BARRERAS
DIVISORIAS
En
San Telmo y sus alrededores Nº 12
Abril
1998
Hace
un año comenzamos En San Telmo y sus alrededores. El proyecto,
con el apoyo de los lectores, se ha transformado en uno de los pocos
espacios de expresión e información vinculados al barrio. A través de
los sucesivos números hemos procurado dar cuenta de lo relacionado con
la historia y la actualidad de esta zona.
Este
emprendimiento y el constante crecimiento de esta publicación, han sido
posible por el interés de los vecinos y el auspicio de los comerciantes
del barrio. Este número lo celebramos con más páginas que incluyen el
primer suplemento especial del periódico: El ConSentido.
En
épocas de plena globalización, rescatar y revalorizar las expresiones
y vínculos locales es un intento de evitar que se pierda la necesaria
pluralidad de voces. La búsqueda de la diversidad, en este caso relacionada
a un medio de comunicación, es un pequeño avance para contrarrestrar
al proceso de concentración económica que se está dando en casi todos
los ámbitos.
Informar
sobre noticias locales es uno de los objetivos que En San Telmo y
sus alrededores se propuso a lo largo de su primer año. Por supuesto,
no se puede ignorar que el barrio está inserto en un contexto social
que nos afecta a todos. En la integración en el barrio, se hace posible
establecer vínculos y observar realidades relacionadas con el presente.
Esa cotidianeidad, las vivencias y los sentimientos colectivos pocas
veces son escuchados o interpretados por los poderes públicos.
El
resultado es exclusión y apatía. Hay una contradicción entre los múltiples
discursos de dirigentes que estimulan la participación y la falta de
respuestas cuando ésta se produce. Lamentablemente, esto produce escepticismo
en buena parte de la población. Un efecto es la pérdida de identidad
y no sentir como propios símbolos colectivos. En contraposición se busca
imponerlos, no por el convencimiento sino por barreras divisorias.
Ultimamente
el gobierno de la Ciudad se ha encargado de enrejar árboles, plazas
y parques. En San Telmo lo podemos observar en la plaza de San Juan
y Tacuarí y en el Parque Lezama. Juegos y bustos han sido puestos en
prisión (¿Cuál habrá sido su delito?). En otras partes de la Ciudad
directamente se enrejó toda la entrada, como en la plazoleta Roberto
Arlt. Argumentando la falta de cuidado y la destrucción -provocadas
entre otras cosas por pintadas o robos- , se ha decidido "encarcelar",
cercando con fierros, espacios públicos.
Estas
rejas son un símbolo nefasto de la sociedad: sin imaginación para buscar
otras soluciones, dividen lugares y monumentos que fueron construidos
para el disfrute de todos. Ponen obstáculos al acceso. Generan distancia
entre las obras (puestas o construidas en su origen con la idea de que
sean integradoras y creen un ámbito de pertenencia e identidad) y la
gente. A partir de ahora, los habitantes ven "obras presas"
en vez de creaciones artísticas ilustres.
En
defensa del Parque Lezama, un grupo de vecinos se ha opuesto, juntando
firmas, al enrejamiento total de uno de los espacios verdes más importantes
de la ciudad. Su accionar ha frustrado, por el momento, la iniciativa
consistente en limitar la entrada al parque en determinados horarios.
Lo
que ocurre en el país y en el mundo inciden, en mayor o menor medida,
en la ciudad, en el barrio y en sus habitantes. Las medidas públicas
tomadas por economistas, tecnócratas y funcionarios de turno, afectan
al conjunto de la población. Muchas veces desde el oficialismo, siguiendo
las recetas del poder económico, se niega, se desconoce o no se ofrecen
respuestas a problemas que afectan a amplias capas sociales. Mientras
las continuas "inspecciones" para observar el rumbo de la
economía siguen exigiendo mayor ajuste para solucionar el déficit fiscal,
los efectos de estas políticas se hacen sentir y generan persistentes
reclamos.
Un
claro ejemplo es el que vienen dando los docentes: desde hace un año
la Carpa Blanca instalada en el Congreso es un símbolo del descontento
social. Casi todo el pueblo apoya a los maestros y la multitudinaria
movilización que se realizó en el mes de marzo para defender la dignidad
de la educación, es una clara señal de que las demandas sociales no
están siendo del todo acompañadas por los legisladores. La masiva marcha
de apoyo mostró que la desmovilización y la indiferencia son relativas,
que cuando la sociedad percibe la justicia de una causa no se aburre
de ella ni la abandona. Esperemos que los dirigentes interpreten los
sentimientos de la gente y obren en consecuencia, que se den cuenta
que la historia continúa con o sin ellos porque la hacemos entre todos.