CONTRASTES
En
San Telmo y sus alrededores Nº 26
Enero
2000
Llegó
el tan ansiado fin del milenio. El año 2000, el imaginado durante décadas,
en algunos aspectos parece propio de la más fascinante ciencia ficción
y en otros detenido en un tiempo lejano. Mientras por una parte se anuncian
espectaculares desarrollos en ramas tan diversas como la cibernética,
la robótica, la informática, la biotecnología o la tecnología digital,
un futuro incierto invade al planeta. Falta de trabajo, inestabilidad,
incertidumbre, endebles proyectos colectivos, son solo algunas de las
marcas que trascienden fronteras.
En
el siglo XX crecieron de manera espectacular los medios de comunicación:
se desarrolló el cine, se expandió el teléfono, la radio, la televisión,
el cable, los satélites, la comunicación a través del correo electrónico
e Internet. El sueño de una "aldea global" que pudiera comunicar
a la mayoría de los habitantes de las distintas regiones del planeta,
tecnológicamente ya es posible, pero llegó acompañado por la continuidad
de tremendas desigualdades.
La
expansión de los medios de comunicación permitió "disfrutar"
por televisión de "las grandes fiestas del fin del milenio".
Desde el sur del planeta, desde el norte, desde los rincones naturales
más deslumbrantes, desde los patrimonios históricos de la humanidad
más apreciados o desde diversos centros y rincones turísticos, la pantalla
brindó una "megafiesta" para todos los televidentes.
Comienza
el soñado año 2000 y a nivel global, pese a que se han achicado sideralmente
las distancias por el desarrollo de los medios de transporte y las telecomunicaciones,
en cada región se vive en distintas dimensiones. 3.000 millones de personas,
la mitad de la población mundial, viven con menos de dos dólares diarios,
800 millones de habitantes sufren de desnutrición crónica y la precarización
laboral y el desempleo es una pesadilla que se sufre a escala planetaria.
Según
cálculos de las Naciones Unidas, con deducir un 4% a las principales
fortunas del planeta, se podrá dar satisfacción a las necesidades básicas
mínimas (alimentos, salud, agua potable, educación, vestimenta), de
toda la población. Sin embargo, no se buscan soluciones globales de
fondo y rige un discurso cada vez más unidimensional: "libertad"
de mercado, ajuste en el gasto público, menos impuestos a la riqueza
y a las transacciones bursátiles, para evitar la fuga de capitales y
especuladores de la bolsa.
Como
falsa alternativa a los problemas de fondo, muchas naciones realizan
enormes campañas de publicidad contra sus inmigrantes que buscan nuevos
destinos para mejorar su situación económica, invierten importantes
presupuestos en un aparato represivo que deja sin sancionar la gran
mayoría de los enriquecimientos ilícitos y violan los derechos humanos
de su población.
El
fin del milenio llega con estadísticas y encuestas que clasifican todo.
El mejor deportista, el mejor cantante o las personas más trascendentes
del siglo son solo algunas de las tantas menciones triviales que mundialmente
han aparecido en diversas publicaciones. Más que señalar tópicos indiscutidos,
marcan por un momento una pausa que busca sobre ciertos temas un tiempo
de reflexión y análisis.
Más
interesante puede ser reflexionar sobre otras temáticas. No vendría
mal que la sociedad se pregunte cómo lograr incrementar el acceso y
la participación de la población en la educación, en los sistemas de
salud y en el bienestar social. Que los estados piensen de qué manera
afrontar las problemáticas cada vez más acentuadas de la tercera edad
o cómo distribuir el empleo laboral reduciendo las horas de trabajo
y permitiendo al mismo tiempo, que haya más horas libres para todos
y menor desocupación. En síntesis, uno de los desafíos pendientes es
pensar cómo lograr que la sociedad, en vez de seguir expulsando del
sistema a millones de habitantes los integre y distribuya más equitativamente
sus bienes y servicios.
Es
indudable a escala planetaria que el revolucionario desarrollo productivo
y el progreso científico tecnológico, lograron una gran mejora en el
promedio de vida y en el confort y bienestar de la mayor parte de la
población en el siglo XX. Un indicador es que por año hay alrededor
de 700 millones de personas que disfrutan del turismo. Sin embargo,
la acentuación de las desigualdades sociales no se detiene. En Argentina
en los últimos 10 años se mencionó constantemente la modernización y
el crecimiento del PBI, pero la década del ´90 culmina con 13 millones
de argentinos viviendo en la pobreza.
El
fin del milenio llegó con ceremonias, esperanzas, fantasías y deseos
de paz, amor y felicidad.
El
31 de diciembre se pudo una vez más, "mirar los grandes acontecimientos"
disfrutando desde el living o el dormitorio a través de la TV, de las
hermosas vacaciones ajenas.
El
fin del milenio llegó en algunas ocasiones con monumentales festejos
y en otras con resignación o ansias de cambio, porque si bien es atractivo
observar por las pantallas grandes fiestas y epopeyas, más deseable
es que todos puedan vivirlas.