SI QUIEREN DAR LA VUELTA NO SE QUEDEN CON GANAS...

En San Telmo y sus alrededores N° 82

Septiembre 2005

 

Son parte del patrimonio de la ciudad. Llegaron en la *segunda mitad del siglo XIX y en 1891 comenzaron a fabricarse en el país. Se instalaron en espacios públicos, plazas, barrios y en terrenos cercanos a las estaciones de trenes. Alegraron a los más chicos a lo largo de generaciones. Desde que ganó la licitación en 1960, Ricardo Borrajo conduce todos los días en el parque Lezama una de las calesitas sobrevivientes.

En 1948 un carrusel llegó de la mano de Ramón Rojo al parque Lezama. Años después fue trasladado a Palermo y tras ganar una licitación, el 12 de octubre de 1960 el gallego Ricardo Borrajo instaló su calesita en el parque Lezama. Desde hace 45 años se lo encuentra todos los días que no llueve, trabajando en la boletería. La falta de movimiento de lunes a viernes, deja lugar los fines de semana a un desfile incesante de chicos, que revitalizan una vieja tradición.

El atractivo carrusel, que fue fabricado por Sequalino Hermanos, antes de llegar al Lezama funcionó durante ocho años en la esquina de Avenida San Martín y Mosconi. Tiene nueve caballos, tres llamas, tres tigres y tres perros, que suben y bajan, todos tallados en madera. Los chicos se pueden subir en uno de los cuatro cochecitos, volar en avión, disfrutar de la compañía de sus padres en dos bancos trabajados en los costados con bajos relieves o navegar en dos lanchas. En la cenefa se pueden apreciar motivos de Walt Disney como Donald, Mickey, el Rey León, así como póster de Garfield, Tweety y figuras de la serie Dibu. Un mundo de sueños que giran alrededor de llamativas ilustraciones.

En el carrusel del parque Lezama se filmaron escenas con la actuación de Carlos Andrés Calvo de la película “Flores robadas en los jardines de Quilmes”. También filmó Carlitos Balá y se hicieron comerciales de Coca Cola. Personajes como Oscar “pinino” Mas, Enzo Trossero, María Valenzuela, Arturo Puig y Selva Alemán y miles de vecinos y visitantes, pasaron por la calesita inmortalizada en el canto de las hinchadas de fútbol.

“No se hacen más calesitas. Mire el cortinado ¿Quién le hace ese trabajo ahora? Nadie. Ahora hacen hormas de caballitos con fibras de vidrio”, se pregunta y responde Ricardo Borrajo, que tiene 78 años y trabaja diariamente desde hace 45 en el mismo lugar. “Los anticuarios quisieron comprarme los caballos de madera, pero no acepté. Desde que tengo el carrusel la única refacción que le hice fue cambiar los caños de bronce y el piso. En algún momento tenemos que pasar pintura. Una vez vino una señora de Castelar de 52 años con sus nietos. Me saludó, pero yo no me acordaba porque los chicos cambian. Había venido cuando tenía 7 años”, comenta el calesitero.

La calesita está abierta todos los días que no llueve, de 10 a 12 y de 14 a 18.30 hs.
En 2002, tras el intento de un grupo inversor de instalar carruseles modernos y la preparación de licitaciones por parte de la Secretaría de Hacienda, la Subsecretaría de Patrimonio realizó un relevamiento, logrando que 26 de las 56 calesitas porteñas existentes, sean declaradas patrimonio cultural de la ciudad.

Si hasta hace unos años atrás las calesitas eran utilizadas por todos los niños, en los últimos años pasaron a ser un entretenimiento exclusivo de la primera infancia y un recuerdo imborrable de todos los argentinos. Las calesitas, nacidas mundialmente en el siglo XVII, persisten como esparcimiento de los chicos al sedentarismo, a las nuevas tecnologías y a los cambios postmodernos.

*Esta nota toma como fuente central el sitio web www.lascalesitas.com.ar que cuenta con información sobre la historia de las calesitas en el mundo, las calesitas en Argentina y las calesitas porteñas.

 

 

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