Febrero
2001
«Ella
está en el horizonte-dice Fernando Birri - Me acerco dos pasos,
ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre
diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.
Ventana
sobre la utopía. Las palabras andantes. Eduardo Galeano.
No
es la primera vez que este medio pone en conocimiento de los vecinos
del barrio de San Telmo, el proyecto, la lucha y las esperanzas
que las familias de Cooperativa Perú, fuimos construyendo desde
el año 1995 para ganar el derecho a vivir dignamente en nuestro
barrio: comprando nuestro techo, rehabilitándolo y también impulsando
otras propuestas para un San Telmo mejor.
Nuestra
herramienta principal es la organización, la participación, el esfuerzo
de cada uno y de todos, nuestra búsqueda para mejorar las formas
de convivencia, entre nosostros y como vecinos de este barrio.
No
ha sido y no es fácil. En estos años, nuestras condiciones de trabajo
han empeorado, y cada familia tiene que hacer cada vez más esfuerzos
para mantenerse en el día a día y encontrar dentro suyo una gran
voluntad, para además, poder seguir soñando y transformar los sueños
en concretos pesos ahorrados, que pueden parecer pocos, pero que
cuestan mucho, para comprar esta casa.
En
el barrio, además, nos miraban - y quizás muchos todavía nos miran,
mal. No ha sido fácil convivir con quienes, no haciendo más que
seguir los ejemplos que nos vienen desde los lugares de poder y
«éxito», se dedican a la cosa fácil, al sálvese quien pueda, haciendo
caja ( casi seguramente para otros que no viven en nuestras pobres
casas), a costa de las vidas y salud de los jóvenes sin esperanzas
que las buscan erradamente en un poco de droga... no ha sido fácil,
entender que vendedores y compradores de «falopa», lo que nos violentan
todos los días, nos amenazan, nos patotean y, cuando les conviene,
se hacen las «víctimas», son personas que, simplemente, han tomado
un camino de destrucción, a falta de mejores opciones claras, a
la vista.
Al
comienzo, quisimos compartir nuestra propuesta con todos y todas,
teníamos la ilusión de poder. Sin embargo, hoy sabemos que la sociedad,
el estado y las políticas deben cambiar mucho para que todos podamos
compartir. Por eso, aquellas pocas familias a quienes solemos llamar,
para simplificar la historia, «la gente de mal vivir», fueron expulsadas
de nuestra cooperativa. Para defender nuestras vidas, nuestra paz
y nuestros proyectos. Sin embargo, creemos que ellos también tienen
derecho a llevar una vida mejor y tener otras opciones para sus
vidas, que la violencia, la mentira y el delito.
Lo
que no tienen derecho, y no vamos a permitir, es a destruirnos,
a pisotear nuestro trabajo y a poner el cuerpo en el lugar de los
que no quieren que las miles de familias trabajadoras que tenemos
problemas gravísimos de vivienda y trabajo en esta ciudad, nos organicemos
para decir basta. Para vivir dignamente, tomando nuestras propias
decisiones y el control de nuestras vidas. Eso es la autogestión
y la estamos defendiendo.
Si,
como se dice, donde hay una necesidad hay un derecho, nosotros decimos
que la necesidad se dignifica a través del esfuerzo, la participación
y la organización.
No
somos pobrecitos, no somos víctimas, no somos cosas, no somos «fichas»,
no somos «papeles en un expediente». Somos personas que a través
de un camino cooperativo, comenzamos a decir basta, y a exigir el
compromiso del Estado para diseñar políticas acordes a nuestras
necesidades y, al mismo tiempo, responsables y eficientes en la
asignación de los recursos públicos, que son los recursos de todos.
Por
eso proponemos y peleamos la regularización dominial de Perú 770
y un Programa de Desarrollo Local en San Telmo. Por eso decimos
que en esta lucha, igual que los compañeros mexicanos queremos «para
nosotros nada ; para todos, todo.»
Sabemos
que nuestros proyectos son grandes, que - no sin temor- comenzamos
a liberar las preguntas que no tenemos que preguntar, y que eso
no nos es gratuito. Aprendimos, no sin trabajo, que la nuestra es
una piecita del rompecabezas y que el rompecabezas, aún en el barrio
de San Telmo, necesita de muchas y muchos de sus vecinos, del trabajo
conjunto con las organizaciones e instituciones barriales que también
quieren liberar las preguntas y buscar respuestas mejores a este
presente que nos toca vivir. Sabemos que no es nada fácil encontrarnos
y construir confianza, pero sabemos que inexorablemente hay que
intentarlo. Por eso estamos en el Movimiento de Ocupantes e Inquilinos,
en la Federación de Tierra y Vivienda y en la Central de Trabajadores
Argentinos. Por eso trabajamos con el Centro de Salud, con el CGP,
con la Jauretche, y estamos en todos los debates donde nos convocan.
Sin embargo, falta mucho más por integrarnos que lo poco que hemos
hecho.
Y
decimos todo esto, porque el 23 por la noche, nuestro salón cooperativo
fue violentamente intrusado, por una patota que ciertamente està
conformada por gente que conocemos. Nos rompieron todos los documentos,
fotos, afiches, paneles y hasta la agenda de nuestra presidenta.
... Podría parecer una «pelea entre pobres» más. Sin embargo, sabemos
que no todos los que están son los que piensan como hacer estas
cosas. Como no estamos aislados, también sabemos que hechos semejantes
están ocurriendo en distintos lugares y estamos convenidos de que
el objetivo, es viejo y conocido como la historia trágica de nuestro
país: destruir la capacidad de organización de nuestro pueblo. Y
que eso pasa aquí también, en el barrio de San Telmo.
Mientras
tanto, el Gobierno de la Ciudad, que aún es el propietario del inmueble
que habitamos, de inminente escrituración, tomará parte directa
en la resolución de este conflicto, apoyando en un todo la legitimidad
de la posición de la Cooperativa, por decisión directa del Sr. Jefe
de Gobierno Aníbal Ibarra, con la finalidad de garantizar su resolución
pacífica.
Cuando
nos invadieron violentamente, también rompieron la bandera de nuestra
organización. Pero nosotros, aún con miedo y mientras las familias
nos turnamos en nuestras guardias que acompañan la custodia que
nos asignó el juez y para evitar nuevos episodios de violencia,
nos dimos un tiempo para arreglarla y colgarla en el frente de nuestra
casa.
Porque
nosotros, la Cooperativa Perú, no bajamos nuestras banderas y, tampoco,
por cierto, no perdemos la alegría.
Por
último esperamos, próximamente, invitarlos a compartir los festejos
por la escrituración de nuestro inmueble, en nuestro salón cooperativo.
COOPERATIVA
PERÚ