ELECCIONES
En
San Telmo y sus alrededores Nº 55
Abril
2003
El
país ha transitado un largo camino desde el 19 y 20 de Diciembre
de 2001 hasta estas elecciones. Después de un 2002 convulsionado,
con permanentes y multitudinarias movilizaciones exigiendo "que
se vayan todos" y el cambio de un modelo económico que condujo
a la mayoría de la población al abismo, la mayoría
de los argentinos votó por el orden, la estabilidad y la gobernabilidad.
Las
elecciones 2003 marcaron un rechazo popular a las propuestas de cambio
y un claro avance de las propuestas de derecha. Menem y López
Murphy prometieron mayor represión, menos impuestos a los que
tienen más ganancias, alianza incondicional con Estados Unidos,
pago irrestricto de la deuda externa y ajuste en el gasto público.
Néstor
Kirchner promete continuar con la gestión de Lavagna y defiende
la "estabilidad" lograda por el actual gobierno. Con salarios
congelados y una inflación superior al 40%, durante la presidencia
de Duhalde, la pobreza alcanzó al 57% de la población.
Más de 20 millones de argentinos en la actualidad no cubren los
gastos de la canasta familiar y más de 10 millones viven en la
indigencia.
A
diferencia de octubre de 2001, esta vez hubo una amplia participación
de los ciudadanos Si en esos comicios los votantes apenas superaron
el 60% del padrón y más del 20% de la ciudadanía
no votó a ningún candidato, en estas elecciones apenas
el 2% prefirió no apoyar a ninguna lista y concurrió a
las urnas el 80% del padrón electoral, registrándose una
significativa disminución del "voto bronca".
La
elección presidencial marcó un claro predominio del justicialismo.
Entre sus tres candidatos (Menem, Kirchner y Rodríguez Saá),
sumaron más del 60 % de los votos.
La
propuesta progresista del ARI tuvo un gran crecimiento y se ubicó
en el cuarto lugar con el 14 % de los sufragios, una cifra cercana a
los tres millones de votos.
Los
radicales sufrieron la mayor derrota electoral de su historia luego
de sus dos pésimas presidencias y la mayoría de sus simpatizantes
se inclinó por López Murphy.
La
propuesta del movimiento piquetero y el movimiento asambleario, de impugnación
o voto negativo, fue rechazada por la gran mayoría de los votantes.
Tampoco la población acompañó las propuestas de
los partidos de izquierda, que bajaron su caudal de votos con relación
a las elecciones de octubre de 2001.
El
2002 comenzó con los vientos de cambio que trajo el fin de 2001.
El 18 de diciembre de ese año, después de acumular deudas
con proveedores y empleados, los dueños de la fábrica
textil Brukman abandonaron su empresa. Las trabajadoras impidieron el
cierre, ocuparon la fábrica y comenzaron a producir por su propia
cuenta. Fue un caso emblemático de lo que vendría después:
Miles de argentinos siendo protagonistas de las históricas jornadas
del 19 y 20 de Diciembre; centenares de asambleas populares; nuevas
experiencias de desempleados que pusieron en acción microemprendimientos,
comedores comunitarios y diversas actividades de trabajo social.
Los
cambios se observaron también en la organización de cooperativas
de trabajadores, que salvaron a cerca de cien empresas del cierre definitivo
y del desempleo a alrededor de 10 mil personas.
El
nuevo estado de ánimo popular, que buscó cambios, se manifestó
también en las manifestaciones por una Justicia Independiente
de los poderes de turno, cuestionando a los miembros de la Corte; múltiples
escraches a represores y corruptos que gozan de impunidad; convocatorias
y trabajos de artistas comprometidos con la realidad social y otras
múltiples experiencias embrionarias de nuevas prácticas
de compromiso y participación en la sociedad.
Sin embargo, a medida que pasaron los meses, buena parte de la población
dejó de sentirse protagonista y la participación en los
espacios públicos fue disminuyendo. El año pasado la Corte
logró eludir el juicio político, al igual que la mayoría
de los máximos responsables de la crisis actual. Lejos del "que
se vayan todos" una buena parte de los responsables de la crisis,
fueron convalidados por las urnas.
La
ingenuidad, los errores y el extremismo muchas veces infantil de los
que más se comprometieron en la lucha, ha posibilitado la casi
total recomposición de un orden que mereció el repudio
del pueblo argentino. Es de esperar que la experiencia no caiga en saco
roto y redunde en una mayor madurez que pueda aprovecharse en el futuro
por todos los que aspiran a una sociedad más justa y mejor.