MERECER LA CIUDAD

En San Telmo y sus alrededores Nº 71

Septiembre 2004

En las páginas 2 y 3 de la presente edición de En San Telmo y sus alrededores, se describen algunas problemáticas analizadas en “la Semana del Hábitat”. Con buen criterio, la Legislatura y el Ejecutivo de la ciudad de Buenos Aires han declarado a la Capital Federal en “emergencia habitacional”.

La situación en que se encuentran 500.000 habitantes capitalinos es dramática, aunque lamentablemente no es novedosa. Viven hacinados en villas, asentamientos, inquilinatos, hoteles alquilados por la municipalidad, pensiones, casas ocupadas o en inmuebles pequeños y deteriorados.

En la gran mayoría de los casos esta dramática situación está acompañada con la falta de acceso a bienes indispensables y la ausencia de una mínima infraestructura. Esta población es parte de “la deuda interna” Argentina, los habitantes que viven con necesidades básicas insatisfechas.

La respuesta a esta situación suele ser la expulsión de la urbe de los sectores con menores recursos, que muchas veces son desplazados a zonas alejadas, ya que se encuentran impedidos de poder acceder a los bienes y servicios. El valor de la propiedad aumenta y por consiguiente hay una tendencia a que la Ciudad deja de ser para todos, pasando a pertenecer a los sectores medios y a los sectores altos.

La privatización del espacio público y el crecimiento a toda escala de lo privado, acompañan una tendencia que no sucede solamente en nuestro país, sino en todos los lugares en donde se concentra la riqueza en pocas manos.

En los últimos años mientras la gran mayoría de la población sufrió graves problemas de empleo y subempleo, se produjo un incremento considerable de countries y barrios privados. Estas zonas que están cercadas por seguridad privada y en las cuales sólo se puede acceder en automóvil, representan los contrastes de la sociedad actual. Barrios privados en San Isidro cercanos a la villa La Cava y countries que prácticamente limitan con regiones abandonadas, en la cual la mayoría de la población subsiste con algún plan Jefas o Jefes de hogar, son ejemplos del quiebre del país que derivó en la sociedad actual.

El aumento obsceno de las desigualdades sociales, se verifica en las propios datos oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, que muestra cómo en los últimos 30 años, con excepción del 10 por ciento con mayores ingresos, el resto de los habitantes cada vez tienen una parte menor de la torta.

En la ciudad de Buenos Aires es donde más se reflejan estas enormes desigualdades. Una parte importante de los porteños estudian en instituciones privadas, tienen medicina prepaga, contratan seguridad privada y suelen disfrutar de los beneficios y lujos de la sociedad de consumo. La Capital Federal es el lugar del país que brinda más posibilidades de atención y al menos en el imaginario colectivo, donde es más fácil progresar. Desde provincia de Buenos Aires, desde el interior del país y también desde países limítrofes, vienen muchos individuos y muchas familias a vivir o a atenderse. Así es como los hospitales públicos atienden en casi la mitad de los casos a personas que viven en provincia de Buenos Aires; en las escuelas públicas hay muchos chicos y adolescentes que viven en el conurbano y los asentamientos precarios siempre están superpoblados.

Parece entonces una utopía buscar una solución estructural local a la emergencia de los sectores con menores recursos, sin tener en cuenta el desamparo general y los problemas ocasionados por el exceso de demanda en los servicios locales. Una política paliativa frente a las graves emergencias, sino se buscan soluciones de fondo, dará dudosos resultados. ¿Se podrá solucionar la emergencia habitacional a través de créditos de vivienda, si las personas que los obtienen no consiguen trabajo? ¿se podrá terminar con la venta ambulante ilegal mientras haya un alto índice de desempleo? ¿se podrán solucionar los problemas de inseguridad mientras se mantengan los altísimos niveles de marginación y exclusión social?

Las políticas públicas fragmentadas, que enfocan en un área específica sin tener en cuenta el conjunto de la problemática, suelen conseguir pocos resultados positivos. Peor aún es cuando ni siquiera se toman en cuenta las situaciones derivadas de la desprotección social.
Una alternativa posible es incrementar la represión y la violencia en general a través de desalojos, expulsiones y contravenciones destinadas a evitar que se observe la miseria. Esta respuesta es la que se puede observar en algunos puntos de los proyectos del Código Contravencional, que castigan la pobreza sancionando por ejemplo a los cuidacoches, los vendedores ambulantes o a las prostitutas. Otra respuesta posible es buscar una mejor distribución de la riqueza, un sistema impositivo en el cual paguen más los que cuentan con mayores ingresos y con lo recaudado se busque un progreso para todos. En la ciudad por otra parte, se deberían impulsar acuerdos con las intendencias del conurbano y con el gobierno nacional, para consensuar políticas públicas que contribuyan a solucionar el desempleo y permitan articular respuestas integrales que garanticen a toda la población los derechos humanos básicos como la salud, la educación, la vivienda, el deporte y el trabajo para todos, recuperando la idea de una ciudad cosmopolita, diversificada, equitativa e integrada.
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