Y
DE VEZ EN CUANDO... UNA BUENA NOTICIA
En
San Telmo y sus alrededores Nº 17
Noviembre
1998
El
pedido de extradición de Pinochet presentado por el juez Baltasar Garzón
(el mismo que investigó al traficante de armas Monser Al kassar, al
terrorismo de la ETA y a los funcionarios del anterior gobierno español
que utilizaron procedimientos ilegales para combatirla), reabrió el
debate sobre el pasado reciente en América latina.
Las
constantes violaciones a los derechos humanos en Chile, tuvieron como
efecto la desaparición de alrededor de 3.000 personas. El dictador trasandino
dejó al finalizar su régimen un país con profundas desigualdades sociales
y una transición hacia la democracia totalmente restringida, a la que
le impuso que lo aceptara como senador vitalicio.
España,
Suiza y Francia, reclaman juzgar al general por crímenes contra ciudadanos
de sus países durante su régimen. Son importantes avances en el intento
de establecimiento de tribunales internacionales para el juzgamiento
de crímenes de lesa humanidad.
Es
cínica la defensa del genocida con argumentos a favor de la "libre
determinación de las naciones", cuando él en su momento ordenó
el secuestro, la tortura y la desaparición de ciudadanos sin importar
su nacionalidad, aunque -valga aclarar- jamás pueden justificarse tan
aberrantes procedimientos. La invocación al patriotismo para justificar
secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos, con su vileza, permite
apreciar cabalmente el sentido de la conocida afirmación de Oscar Wilde:
"el nacionalismo es el último refugio de los canallas".
El
mundo está viviendo en estos momentos la paradoja consistente en que,
al tiempo que el descreimiento en la justicia es cada vez mayor, la
impunidad militar enfrenta el riesgo de ser sancionada. Por una vez
uniformados manchados de sangre tienen que hacer frente a los tribunales.
Hace
25 años Pinochet derrocó a un gobierno elegido democráticamente. Sus
hombres no tuvieron problemas en asesinar al entonces presidente Allende,
ni en usar al estadio nacional de Santiago como un centro de detención.
Hoy
la hija del ex presidente chileno junto con el hijo del también asesinado
ex canciller Letellier, claman en el exterior la justicia que no encuentran
en su país.
El
dictador jamás amagó siquiera con cuestionarse su sangrienta gestión.
Por el contrario, siempre reivindicó su accionar impune, al punto de
declarar feriado nacional el día del golpe de estado. Hasta hace unos
días su figura era intocable y quien se manifestaba en su contra sufría
la represión de las fuerzas de seguridad. Abanderado de la muerte y
"profeta" de las clases pudientes en su tierra, sus días de
gloria parecen haber pasado. Más allá del fallo, es probable que antes
de emprender otro viaje al exterior lo piense varias veces.
En
Argentina, en los últimos meses por fin se procesó a Videla -por el
secuestro y robo de bebés de detenidos desaparecidos durante la última
dictadura militar- y en los próximos días puede llegar el turno de Massera
por la saludable iniciativa de los jueces Marquevich y Bagnasco.
Hay
quienes no quieren recordar al pasado, pero una de las causas de las
dificultades del retorno a la democracia es la impotencia para hacer
frente a poderes autoritarios e impunes. Los políticos de los partidos
mayoritarios parecen actuar conforme una peligrosa premisa implícita:
"De eso no se habla".
Frente
al caso Pinochet, silencio; ante los hechos de corrupción de las gestiones
anteriores, poca voluntad de investigación y, desde el oficialismo,
una vergonzosa inclusión en el parlamento de dos senadores que no fueron
elegidos por sus provincias, un claro atentado contra la democracia.
Son distintos síntomas de miedo y autoritarismo, que perduran de épocas
pasadas y vuelven. Cerramos este editorial con otra cita, en este caso
inquietante: "Los pueblos que olvidan su pasado están condenados
a repetirlo".