LA
MASACRE EN IRAK
En
San Telmo y sus alrededores Nº 54
Marzo
2003
En
nombre del combate al terrorismo que se busca representar en el régimen
liderado por Sadam Hussein, Estados Unidos e Inglaterra están
librando una nueva invasión contra un país considerado
por el presidente norteamericano George Bush parte del eje del mal.
El
ataque es denominado "Libertad a Irak" y por primera vez
desde la caída de la Unión Soviética, no cuenta
con el apoyo de Naciones Unidas. Millones de personas se han manifestado
por la paz en todo el mundo. Desde movilizaciones con centenares de
miles de personas en Nueva York hasta marchas con millones de manifestantes
en Londres, en Barcelona y en Madrid, la población de los países
atacantes ha manifestado su repudio a la decisión belicista
de EE.UU. que patea el tablero del derecho internacional.
Sin
embargo, el rechazo mundial a la guerra no pudo frenar los criminales
ataques contra la población iraquí. Las fuerzas invasoras,
argumentando que Irak posee armas de destrucción masiva, irrumpieron
lanzando ataques terrestres y tirando miles de bombas y misiles.
El
hecho que los inspectores de armas de la Organización de las
Naciones Unidas no hallan encontrado durante años de conflicto
ni armas químicas ni armas bactereológicas y que Irak
no posea armas nucleares, no cambió el rumbo del conflicto.
La
buena predisposición que tuvo el gobierno de Irak con los inspectores
de armas de la ONU (reconocida por el jefe de las inspecciones Hans
Blix) incluyó la destrucción de los pocos misiles de
más de 200 km de alcance (superior al permitido por las Naciones
Unidas a Irak), pero no modificó la postura belicista norteamericana.
Estados
Unidos es el mayor productor mundial de armas químicas, bactereológicas
y nucleares y sus incontables misiles, tienen un alcance superior
a los 10.000 km. Pakistán India, Corea del Norte, Israel, Francia,
China y Rusia también tienen armas nucleares, pero en ningún
momento la ONU planteó una inspección.
El
régimen de Sadam Hussein no utilizó armas químicas
en la guerra del Golfo de 1991 ni en ninguna ocasión posterior.
Si en Irak no hay un régimen que se parezca mínimamente
a una democracia formal, no es distinto en este aspecto la situación
de Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Arabes Unidos y otros países
del Medio Oriente.
Irak
es el segundo productor mundial de petróleo y Estados Unidos
tiene un presidente y un vicepresidente que trabajaron y mantienen
excelentes relaciones con las grandes compañías petroleras
norteamericanas. El vicepresidente Dick Cheney, antes de ejercer la
función pública fue uno de los principales ejecutivos
de la Compañía Halliburton, que tiene una subsidiaria
que ya ha sido designada por Estados Unidos para apagar los incendios
que provoque en los pozos petroleros el gobierno de Sadam Hussein.
Sin licitaciones y sin concursos, los invasores ya se reparten la
explotación del petróleo de Irak y cuáles serán
las empresas encargadas de la reconstrucción luego de los masivos
bombardeos.
En
los cálculos más bajos sobre los costos económicos
del ataque, igualmente se estima que por el conflicto se gastarán
más de 100 mil millones de dólares. Bush ya le pidió
al Congreso norteamericano que apruebe una partida extra de 77.500
millones de dólares para poder pagar los gastos de la invasión.
Resulta lógico que con sumas muchos más pequeñas
se podría hacer frente a la desnutrición infantil que
sufre Irak, agravada especialmente después del embargo impuesto
por la ONU en 1991. Pero para Estados Unidos el presupuesto para la
ocupación será una inversión, porque quiere demostrar
que tiene el control y el poder en las distintas regiones del planeta
y buscará recuperar los gastos a partir de la explotación
del petróleo irakí. Si baja el precio, EE.UU. podrá
mantener el alto consumo de combustible que realizan sus empresas
y sus habitantes.
