INMIGRACION, DISCRIMINACION Y XENOFOBIA

En San Telmo y sus alrededores Nº 19

Febrero 1999

El temor a una crisis económica derivada por el desastre financiero de Brasil, impulsó a ciertos sectores del gobierno a desviar la atención empeñándose en realizar una campaña tendiente a dificultar la llegada de inmigrantes.

Las campañas en contra de los inmigrantes tienen una larga historia. A comienzos del siglo se sancionaron "leyes de residencia" por las cuales cualquier protesta de los ciudadanos extranjeros (aunque en 1914 representaban al 30 % de la población), era motivo suficiente para expulsarlos.

En esta oportunidad, las posturas oficiales tuvieron distintos matices. Un sector argumentó su defensa frente a la explotación encubierta y el trabajo en negro, que genera condiciones de vida cercanas a la esclavitud. Otro sector defendió la propuesta de leyes más restrictivas argumentando que hay que defender el derecho al trabajo de los argentinos.

Más allá de los discursos oficiales, las medidas concretas implican un incremento de los obstáculos para quienes quieren llegar a nuestro país.

Para poder ser inmigrante legal, la legislación actual exige residencia y trabajo. Pero quienes alberguen o empleen a inmigrantes ilegales pueden sufrir multas que van de los $ 500 a los $ 50.000.

A principios de los ’90 la Unión Obrera de la Construcción, empapeló la ciudad con afiches xenófobos que anunciaban: "que no nos roben el pan nuestro de cada día". Mientras se preocupaban por controlar la llegada de los extranjeros, el gobierno nacional aprobaba las leyes laborales que trajeron como consecuencia un aumento en los accidentes de trabajo. Los extranjeros representan en nuestro país según las últimas estadísticas del INDEC, solo al 5 % de la población, una de las cifras más bajas del siglo.

Hace algunos años dos figuras célebres vinculadas al oficialismo tomaban estado público: los ciudadanos sirios Ibrahim Al Ibrahim y Monzer Al Kassar. Ambos ingresaron como turistas y al poco tiempo empezaron a trabajar, una situación prohibida por las leyes de inmigración. Sin embargo, el gobierno en aquella ocasión, sí defendió a sus amigos ilegales acusados de venta de armas y tráfico de drogas.

Suele ocurrir que las acusaciones por delitos menores desvíen problemas mayores. Pero si además se agregan datos confusos y contradictorios, es probable que se distorsione la realidad y la percepción de la ciudadanía. Mientras el ministro Corach dijo que según los datos de la policía más de la mitad de los delitos menores de diciembre los produjeron los inmigrantes, nadie pudo confirmar las cifras pero si hubo desmentidas. Una encuesta de la Subsecretaría de Población del Ministerio del Interior indica que el porcentaje de extranjeros condenados por delitos es el 4,6 % del total.

Sin embargo, culpabilizar a los extranjeros por el incremento de la violencia, provocado por una sociedad con un modelo económico social cada vez más salvaje, siempre da resultados. Por lo general los sectores medios temen que con la llegada de habitantes de otras nacionalidades se incremente el delito y los sectores de bajos recursos que bajen aun más los salarios y el empleo.

La crisis incrementa el racismo, la xenofobia y una falsa concepción de nacionalismo. En Europa y Estados Unidos es común el desprecio a los inmigrantes de otros pueblos que buscan con su trabajo mejores horizontes de vida, s bien por lo general terminan realizando las tareas menos gratas. En Argentina con enorme sacrificio, en el siglo XIX y principios del XX generaciones de inmigrantes poblaron el país y con su trabajo forzaron el progreso. El actual modelo económico excluyente que expulsa en todas partes mano de obra, por una parte prescinde del trabajo humano de buena parte de la población y como contraste incrementa las jornadas laborales de los ocupados.

Un gobierno que prometió en la campaña electoral del ’95 "pulverizar la desocupación" no puede, por su propio fracaso en el tema, dar señales de bienestar y progreso. Según las estadísticas del INDEC la incidencia de los inmigrantes en la desempleo apenas alcanza al 1%. Un Estado que parece estar ausente en lo referente a políticas públicas de empleo, lugar en el que debiera dar respuestas, estimula con sentido común y argumentos discriminatorios, los prejuicios de siempre.

 

 

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