EL PAIS DEL AJUSTE

En San Telmo y sus alrededores Nº 30

Junio 2000

Los fundamentalistas del libre mercado, desde hace varios años vienen diciendo lo mismo. Explican medidas cuya supuesta eficacia servirá para atraer inversiones, que contribuirán al bienestar y la prosperidad de todos los argentinos. Declaran que para ello se necesita disminuir "el riesgo país", lo que implica achicar el gasto público, reducir el déficit fiscal, privatizar todo lo que sea posible y flexibilizar las relaciones laborales.

El menemismo siguió durante sus 10 años esta línea económica y los resultados están a la vista. Sus sucesivas leyes de empleo buscaron transformar al mercado laboral y la consecuencia fue mayor precarización en el trabajo. La creación de las ART (un sistema por el cual las empresas con un módico aporte mensual a las ART, se desligan de los accidentes de trabajo), puso topes a las indemnizaciones por despido para terminar con la llamada industria del juicio. También se buscó flexibilizar las vacaciones, las jornadas de trabajo y disminuir las remuneraciones por despido para achicar los costos laborales.

Por otra parte, a través de otras medidas económicas disminuyeron los aportes patronales utilizados para las cajas de jubilación. Contrariamente a lo anunciado, esto no incidió en absoluto en la creación de empleos, aunque contribuyó a aumentar el déficit fiscal.

Las privatizaciones trajeron centenares de miles de desocupados. En varios pueblos que dependían de la actividad de Y.P.F. como Mosconi o Cutral Có, la miseria y la desesperación por la falta de perspectivas de sus habitantes condujo a frecuentes cortes de ruta. Con el fin de "la industria del juicio", al mismo tiempo que disminuyeron los costos laborales, faltaron inversiones en prevención de siniestros y la consecuencia fue un significativo aumento en los accidentes de trabajo.

En tan solo diez años la desocupación se duplicó, alcanzando el país un triste récord de más de tres millones de desempleados. Si a esta alarmante cifra se agregan los subempleados, las personas que tienen una alta inestabilidad laboral, los habitantes que sobreviven con precarios programas de empleo, como los planes Trabajar u otros similares (en los cuales el Estado o las provincias pagan a lo sumo doscientos pesos a los trabajadores generalmente por trabajos improductivos), se puede comprender de donde surgen los trece millones de pobres que tiene la Argentina.

A seis meses del cambio de gobierno, cuesta encontrar alguna medida popular. Si bien disminuyeron considerablemente los escándalos de corrupción, sigue reinando la lógica del ajuste y las recetas ortodoxas recomendadas por el Fondo Monetario Internacional.

La nueva ley de trabajo, por la que predomina el acuerdo en la empresa por encima de los convenios colectivos, generará una negociación desigual entre los empleados y sus empleadores que contribuirá al deterioro de las condiciones laborales.

La desregulación de las obras sociales, si no se cumplen estrictos controles, puede provocar una peligrosa mercantilización de la salud y consolida la existencia de ciudadanos con atención médica de primera y ciudadanos con atención médica relegada de acuerdo a sus ingresos.

Esta medida se impuso mediante un decreto, al igual que la rebaja salarial de entre un 12 y un 15 % a todos los empleados públicos con ingresos superiores a los mil pesos.

La argumentación de esta triste medida, es la misma utilizada por los políticos gobernantes para justificar ajustes cada vez que asumen en el poder. "Otra alternativa no quedaba, tuvimos que hacer esto por la herencia recibida", dicen.

Así descartan de plano la posibilidad de cobrar impuestos a los grandes evasores. Basta con citar algunos ejemplos para pensar: el grupo Yoma debe al fisco más de 100 millones pero aun así la DGI le reintegró, en medio del ajuste, 15 millones por exportaciones. El grupo Macri tiene una deuda de 150 millones por el canon del Correo y Eurnekián y el Exxel Group adeudan 85 millones por la privatización de los Aeropuertos.

El gobierno descartó la posibilidad de restablecer aportes patronales a bancos, hipermercados y a las empresas privatizadas, con los que hubiera conseguido muchos más ingresos que con el ahorro de salarios.

Cada medida de ajuste es interpretada como una buena señal para los mercados, y mientras los sectores financieros, la banca internacional y el conjunto del establishment aplauden y felicitan al gobierno ante cada recorte, la mayoría de la población ve cercenados sus derechos, su estabilidad en el trabajo y las prestaciones de servicios esenciales, recortados por el ajuste.

Mediante políticas exclusivas para "bajar el riesgo país" alegrando a "los mercados", las personas son consideradas meros datos, procesados como gastos y déficit público. Por lo tanto, factibles de ahorro.

Antes de asumir, la coalición gobernante criticó con dureza las declaraciones de López Murphy sobre la necesidad de bajar los salarios en la administración pública y se manifestó desde la oposición en contra del recorte de Roque Fernández, finalmente terminó convalidando los ajustes.

Cuando los políticos intentan justificar lo que apenas un tiempo atrás les parecía injustificable o cuando con hipocresía critican desde la oposición lo que defendieron mientras estuvieron en el gobierno, no hacen mas que contribuir al escepticismo, la desconfianza y el descreimiento social. De esta manera debilitan la posibilidad de perfeccionar a la democracia (entendida como poder del pueblo), al demostrar su impotencia e incapacidad mínima de intervención en los procesos sociales, que actualmente tienen en la ofensiva del gran capital sobre los trabajadores, en la concentración económica, en la especulación financiera y en el capital trasnacionalizado, a sus claros dominadores.

 

 

 

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