En San Telmo y sus alrededores N°100

EN DEFENSA DEL PATRIMONIO DEL BARRIO

Un grupo de vecinos ex habitués del ex Bar Británico de San Telmo queremos contar que uno de sus ex dueños y empleados se presentó ante la justicia para reclamar su indemnización y su parte por la venta del fondo de comercio. Más que contentos, claro, porque en la esquina de Defensa y Brasil haya un bar, esperamos que las cosas se aclaren y que nadie quede en la calle. Porque, sí, queremos el bar y queremos a su gente, ese famoso patrimonio cultural.

Un grupo de vecinos ex habitués del Bar Británico de San Telmo y que participamos en la pelea porque no se cerrara, que se cuidara y respetara el patrimonio histórico y cultural (tangible e intangible), que nos sentíamos parte de ese lugar, queremos hacer saber que creemos que sí somos quienes para estar de acuerdo o no con la condiciones en las que se abrió el nuevo bar de la esquina de Defensa y Brasil, con el mismo nombre que el anterior.

Somos quienes porque, precisamente, y en eso nos apoya la ley, las personas hacemos el famoso patrimonio del que tanto se habla y en el que aportamos no sólo nuestra cotidianeidad sino nuestro dinero que apoya los subsidios y ayuda que reciben los bares notables de la Ciudad e Buenos Aires, por ejemplo.

Qué vemos en el barrio

Cuando todo esto comenzó, allá en marzo de 2006, el tema era defender un espacio que, creemos, al cerrar o reponerse colocando una careta que no permite que la gente esté informada (y por lo tanto, al no estar informada, no le permite ser libre), ya sabíamos que se trataba, y se trata, de un conflicto comercial.

Sin embargo, este conflicto comercial es parte de lo que sucede con el Casco Histórico de la Ciudad.

Creemos que suele confundirse crecimiento con atropello. Si un sitio pierde su esencia porque el mercado presiona para que así sea y nos callamos porque no es políticamente correcto decir que no estamos de acuerdo, estamos apoyando ese atropello que, a mediano o largo plazo, correrá en contra de todos. Incluso, de los mismos que promueven ese atropello, aunque quizá (y ojalá) sin desearlo.

Amamos este barrio y amamos verlo con nuevos lugares a donde ir, gente nueva mostrando qué sabe hacer, más oferta cultural y de ocio. Pero claro, como en cualquier casco histórico del mundo, deseamos que se respete la esencia de ese barrio que dio origen a que hoy esté entre los cuatro más visitados por los turistas.

Aquí conviven el almacén que todavía da fiado en la libreta con el negocio de lámparas más colorido y moderno. El arte moderno con las antigüedades. Los bares de la década del ´40 con los que invitan a sus living de puf minimalistas. Y eso nos gusta. Eso es lo que nos hace vivir acá. Amar este lugar.

También convivían familias de medianos recursos con otras de bajos recursos, y todos, ni más ni menos que todos, eran los habitantes de San Telmo.

Poco a poco, si bien la pobreza se esmera en no desaparecer ni bajar de su número estadístico, de San Telmo desaparecen los conventillos, los hoteles para familias y, además, poder consumir en este barrio se ha hecho más que difícil, incluso, para quienes tenemos un ingreso medio.

Los inmuebles para vivienda o comercio son inaccesibles y eso tiene una lógica.

Entonces, por un lado, se dice que San Telmo crece, se desarrolla. Pero, por otra parte, si los viejos se mudan, si los comercios que sostuvieron el barrio durante años tienen que bajar sus persianas, si un diseñador de moda u objetos debe pagar fortunas por un alquiler a la calle y por lo tanto poner sus precios a ese nivel de fortuna, si detrás de las fachadas históricas y bellamente arquitectónicas y únicas se esconden paredes de veinte centímetros, si se deja venir abajo un edificio como los “Patios de San Telmo” (en pasaje San Lorenzo, que está a la venta hoy) para luego venderlo con razón: se venía abajo y se desaloja a sus habitantes, si nos tapan el pulmón de la Costanera Sur para hacer torres de tanta altura como mentira, si los espacios verdes ya no son disfrutables, si pensamos tres veces antes de ir a comprar al viejo y lindo mercado... ¿es crecimiento?

