En San Telmo y sus alrededores N° 112


SALVAJE LOCK OUT PATRONAL

Desabastecimiento, espectaculares incrementos en los precios de alimentos indispensables para la comida diaria de todos, derrame de leche en las rutas argentinas, cortes y bloqueos en las rutas, escraches y ataques que en algunos casos terminaron con hospitalizados, son las expresiones violentas de un conflicto de sectores particulares mal denominados por la mayoría de los medios de comunicación como “el campo”, en protesta contra un incremento en las retenciones a la soja que recorta sus extraordinarias ganancias.
Los productores de soja que se ven perjudicados por la resolución 125 que incrementa de un 28 a un 35 por ciento las retenciones, son una ínfima minoría de los habitantes del campo. Se calcula que con las maquinarias actuales, con dos empleados alcanza para trabajar 500 hectáreas de soja.
El proceso de sojización expulsó del campo desde los años ´90 hasta la actualidad a centenares de miles de campesinos y Argentina corre el riesgo de que en unos años se transforme cada vez más dependiente del precio de un cultivo. La tonelada de soja este año superó los 500 dólares y se incrementó a más del triple en la última década. Si se suma los beneficios para los exportadores de la salida de la Convertibilidad, aparece un escenario en que una minoría que incorporó tecnologías de última generación y que suele conducirse en camionetas 4 x 4, consiguió siderales ganancias.
Según la revista Márgenes Agropecuarios de junio, la más reconocida entre los productores con un tiraje de más de 50 mil suscriptores, un campo de 200 hectáreas en el norte de Buenos Aires o en el sur de Santa Fe, produce 539 dólares de ganancia por hectárea. Quiere decir que quien cuenta allí con 200 hectáreas, tiene un ingreso por cosecha de más de 100 mil dólares. En la región pampeana el precio de una hectárea de soja supera los 10 mil dólares.
La Federación Agraria Argentina, que nació como representante de los pequeños productores y chacareros con una revuelta contra el aumento de los arrendamientos denominada “El Grito de Alcorta” en 1912, plantea que solamente paguen más retenciones los que producen más de mil hectáreas de soja. Quiere decir que en nombre de la defensa de los “pequeños productores”, se plantea que solamente paguen más impuestos quienes ganan por cosecha más de 500 mil dólares y tienen tierras por valor de varios millones de dólares.
Del aproximadamente medio millón de habitantes que vive en el campo argentino, hay alrededor de 80 mil productores de soja.
El proceso de sojización provocó la tala de millones de hectáreas de bosques y desplazó en los últimos años a millares de familias de pueblos originarios, que en muchos casos pasaron a integrar la fila de desocupados e indigentes de las grandes ciudades. Por otra parte, redujo la producción de otros cultivos, ya que la extensión de la soja es en detrimento de la ganadería y de la producción agrícola. Mientras hace 25 años la soja ocupaba el 10 por ciento de la tierra argentina, ahora cerca del 60 por ciento de las tierras del país se destinan a su plantación, con lo cual en los últimos años está en riesgo la diversidad y la soberanía alimentaria.
La consecuencia de la baja de las retenciones es la suba de los precios en los alimentos, porque a los productores les conviene exportar y embolsar más dólares que vendiendo en el mercado interno. Subir las retenciones a la soja y bajársela a otros cereales como el trigo y el maíz –así lo establece la resolución 125-, puede estimular a los productores a no hacer depender cada vez más al país del precio internacional de la soja.
Sin embargo, la protesta encabezada por los mismos sectores rurales que apoyaron todos los golpes de Estado en la Argentina –como La Sociedad Rural y la Confederación Rural Argentina- junto a la Federación Agraria Argentina y CONINAGRO, consiguió en base a la manipulación informativa de la gran mayoría de los medios de comunicación, presentar como “víctimas” del incremento de las retenciones a quienes obtienen fabulosas ganancias. Para ello omitieron la realidad de la gran mayoría de los campesinos y la existencia de las entidades del campo contrarias a la sojización, como el Movimiento Campesino de Santiago del Estero, el Movimiento de Mujeres Agrarias en lucha, el Movimiento Campesino de Formosa o Vía Campesina, entre muchas otras organizaciones campesinas.
Al rol jugado por la mayoría de los medios masivos se suma el oportunismo de buena parte de la oposición. Aún cuando en muchos casos sus dirigentes se definen como progresistas, populistas o de izquierda, en este conflicto acompañaron a los sectores de mayores ingresos para buscar que se debilite el gobierno y sacar provecho político.
Pocos medios informaron acerca de cuáles son los verdaderos costos y las verdaderas ganancias de los productores sojeros. Los errores del gobierno y la astucia de la “mesa de enlace” para conseguir apoyos no solo de los sectores de altos ingresos sino también de buena parte de la clase media, no hacen más que poner en riesgo -como sucedió en otras ocasiones en la historia Argentina-, la gobernabilidad por la presión del poder económico.



 

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