AUTORITARISMO E INSEGURIDAD

En San Telmo y sus alrededores Nº 29

Abril 2000

En los últimos tiempos, la oleada de noticias sobre hurtos, robos, asaltos y homicidios, ha acaparado la atención de los medios de comunicación, haciendo de la inseguridad el problema central para buena parte de la opinión pública.

La presentación de las noticias sobre el tema con imágenes de dolor y llanto, música propia de películas de terror y los testimonios de las víctimas, sus amigos o familiares, ha generado un clima de pánico al incrementar la sensación de incertidumbre y violencia social.

Frente a esta situación, para complacer a una opinión pública que combina bronca con miedo, algunos candidatos han decidido pedir "mano dura", leyes que aumenten las penas para los delincuentes y mayores atribuciones a la policía.

Estas ideas remiten a un pasado cargado de intolerancia, autoritarismo y permanentes abusos y atropellos policiales. Siguiendo los postulados del alcalde de Nueva York Rudolf Giuliani (en la actualidad severamente cuestionado en su propia ciudad por los crímenes sobre personas inocentes y por reiterados casos de atropellos y arbitrariedades ejecutados por la policía neoyorquina cometidos bajo la influencia directa de la "mano dura" que impulsa), Cavallo y Béliz plantean la "impunidad cero" (versión acriollada de la "tolerancia cero" de Giuliani), un pomposo slogan que tiende a darle vía libre a las fuerzas de seguridad para actuar ante cualquier supuesta infracción o delito, con prescindencia del control judicial.

Pocos años atrás, antes de la sanción del Código de Convivencia (en su momento votado por todos los bloques de la Legislatura y hoy fuertemente cuestionado por los mismos sectores de la oposición que no hace mucho lo votaron), la policía actuaba con edictos policiales inconstitucionales, que provocaron una fuerte reacción social por las injustificadas y constantes violaciones a la libertad.

En Nueva York, al igual que en otras ciudades de Estados Unidos en las que no se aplica la doctrina de Giuliani, han bajado los delitos, pero también disminuyó el desempleo. Sin embargo, mientras eso ocurría en los EE.UU., en nuestro país, la gestión que logró la estabilidad económica triplicó la desocupación y dejó al país con 13 millones de personas en la pobreza.

Los candidatos saben que llevar adelante políticas sociales de integración social y de prevención del delito y mejorar el funcionamiento de la Justicia, es más complejo y requiere mayor presupuesto que apuntar a culpables y buscar soluciones simples desde las cámaras de televisión.

Según datos del Ministerio de Justicia, de los delitos cometidos durante el año pasado, en menos del 2 % de los casos (en el 1.26%) se dictó condena, lo que muestro con palmaria evidencia que, en gran cantidad de ocasiones, antes que pedir el endurecimiento de la ley vigente, se debería pensar en como cumplirla. De acuerdo a estos datos, de los 39.000 presos actuales, el

77 % no tiene condenas y son solo procesados. Por el hacinamiento en las cárceles, 8.000 personas se encuentran detenidas en comisarías.

Los presos generalmente se encuentran en condiciones deplorables y las cárceles no cumplen su teórica función de reinserción social.

Reclamar como hizo Ruckauf el año pasado durante su campaña electoral, meterle balas a los delincuentes, es otra de las tantas injerencias de los políticos en la Justicia y un nuevo estímulo a la ley de la selva y el gatillo fácil.

Lamentablemente, algunas cifras escalofriantes vinculadas a las inseguridad, muchas veces pasan desapercibidas.

Según investigaciones de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, las principales causas de muertes violentas en el territorio porteño corresponden al tránsito en la vía pública. De las estadísticas del Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial referidas al año 1998, surge que los accidentes provocan el 54% de los decesos, triplicando la cifra de asesinatos. Si se suman las cifras de los heridos, hay alrededor de 10.000 accidentes anuales solamente en la ciudad.

Afrontar los problemas del tránsito mejorando los controles, los semáforos, la prevención en general y sancionando de manera ejemplar a quienes provocan accidentes, es una forma concreta de combatir la inseguridad. Pero es probable que sea una propuesta menos impactante y acerque menos votos, que olvidarse de un pasado oscuro. Mal que les pese a los demagogos del autoritarismo, los fantasmas acusadores de Miguel Bru, Walter Bullacio, Ramallo y tantos otros, siguen reclamando Justicia. Quienes pretenden en nombre de la seguridad limitar las garantías civiles, no hacen más que amparar la inseguridad colectiva.

 

 

 

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