RECUPERAR
LA CALLE: INCLUSION Y PARTICIPACION A TRAVES DEL CARNAVAL
En
San Telmo y sus alrededores Nº 11
Marzo
1998
Desde
hace un tiempo un conjunto de hechos que tuvieron como protagonista
a la gente movilizada, en la calle, permiten reflexionar acerca de la
importancia que ésta tiene como lugar de encuentro y manifestación popular.
Después
de gozar de impunidad el clan Saadi, las más de cien marchas de silencio
en Catamarca, influyeron para que se hiciera por fin justicia en el
crimen de María Soledad Morales.
Anteriormente,
la movilización popular había impedido que quedara sin castigo el asesinato
del conscripto Carrasco, y las infinitas voces reclamando responsables
en la muerte de José Luis Cabezas, forzaron cambios profundos en la
policía bonaerense.
Es
que cuando el pueblo pierde el miedo, reclama y se expresa públicamente,
tiene mayores posibilidades de ser escuchado y atendido en sus reclamos.
Recuperar
la calle como lugar de expresión y de encuentro, contribuye a salir
del encierro individual para sumergirse en un sentir colectivo en el
cual la gente se comunica y comparte con sus pares sus vivencias. Cuando
la gente sale a la calle hay posibilidad de cambios, porque se facilita
el paso a una mirada activa, superadora de la pasividad cotidiana.
También
el carnaval forma parte de ese protagonismo. Es interesante resaltar
las distintas implicancias que ha tenido su vuelta al barrio. Uno de
los aspectos que merecen rescatarse en esta fiesta, en contraste con
otros acontecimientos en los que se manifiestas expresiones culturales,
es que en ella hay más actores protagonistas y menos espectadores.
Es
importante observar la contraposición entre distintos modelos culturales.
A comienzos de los 90, durante la gestión de Grosso se contrató
a Pavarotti para un espectáculo al aire libre por un costo alrededor
de 700.000 dólares (¡sí, setecientos mil dólares!). En la realización
de ese evento se gastó una fortuna para que una multitud pasiva admirara
a un solo artista. Es un estilo de práctica cultural opuesto al que
ofrece el carnaval popular. Podemos reflexionar acerca de qué modelo
de participación se estimula en uno u otro caso. En el modelo social
dominante es frecuente observar una selecta minoría de superestrellas,
que ocupan un lugar privilegiado, elevadas a un imaginario trono por
los medios de comunicación masivos.
En
el carnaval que observamos en la plaza Dorrego, organizado por instituciones
locales integradas en la Red Solidaria San Telmo-Montserrat (también
hubo en otros barrios), la variedad de participantes ofreció un color
especial. Intervinieron murgas de distintas zonas, como San Telmo, Montserrat,
La Boca, Barracas, Villa Urquiza o Lugano. Algunas comparsas fueron
tan pintorescas como sencillas en su infraestructura. Una de las características
llamativas de las murgas, es que sus integrantes traspasan generaciones.
Podemos encontrar sin exclusiones niños, jóvenes o personas mayores.
Se observan muchas familias que transmiten su pasión de generación en
generación.
Frente
a una sociedad que estimula el consumo y el tiempo productivo, nos encontramos
con partícipes que, sin buscar réditos ni beneficios económicos, dedican
tiempo y entusiasmo a la realización de la fiesta, que trabajan por
el puro disfrute . En este carnaval pudo verse el resurgir de un fenómeno
que parecía perdido, pero estaba sólo escondido: la vuelta al barrio
de esta fiesta popular. Se vieron desde murgas con un notado trabajo
previo, hasta otras en formación o de principiantes. Pero en todos los
casos es destacable la espontaneidad y la posibilidad de expresarse,
sin los condicionantes económicos, que tanto han limitado últimamente
a las manifestaciones artísticas populares.
Últimamente
la sociedad se ha acostumbrado a la necesidad de buscar fines prácticos
y utilitarios en cada acto. La lógica del mercado, como regulador y
guía de cada acto humano, ha adquirido una fuerza tal que ha transformado
las relaciones sociales al punto de exigir rendimientos productivos
y resultados en cada hecho o manifestación.
En
esta ocasión vimos, en cambio, otros principios y un hecho destacable:
la recuperación de un espacio público -en este caso fue la plaza Dorrego-
como lugar de encuentro y expresión de vecinos convertidos, aunque sea
por pocos días, en protagonistas de su fiesta, más allá del rol de consumidores
pasivos que pretenden asignarle el mercado y quienes lo sirven como
si fuera lo único en la vida que vale la pena.