PRESERVAR
Y RECUPERAR ESPACIOS VERDES
En
San Telmo y sus alrededores Nº 9
Enero
1998
La
Ciudad de Buenos Aires se encuentra cada vez más contaminada, un índice
claro son los registros de medición de monóxido de carbono que se realizan
diariamente en Talcahuano y Corrientes en los cuales, exceptuando los
meses de enero y febrero que son los que tienen menos tránsito, se supera
diariamente el máximo que tolera el organismo humano de acuerdo a los
parámetros determinados por la Organización Mundial de Salud. El plomo
atmosférico, generado mayoritariamente por los escapes de automóviles,
constituye probablemente la principal amenaza ambiental para los cerebros,
el sistema nervioso, la salud y la vida misma de los habitantes de las
grandes ciudades. Dificultades de aprendizaje en los niños, retrasos
mentales y trastornos en la memoria, son algunas de las consecuencias
que provoca el exceso de monóxido de carbono.
Frente
al notable aumento de automóviles en la ciudad, se tornan indispensables
medidas tendientes a descomprimir el caótico tránsito y controlar la
contaminación. Cuidar los espacios verdes, pulmones de cualquier urbe,
es una tarea pendiente que es fundamental para cuidar nuestra salud
y la de las próximas generaciones. Pese al consenso en el diagnóstico
que marca la urgencia de darle prioridad a la extensión de los espacios
verdes, en ciertas ocasiones se percibe una política ambigua y de doble
discurso por parte de los gobernantes. Esto se puede observar en los
hechos y en ciertas obras que se están realizando, como por ejemplo
la construcción de una enorme playa de estacionamiento en la 9 de Julio
o las propuestas que tienen como objetivo la búsqueda de "modernización"
de la zona Sur mediante la construcción de edificios y oficinas al por
mayor.
Hace
unos meses el Gobierno de la Ciudad decidió que en el enorme espacio
del ex albergue Warnes, se construya el próximo shopping, junto con
una playa de estacionamiento, en vez de dedicar íntegramente el predio
a la construcción de un parque; otra propuesta peligrosa es la de que
la autopista pase por la Reserva Ecológica (cabe recordar al respecto
que, en años anteriores, se produjeron en el lugar más de doscientos
incendios intencionales vinculados con la posibilidad de usufructuar
los terrenos para que se construyan propiedades, que diezmaron las especies
de la Reserva). Si se concreta este plan, será un enorme golpe a uno
de los pocos espacios verdes que nos quedan a los porteños. Apoyado
por fuertes intereses de las inmobiliarias que tienen propiedades en
Puerto Madero, el plan consiste en que la próxima autopista que unirá
La Plata con Capital, no pase por la Av. Alicia Moreau de Justo (la
principal de esa zona), sino por el área de la Reserva, que se transformaría
en un parque artificial con áreas explotadas comercialmente.
En
los últimos años en Capital Federal, por mezquinos intereses comerciales
se han reducido los espacios verdes. Un ejemplo claro es lo que ha pasado
en los bosques de Palermo, que pasaron de tener casi 700 hectáreas a
contar solamente con 150. La gran devastación comenzó en los 60:
concesión del Italpark; ampliación del Aeroparque; estacionamiento de
tres plantas de hormigón frente al hipódromo; Club Alemán de Equitación;
construcción de colegios, liceos privados y embajadas. En los 70,
80 y 90, la liquidación de espacios verdes continuó con
las llegadas de ATC; el Velódromo; el Parque Jorge Newbery; clubes deportivos
y playas de estacionamiento. Por otro lado también se destruyó la Costanera
con la creación de boliches, restaurantes y polideportivos, que han
hecho que sea prácticamente imposible para los porteños mirar el Río
de la Plata sin pagar. Durante la gestión del ex intendente Grosso,
algunas zonas cubiertas por parques (como la ubicada en los alrededores
de Plaza Francia), también fueron utilizadas para construir shopping.
¿Quedarán
sólo en los discursos las múltiples promesas del gobierno de la Ciudad
de proteger el medio ambiente? En algún lugar perdido alguien reflexionó:
"Cuando se haya talado el última árbol; contaminado el último río;
muerto el último pez y el último pájaro, entonces se darán cuenta de
que ningún humano puede comer el dinero".