CONTRA LA MANO DURA

En San Telmo y sus alrededores Nº 38

Junio 2001

En medio de una incesante ola de inseguridad, en los primeros días de junio el Congreso aprobó cambios en el Código Procesal que implican mayores atribuciones a la policía.

A mediados de la década pasada, el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires Duhalde, consideró que la Bonaerense era una de las mejores policías del mundo. Poco tiempo después, las constantes denuncias por corrupción, violaciones a los derechos humanos y gatillo fácil, sumadas a un rotundo fracaso en la prevención del delito, provocaron un viraje en las políticas de seguridad de la provincia. Los defensores de la "mano dura" perdieron momentáneamente privilegios y ciertos espacios. Pero la crisis económica y social continuó y siguieron incrementándose los delitos.

Ruckauf propuso en la campaña electoral a gobernador, "hay que meterle bala a los delincuentes" y para reafirmar su discurso, nombró como Jefe de la Policía a Aldo Rico. Después lo presidió Verón que continuó con la misma línea, sin conseguir bajar el índice de delitos ni la violencia con que se realizan en reiteradas ocasiones.

Sin políticas públicas serias para generar empleos, sin ideas para apostar a la integración de la sociedad buscando combatir la marginalidad y sin autocrítica por los magros resultados obtenidos, el parlamento apuesta al discurso más fácil: pedir mayores penas para los delincuentes y más atribuciones a la policía.

Los políticos gobernantes ocultan datos que conocen. Es así como no dicen que las cárceles están hacinadas, que hay detenidos en una buena parte de las comisarías porque no hay donde alojarlos y que solo una ínfima parte de los que cometen delitos cumplen condenas. De acuerdo a los datos del Ministerio de Justicia, en 1999 sobre 39 mil presos el 77% eran procesados sin condenas. Ese año en menos del 2% de los casos (el 1,26%) se dictó condena de los delitos cometidos durante el año en curso y hubo 8 mil personas detenidas en comisarías por el hacinamiento de las cárceles. Antes que pedir el endurecimiento de la ley, podrían pensar en como hacer para cumplirla.

Por las reformas recientemente aprobadas al Código Procesal Penal de la Nación, los policías recuperan ciertas atribuciones. Podrán hacer requisas y revisar vehículos sin orden del juez y realizar operativos en los cuales intenten conseguir presuntas pruebas de un delito y terminen encontrando presuntas pruebas de otros. Es decir que si por ejemplo investigan un homicidio y no encuentran ninguna prueba, pueden acusar al sospechoso de tenencia de drogas. El riesgo latente, es que la medida facilite el incremento de los procedimientos policiales armados contra inocentes. Una comisión de fiscales que investiga este tipo de hechos, ya ha detectado 55 casos con más de 100 policías involucrados.

La crisis social y económica de los últimos años, el aumento desproporcionado del desempleo, el brusco descenso en la calidad de vida y la falta de perspectivas de una parte importante de la población, han provocado una descomposición y fragmentación social que han facilitado el incremento de los delitos. Sin embargo, amplios sectores del gobierno, de los partidos de oposición y de los medios de comunicación recortan el enfoque del problema. Su eje central consiste en proponer mayor represión no solamente a los delincuentes sino también a quienes protestan por su situación social y acusar de "garantistas" a quienes defienden la aplicación de la ley.

Los mentores de la "mano dura", no plantean incrementar las penas por los delitos económicos. Si se analizan estadísticas de la población carcelaria, se podrá observar la escasa cantidad de funcionarios corruptos que están en prisión, así como también la inexistente presencia de los grandes evasores.

Frente al incremento de cortes de rutas y otros reclamos populares, más que buscar soluciones de fondo o al menos paliativos, ciertos sectores proponen prohibirlos. Un caso emblemático es el de Emilio Alí, un piquetero de 27 años preso, que ha sido condenado a cinco años de prisión a fines de abril por "extorsión y coacción agravada". La acusación fue que durante el paro nacional del 5 de mayo del año pasado, pidió que el gerente baje las persianas para que los empleados se puedan adherir y bolsas de alimentos, en un reclamo frente al supermercado Casa Tía.

Cuando llegan los escasos planes sociales lo hacen tarde, después de la violencia ejercida frente a los manifestantes. Los pedidos de mayor seguridad a cualquier precio (en muchos casos, paradójicamente al costo de generar inseguridad violando las garantías constitucionales), forman parte de un mismo fin: la política de represión como respuesta que responde a la ineptitud para cambiar la situación social.

Ante los mercados y los poderes económicos la respuesta es silencio, comprensión, pasividad y complaciencia y ante sus víctimas, una discutida idea de firmeza y autoridad para enfrentarlas y seguir adelante con los ajustes.

 

Copyright © 2003