La
invasión en Irak configura el diseño del nuevo mapa
mundial propuesto por la coalición representada básicamente
por el Partido Republicano (si bien no hay que olvidar que el Partido
Demócrata también apoyó el ataque), la corporación
petrolera y la corporación militar de Estados Unidos. La primer
potencia mundial tiene un presupuesto militar que es superior a los
300 mil millones de dólares, -una suma superior al total de
los desembolsos militares de las 15 potencias mundiales siguientes-
que representa casi la mitad de los gastos militares de todo el planeta.
El
"Eje del Mal" que anuncia Estados Unidos en su cruzada antiterrorista,
también está compuesto por Irán y Corea del Norte,
países que en el futuro pueden ser blanco de hostilidades.
Colombia y la triple frontera de Brasil, Paraguay y Argentina, son
señalados por los expertos en "combate al terrorismo",
como lugares que requieren de la participación de boinas verdes
de la primer potencia mundial.
El
gobierno de Estados Unidos en nombre de la defensa de la democracia,
la paz y los derechos humanos, en años anteriores bombardeó
durante más de una década a Vietnam, apoyó las
dictaduras latinoamericanas y preparó en su Escuela de las
Américas a futuros dictadores como Pinochet y Galtieri. También
ayudó con armas prohibidas a Sadam Hussein en la guerra entre
Irak e Irán (1980-1988) y a los talibanes en el conflicto entre
Afganistán y la URSS durante toda la década del ´80.
La
población civil irakí nuevamente es la gran perjudicada.
Se calcula que en la pasada guerra del Golfo de 1991, entre accidentes,
bajas y enfermedades producidas por los bombardeos, la destrucción
y el embargo económico, murieron más de 100 mil militares
iraquíes y más de 200 mil civiles. El uranio empobrecido
de las bombas provocó miles de casos de cáncer y las
enfermedades provocadas por aguas contaminadas, por la contaminación
ambiental y por la escasez de medicamentos producidos por el bloqueo,
sigue provocando miles de víctimas. Por los "daños
colaterales" la mayoría de los habitantes de Basora (la
segunda ciudad en importancia de Irak), se quedó sin electricidad
y sin agua debido a los bombardeos. En Bagdad intensos ataques destruyen
la televisión local, el sistema de telecomunicaciones, mercados,
edificios y distintos lugares donde viven y frecuentan civiles.
Sin
embargo, las cadenas de noticias norteamericanas buscan minimizar
el horror, la destrucción y la muerte y se horrorizan ante
las imágenes de cadáveres, rehenes y víctimas
civiles de la cadena árabe Al Jazeera. En Estados Unidos fueron
expulsados periodistas de la cadena Al Jazzera que trabajaban en la
bolsa de Nueva York. Son más tranquilizadoras las imágenes
de la CNN que transmiten las voces del Pentágono y para justificar
el ataque, muestran permanentemente las imágenes de los atentados
a las torres gemelas del 11 de Septiembre de 2001.
En
EE.UU. el debate y las libertades democráticas han sido recortados.
Las movilizaciones de protesta a la guerra en Nueva York fueron reprimidas
y las fuerzas de seguridad detuvieron a centenares de manifestantes.
En Hollywood se volvió a hablar de listas negras para los artistas
que no apoyan la invasión y algunas temas musicales de protesta
fueron sacados de las radios. Las cadenas oficiales no pasan informaciones
que consideran que van en contra de los intereses del Pentágono.
El
establishment norteamericano justifica la masacre y viola la libertad
en nombre de las luchas en contra del terrorismo, de la defensa de
la democracia, las libertades públicas y la defensa de los
derechos humanos. Un amplio grupo de intelectuales norteamericanos
y personalidades han firmado en Estados Unidos una solicitada titulada
"No en nuestro nombre", en el que repudia a la guerra y
al sistema que busca imponer Bush. Mientras las fuerzas invasoras
comienzan a pensar en cómo repartirse la torta de las riquezas
de Irak, en todo el mundo se multiplican las protestas contra la invasión
imperialista.