DEROGAR
LA IMPUNIDAD PARA CONSTRUIR EL PORVENIR
En San Telmo y sus
alrededores Nº 10
Febrero
1998
El
año comenzó con una propuesta audaz. Fue la presentación parlamentaria
hecha por algunos integrantes de la Alianza, consistente en derogar
las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. El terrible período de
la última dictadura militar dejó, entre otros resultados nefastos, la
pérdida tras una guerra inútil de las islas Malvinas; una monumental
deuda externa que recae sobre todos los argentinos; la destrucción de
una parte importante de la industria nacional; la concentración económica;
la censura constante a casi cualquier tipo de expresión y constantes
violaciones a los derechos humanos, cuyo resultado más trágico fueron
la construcción de más de trescientos campos de concentración (San Telmo
tuvo muestras de horror, entre las calles Paseo Colón, San Juan, Cochabamba
y Azopardo, funcionó el campo clandestino de detención denominado "El
Club Atlético"), y el secuestro, tortura, desaparición de alrededor
de diez mil personas, según el informe del "Nunca Más", o
treinta mil, según el registro de las Madres de Plaza de Mayo.
Durante
la última dictadura, otros miles de argentinos tuvieron que exiliarse
del país al correr riesgo sus vidas.
El
cinismo, la corrupción y la falta de escrúpulos del aparato militar,
indujo a los perpetradores del genocidio, a apropiarse del dinero, bienes,
e inmuebles de los secuestrados, los desaparecidos y los asesinados,
y a abrir cuentas secretas en Suiza, para poner a buen recaudo el producto
de sus robos.
Después
de años de pertinaz negación, la verdad se abrió camino de una manera
ya imposible de ocultar: después de las admisiones de Antonio Pernía
y Juan Carlos Rolón y las confesiones de Adolfo Scilingo sobre los vuelos
de la muerte, las recientes declaraciones de Alfredo Astiz (que obtuvo
ascensos en las fuerzas armadas luego de la Obediencia Debida), sacudieron
a la sociedad. Sin escrúpulos declaró a la revista Tres Puntos, entre
otras cosas, que en su carrera militar lo habían adoctrinado para matar,
que podía hacer desaparecer a un político, a un periodista o a quien
sea. Los vuelos de la muerte, en los cuales arrojaban al mar a los detenidos
de la ESMA, ya habían sido aceptados por el arrepentido Scilingo en
el ´95.
Como
parte de su historia de proyectos desafortunados, el presidente propuso
hacer un monumento a la reconciliación en la Escuela de Mecánica de
la Armada. En otros países, los crímenes de lesa humanidad siguen siendo
condenados sin que pueda oponérseles la prescripción. Por dar un ejemplo,
el año pasado Italia, después de más de cincuenta años, pidió la extradición
de Erich Priebke, quien vivía en Bariloche y participó en la Segunda
Guerra Mundial para el ejército nazi. Se lo juzgó y fue condenado a
prisión por sus asesinatos. En Francia se está juzgando al genocida
Maurice Papon. Sobre el horror del genocidio, en Alemania se construyó
el Museo del Holocausto, que cumple el papel de recuperar la memoria
para no olvidar y no repetir un período nefasto del pasado.
Lamentablemente,
si bien según encuestas recientes publicadas por "La Nación",
el 78.4 % de los entrevistados se manifestó en contra de la ley de Obediencia
Debida, en nuestro país los parlamentarios rehuyen al debate.
Los
tratados de derechos humanos incorporados a la Constitución establecen
que los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado son imprescriptibles.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de
Estados Americanos, concluyó que las leyes de Punto Final y Obediencia
Debida violan convenciones vinculantes a las que nuestro país adhirió.
No
se puede construir una verdadera democracia si no hay respuestas frente
a los crímenes impunes. En la actualidad hay más de trescientos jueces
que aceptaron la legalidad de la dictadura y siguen cumpliendo funciones
sin cuestionamientos de ningún tipo.
El
poder económico que apoyó a las fuerzas armadas no ha cambiado y los
políticos, le prometen no supervisar ninguna de las medidas corruptas
que los favorecieron, no revisar el pasado, no dar marcha atrás porque,
se alude, atentaría contra la "seguridad jurídica".
El
argumento que se reproduce siempre, es que hay que mirar para adelante
sin cuestionar nada de lo que se hizo en el pasado. Los militares cumplieron
la tarea sucia de destruir a los movimientos sociales que cuestionaban
a un plan económico que desfavorecía a los sectores populares.
La
Obediencia Debida a los dueños del poder económico, es uno de los problemas
mas terribles de la sociedad contemporánea. Los dirigentes que lograron
consenso criticando negociados, estafas, actos de corrupción y políticas
de concentración del ingreso, una vez cerca del poder empezaron a hacer
guiños para el establishment.
La
errónea idea de construir un presente ético y moral distinto, sin hacerse
cargo de las causas, actitudes y prácticas que llevaron al deterioro
del actual, facilitan la reproducción de la corrupción y de la idea
del todo vale tan nefasta en cualquier sociedad.
Hay
responsables por los errores, omisiones, descuidos y barbaridades que
han contribuido a la pérdida de esperanzas de buena parte de la población
sobre el futuro.
Hay
actos que no se pueden dejar de pasar por alto, que tienen que ser necesariamente
observados si se quiere construir un futuro sobre la base de valores
que no respondan a la lógica pragmática vigente en la que no importa
cómo, ni bajo qué métodos se consiguen las cosas.
El
pasado no es (como pretenden a menudo los reaccionarios), un ayer sobre
el cual condolerse con nostalgia. Por el contrario, es el dato indispensable
para comprender el presente. Constituye, además, si nos hacemos cargo
de él, si aprendemos de las tragedias que lo tuvieron como testigo para
enmendarlas de una vez por todas, categóricamente, el cimiento firme
sobre el cual edificar el porvenir.