02-02-2006
OTRA VISION DEL
PARQUE LEZAMA
En la edición digital de www.ensantelmo.com.ar aparece la
entrevista a una señora que es la promotora de una presentación
judicial para erradicar la feria del Parque Lezama y devolverle al lugar
su antiguo esplendor.
A juicio de Graciela Fernández (y quienes la acompañan
en la presentación) para preservar el lugar habría que
privar a cientos de personas de su fuente de trabajo legítima
y honesta por el terrible delito de no ser porteños. Como si
los que vivieran en el llamado conurbano bonaerense no fueran primero
que nada seres humanos y después ciudadanos de este país,
como si todavía estuviéramos en la época de la
colonia con sus aduanas interiores.
Soy vecino del lugar, vivo en la calle Brasil entre Defensa y Balcarce.
Dos o tres edificios de departamentos en la cuadra (la mayoría
de ellos habitados por adultos mayores), un pelotero, la iglesia y un
restaurante no parecen ser un campus universitario como parece sugerirlo
en la entrevista, al señalar que los ruidos provenientes del
Parque le impiden vivir con tranquilidad y estudiar a los vecinos.
Porque parece que a la Sra. o Srta. Fernández le molesta la
cultura popular que se da cita en el lugar, y sobre todo le molesta
la diversidad. Le molestan las murgas, los afroamericanos con sus tambores,
el rock, los títeres. Tanto le molestan que llega al punto de
mentir sobre horarios y actividades en su discurso racista y xenófobo,
más allá de no distinguir entre los distintos grupos que
allí se presentan a consideración del público.
No hace mucho el conductor de las "Lonjas de San Telmo" me
comentó que al principio había tenido problemas con algunos
vecinos, pero luego de explicarle a cada uno el sentido de su propuesta
la queja se había trasmutado en aplauso. Los tambores resuenan
entre las 17 y las l9 sábados y domingos, y eso me consta porque
algunas veces he presenciado su paso majestuoso. Como esta señora
o señorita dice que hay que preguntarle a los vecinos si eso
es cierto o no, doy testimonio de que así es.
Se queja esta persona de la falta de espectáculos de calidad
en el anfiteatro, y pone como ejemplo el show del Chango Spasiuk de
hace dos años. La propuesta del misionero será atractiva
para ella, pero la mayoría de los litoraleños que presenciaron
el espectáculo se mantuvieron en silencio durante la primera
parte, cuando presentó los temas de "Chamamé crudo",
expresaron incluso su desagrado al punto de gritarle "Tocá
una buena" y sólo empezaron a festejar el show cuando ejecutó
temas chamameceros tradicionales.
Si no hay espectáculos de "jerarquía" como
la Sra. o Srta. Fernández menciona, se debe tal vez a que cuando
los hubo, como la murga o el teatro callejero de Adhemar Bianchi y el
Grupo Catalinas Sur, algunos vecinos presentaron una queja por ruidos
molestos y se los llevaron presos.
La pax romana que la entrevistada añora de su primera juventud
ya no existe, aunque algún dinosaurio la quiera aplicar en el
edificio donde vive. "El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos"
dice Silvio Rodríguez, y los cambios en la sociedad se dan de
todas maneras, a veces ruidosamente como en el anfiteatro.
Porque los sitios públicos son de libre acceso para todos, y
los lugares donde se restringe el acceso de las personas son privados,
y a cargo de ellos corre su mantenimiento. Un lugar exclusivo para "gente
como uno" pero pagado con los dineros del Estado es algo impensable
en la actualidad.
Atentamente
J.A.C. DNI 18.800.665