Los habitantes o los espectadores

El barrio más antiguo, uno de los más bellos, ya casi sin gente “golondrina” como gustan llamar algunos, con pocos “morochos problemáticos” (como también gustan llamar) deambulando por sus calles, se convirtió en uno de los más sucios de la ciudad. ¿Dónde está el problema, entonces? ¿Cuánta gente debe sufrir y cuánta cultura y esencia debe perderse para que aprendamos? ¿Se aprende, o sólo miramos como meros espectadores cómo las cosas suceden pensando que no podemos interceder porque es el cambio “natural” de la vida? ¿Natural?. Todo esto no parece ser natural. Todo tiene su planificación, incluso, la mismísima miseria.

El Bar Británico y uno de sus ex socios ante la justicia

Este es el barrio que amamos. Y en ese barrio que amamos, sucede que “el Bar Británico reabrió”, según dijeron los medios y tuvimos nuestro final feliz para una historia bellamente amarilla.

Claro que estamos contentos de que allí se abra un bar e, incluso, debate aparte, similar al anterior en su estética. Sabíamos que allí no se abriría un cybercafé. Siempre lo supimos. Quizá ese discurso fue el que se usó para que luego pasara desapercibido lo que está pasando desapercibido: que ese bar no es el mismo, no el Británico que supimos conseguir porque, legalmente, las cosas no se han hecho del todo bien.

El Bar Británico perteneció durante unos 50 años a una sociedad de hecho. De tres personas. Los famosos tres gallegos: Moñones, Trillo y Manolo. A ellos les alquiló el papá del actual dueño y heredero del local, Juan Pablo Benvenuto, esa esquina durante muchos años.

Como en cualquier comercio y sociedad habrá habido amores y controversias entre sus tres socios. El punto es que luego de que clausuraran el bar, el viernes 23 de junio de 2006, y de idas y venidas, causas legales, jueces que decían que ese lugar debía ser protegido especialmente –el lugar y su gente-, las cosas no fueron del todo felices.

Estuvo cerrado y se reformó. El dueño del local, Juan Pablo Benvenuto llegó el día de la clausura seguro de pasar el bar a un amigo y comerciante, Agustín Souza, para que lo administrara.

Y era su derecho, claro. Pero, su derecho siempre y cuando todos los empleados hayan sido indemnizados y cuando, de usarse el mismo nombre, los tres ex socios hayan cobrado por el usufructuo de ese nombre comercial.

Hoy, nos enteramos y vimos las presentaciones legales que Manolo Posse, ex mozo y socio de aquél bar, hizo ante la justicia.

Qué reclama

Manolo Posse se presentó judicialmente mediante dos vías: la laboral y la comercial.
En la vía laboral demanda por no haber sido parte de la decisión para que la sociedad se disolviera y, por lo tanto, reclama su indemnización.

En la vía comercial reclama su parte del fondo de comercio que, por ley, le corresponde si se vende o se disuelve el mismo sin recibir lo que le corresponde.

Quizá con otras personas sí se haya llegado a un acuerdo pero ese no es el punto y sí, en cambio, estar atentos, como vecinos y sociedad parte del patrimonio cultural, a que si luchamos por esa esquina que hoy, felices, podamos tomar un café o una ginebra allí sabiendo que no se le debe nada a nadie. Que por el uso de ese nombre y lugar se le pagó a quienes correspondía pagarles y que no se dejó a gente en la calle.

Concretamente, Manolo hizo sus presentaciones contra los dueños del bar –local- y sus administradores, y ante sus ex socios para saber qué pasó allí. Ante la justicia, quiere aclarar por qué se cerró el lugar cuando él no estaba de acuerdo, por qué no formó parte de la firma de disolución de la sociedad y por qué no cobró, como empleado que era, ni como dueño que era.

Las audiencias judiciales se están realizando en estos días (28 de febrero y 2 de marzo de 2007).

Nosotros no decimos ni decidimos ni acusamos. Sólo entendemos que nos asombra que haya cruces legales. Cuando sepamos que las cosas son claras, que no hay nadie que reclama lo que no recibió, cuando la justicia nos demuestre que como en todo negocio cada cual tiene su parte y que los tres gallegos y todos los empleados recibieron lo que les corresponde, podremos brindar tranquilos y festejar que el Británico exista.
Porque entendemos que cada uno es dueño de su local y que sus actuales dueños actuarán de buena fe.

Y porque, además de ser un negocio privado, es un bar notable. Y notable lo hicimos todos.

Grupo de vecinos ex habitués del ex Bar Británico.
Mail: habituexbritanico@gruposyahoo.com.ar

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