente castigados.
Datos
del período colonial revelan cifras que hoy pueden parecer
increíbles: en el censo de 1778 se consigna que en el
noroeste argentino, en la zona de Tucumán el 42% de la
población era negro; en Santiago del Estero la proporción
era del 54%. En Catamarca, para esa misma época, el porcentaje
de la población negra era del 52%; en Salta, el 46%;
en Córdoba, el 44%; en Mendoza, el 24%; en La Rioja,
el 20%; en San Juan, el 16%; en Jujuy, el 13%; en San Luis,
el 9%.
A
lo largo del siglo XIX, se verifica un decrecimiento sostenido
de los africanos y afrodescendientes, hasta que hacia fines
de ese mismo siglo, el ingreso masivo de la inmigración
"blanca" europea (propiciada por la Constitución
Nacional, en su artículo 25) hará bajar drásticamente,
en términos relativos, la población negra e indígena
en todo el país.
De
esta manera, en los documentos oficiales, la gama de la población
anteriormente denominada "negra", "parda",
"morena", "de color", pasó a determinarse
como "trigueña", vocablo ambiguo que puede
aplicarse a diferentes grupos étnicos o a ninguno.
El
período que va de 1838 a 1887, en los registros oficiales,
es crucial en este proceso que los miembros de las organizaciones
afroargentinas definen como de "desaparición artificial",
ya que para fines de 1887 el porcentaje oficial de negros es
de 1,8%. A partir de ese período, ya no se informa sobre
este dato en los censos.
Contribuciones
de los descendientes de africanos
Es
sumamente importante señalar que, si bien la disminución
de la población negra es un hecho real y obedece a múltiples
causas, no es legítimo hablar de la "desaparición
de los negros", como lo vienen haciendo las clases dirigentes,
los medios de comunicación y la sociedad en general,
desde fines del siglo XIX, y durante todo el siglo XX.
Ya
muy tempranamente, como lo es 1845, Domingo F. Sarmiento se
apresura a festejar el "bajísimo número de
miembros de este grupo en la Argentina". Esta tendencia
se patentiza y asume como misión de estado con la Generación
del '80, integrada por Bartolomé Mitre y Julio A. Roca,
entre otros.
La
idea era la de "blanquear " a la población
como requisito par el desarrollo y el progreso del territorio,
recurriendo al fomento (desde la Constitución) de la
población blanca y europea, a la restricción de
la población africana o asiática, y además
a la negación de la propia realidad negra dentro del
país.
Los
africanos y la Independencia.
Los
africanos y sus descendientes participaron en todas las acciones
bélicas de la Argentina: en vigencia de la esclavitud,
llegó a ellas compulsivamente por medio de la "Ley
de Rescate" que obligaba a los propietarios a ceder dos
de cada cinco de sus esclavos para el sevicio de las armas.
También, por la promesa de libertad si prestaba cinco
años de servicio militar.
Su
incorporación fue paulatina, en tropas regulares e irregulares,
ocupando siempre los puestos más peligrosos en el campo
de batalla, desempeñando las tareas más desagradables
en el mantenimiento y sufriendo a menudo la humillación
y el escarnio por su condición de esclavizado.
En
1801, se reglamentaron las formaciones milicianas con negros,
a las que se denominó Compañía de Granaderos
de Pardos y Morenos. Cuando en 1806 se produce la primera invasión
inglesa a Buenos Aires, la participación del hombre negro
en la defensa de la ciudad es fundamental. Cuando San Martín
regresó de España para servir a su patria, en
1812, su primera misión fue organizar el Regimiento de
Granaderos a Caballo. A fines de ese año, se hizo cargo
del Ejército del Norte: sus tropas se componían
de 1.200 hombres, de los cuales 800 eran negros libertos, es
decir, esclavos "rescatados" por el Estado para el
servicio de las armas.
La
frase de San Martín, luego de recorrer el campo de batalla
de Chacabuco -"Pobres Negros!!"- da cuenta de los
innumerables cadáveres de quienes habían pertenecido
al Batallón Nº 8, compuesto por Los libertos "rescatados"
de Cuyo.
Décadas
después, con la Nación ya pacificada, era común
encontrar en las calles de Buenos Aires y de otras ciudades
del resto del país, a los negros viejos, antiguos combatientes,
pidiendo limosna para sobrevivir. Sus mujeres vendían
mazamorra, pasteles, pan casero; eran también lavanderas
y amas de leche.
Las
nuevas corrientes migratorias de origen europeo, estimuladas
por el Estado, desplazaron lentamente a los afro, quienes fueron
replegándose hacia áreas alejadas de los grandes
centros urbanos, olvidados por la sociedad a la que dieron su
vida, su sangre y sus hijos.
Esta
situación, entre otras, generó la falsa idea de
que habían desaparecido. Si el hecho de haber participado
en las confrontaciones bélicas provocó un gran
decrecimiento de la población afroargentina, y si a principios
del siglo XX, se veían pocos integrantes de ésta
en los grandes centros urbanos, no es lícito hablar de
desaparición de los negros, como lo vienen haciendo muchos
propagadores de ideas, de manera superficial y sin rigor científico.
Los
africanos y la cultura.
A
pesar de tanta adversidad, los afro dejaron una impronta indeleble
en todos los aspectos y estamentos de la sociedad argentina.
Estuvieron
en el origen de formas populares como la payada (recordar al
talentosísimo Gabino Ezeiza ), el tango, la milonga y
la chacarera. Aportaron infinidad de palabras al castellano
del Río de la Plata, enriqueciéndolo: batuque,
bombo, bujía, cafúa, conga, candombe, dengue,
malambo, mandinga, mondongo, mucama, tarima, tamango, marote,
etc.
En
la época de la colonia actuaron frecuentemente en el
teatro y en el circo. Luis Ambrosio Morante fue un actor afroargentino
que abrazó los ideales de la independencia, utilizando
el escenario como vehículo de propaganda. Hubo además
destacados pianistas, como el maestro Navarro, y grandes compositores
como Rosendo Mendizáabal, autor del tango "El Entrerriano",
Cayetano Silva, autor de la marcha de San Lorenzo, etc.
En
otros aspectos de la cultura popular, como la culinaria, encontramos
la incorporación de las achuras y el mondongo a la alimentación,
la mazamorra, el locro, el dulce de leche, etc.
En
la religiosidad, la veneración de San Baltasar y San
Benito. También, la figura del "Negro Manuel"
el esclavo de la Virgen de Luján.
Los
descendientes actuales de aquellos negros merecen el reconocimiento
que tantas veces se les ha negado.
*Miriam
Gomes es asesora en asuntos de africanía y negritud en
la Argentina en la Universidad Nacional 3 de Febrero y en el
Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.
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FUENTES:
Binayan
Carmona, Narciso, "Pasado y permanencia de la negritud",
en Todo es Historia, Nov.1980, Nº 162.
Golberg,
Marta, "La población negra y mulata de la ciudad
de Buenos Aires, 1810-1840", en Desarrollo Económico,
Abril-Junio, 1976, v. 16.
Ortiz
Oderigo, Néstor, Aspectos de la Cultura Africana en el
Río de la Plata, Edit. Plus Ultra, Buenos Aires, 1974.
Reid
Andrews, George, Los Afroargentinos de Buenos Aires, Ediciones
de La Flor, Buenos Aires, 1990.
Picotti,
Dina V. (compiladora), El Negro en la Argentina. Presencia y
Negación, Editores de América Latina, Buenos Aires,
2001.