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HISTORIA
DE LA PLAZA DORREGO
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En
San Telmo y sus alrededores Nº 8
Diciembre
1997
Antes
que las multitudes la visitaran los domingos, previamente a la instalación
en sus rincones de artistas, músicos, tangueros y visitantes de toda
clase, hubo una larga trayectoria, un largo camino histórico recorrido
en la Plaza Dorrego, uno de los lugares más representativos de San Telmo.
Después
de la Plaza de Mayo, la plaza más antigua de la Ciudad de Buenos Aires
es la Dorrego (anteriormente denominada «Plaza de la Residencia» y luego
«Plaza de Comercio»), testigo de relevantes acontecimientos históricos.
Uno de ellos fue el reconocimiento de la Independencia por parte del
pueblo de Buenos Aires, después de un acto, en 1816.
Repasando
la historia, nos encontramos con que existía allí un antiguo hueco,
reservado de toda edificación por el Cabildo, desde el año 1745. Estaba
destinado a estacionamiento de las carretas que traían del interior
los "frutos del país" y lugar de descanso de las bestias que
las arrastraban. Los lugares donde se detenían los carros en su marcha
desde el Puerto a la Ciudad, eran los huecos, los vacíos que se constituyeron
naturalmente en un principio y por ley después, en mercados de frutos,
verdaderos centros de tráfico mayorista al aire libre. Pronto fue conocido
como «plaza de la Residencia», debido a su vecindad con la Casa de los
Jesuitas. En 1822, durante el Ministerio de Gobierno de Bernardino Rivadavia
y tras una revisión de la nomenclatura oficial de las calles y plazas
de la ciudad, fue rebautizada con el nombre de «Plaza de Comercio».
El coronel Manuel Dorrego vivía enfrente a la Plaza.
Con
apenas 2.500 metros cuadrados, en 1861 fue ocupada casi en su totalidad
por la construcción del Mercado de Comercio. En ese momento sobresalía
una escultura que representaba al "Comercio", la cual parecía
imponer fuerza y respeto a la Ordenanza Municipal que prohibía vender
carne, verduras y pescado en seis cuadras a la redonda del establecimiento.
En 1897 cuando se permitió en todos los barrios la construcción de mercados
proveedores particulares, se levantó el actual mercado de San Telmo.
Como consecuencia, la Municipalidad resolvió la demolición del edificio
del Mercado y la Plaza recobró su recinto, transformándose luego en
un paseo con árboles y jardines.
En
1916 colocaron sobre la parte central de la Plaza, el imponente conjunto
escultórico llamado Canto al trabajo. Sus grandes dimensiones
no se adecuaban a la breve superficie de la plaza, motivo por el cual
se trasladó en 1931 a la plazoleta de Paseo Colón frente a la actual
Facultad de Ingeniería. La Plaza quedó convertida en un potrero abandonado,
hasta que la Compañía Argentina de Electricidad, que tenía el edificio
enfrente, consiguió permiso para cementarla.
En
1970, se inauguró en la Plaza Dorrego la Feria de San Pedro Telmo, por
propuesta del Museo de la Ciudad. Se estableció que prácticamente todas
las cuadras, casas y frentes, eran una reserva de la arquitectura vieja
de Buenos Aires. La Feria iba a ser una sala al aire libre del Museo.
Todo lo que se vende en la Feria de los domingos, formó parte de las
casas viejas de la Ciudad de Buenos Aires. El éxito que la Feria tuvo
desde el inicio le dio más vida al barrio. Pronto se transformó en uno
de los lugares más visitados por los turistas y permitió el crecimiento
no solamente de quienes tienen puestos, sino también de los anticuarios
de los alrededores, de empresas de turismo y de los comerciantes de
la zona. En la actualidad hay muy pocas ferias en el mundo en las que
únicamente se encuentren cosas viejas y antigüedades. La feria las ofrece
en más de doscientos setenta puestos. Se pueden encontrar los domingos
de 10 a17 hs. Vitrolas, discos de pasta, ropa antigua, alhajas, fantasías,
postales, almanaques, libros, herrajes, lámparas y un sinfín de adornos
y curiosidades. En la zona aledaña se apiñan, mezclados con los visitantes,
músicos, cantantes y bailarines de tango, mimos etc.
La
Plaza Dorrego es como un diccionario histórico. La rodean edificios
de distintas épocas, hay de 1860, algunos son de 1910, otros pertenecen
a la década del ´30. Es un verdadero testimonio que ha sobrevivido a
las construcción de las moles de departamentos y oficinas. Pero no solamente
brilla por eso sino también, y básicamente, por el colorido que le da
la gente los domingos. Transformada en un espacio público de todos,
en un lugar de esparcimiento en el que, con igual o mayor intensidad,
se transmiten otras sensaciones: nostalgia, distensión, calidez y expectativas
de algo diferente. Ampliada en el espacio, ya que los caminantes que
la visitan deambulan a lo largo y ancho de las calles aledañas. Cambiante
en el tiempo - tanto por lo que representa como por lo que transmite
-. Local y visitante, porque dentro de las multitudes que la acompañan
hay personas de distintos barrios, clases, ciudades y países. Reencontrarse
con la plaza, es establecer un vínculo con la Ciudad de Buenos Aires.