En
San Telmo y sus alrededores Nº 75
Enero 2005
El
incendio en el barrio de Once, del boliche de Omar Chabán
República de Cromañón, provocó cerca
de 200 muertos y más de 700 hospitalizados.
La falta de control del Estado, la irresponsabilidad y el afán
de lucro sin importar el riesgo de pérdidas de vidas
humanas de empresarios y la inconciencia suicida de algunos
estúpidos del público, provocaron un accidente
previsible.
La negligencia criminal, en un país que suele actuar
constantemente detrás de los acontecimientos, provocó
un desastre con diversas responsabilidades. Es de esperar que
también reaccionen los músicos que tocan en cualquier
lugar sin importar las condiciones y no suspenden sus shows
en lugares cerrados cuando el público tira objetos pirotécnicos;
los inadaptados que hacen lo que quieren aún poniendo
en riesgo la vida de los demás y los críticos
musicales que festejan la fiesta de bengalas. Muchas cosas tendrán
que cambiar. Nadie podrá devolver las vidas del peor
accidente provocado por obra humana en la historia argentina.
El
falso culto al underground para maximizar ganancias
¡Qué
under! En un lugar habilitado por la Subsecretaría de
Control Comunal para 1037 personas, Cromañón y
el grupo Callejeros vendieron para un espectáculo más
de 3 mil entradas. El local tiene varias puertas de emergencia.
La principal de ellas mide 6 metros de ancho, pero el organizador
las dejó cerradas con candado. A lo mejor evitó
que haya colados. Pero si hubiese estado abierta (para eso se
exigen puertas de emergencia), en menos de dos minutos podrían
haber escapado más de mil personas.
Antes
que empiece el show, y habiendo sufrido antes incendios en el
local (el último 4 días antes de la catástrofe
el 26 de diciembre), Chabán arengó al público
pidiéndole que no tiren bengalas para evitar un siniestro
y que mueran todos quemados. Aún así fue dejando
cerradas con candado las puertas de emergencia.
Quedándose
con un 20 o 30% del valor de la venta de localidades, con un
costo de $10 cada una, vendió más de 3 mil entradas
en la noche del horror, juntando en unas horas más de
6 mil o 9 mil pesos solamente en boletos.
También
obtuvo grandes ingresos por las dos barras y el kiosco del boliche.
Sin embargo, para ahorrar costos y tener buena acústica
aislando el sonido, colgó telas y recubrió las
paredes y techos de telgopor, un material mucho más barato
que materiales ignífugos, pero que tiene altísimo
riesgo de incendio, con el agravante que es totalmente tóxico.
Chabán sabía el peligro que había. Pidió
un presupuesto para meter materiales ignífugos y no estuvo
dispuesto a invertir los 17 mil pesos que le pidieron para colocarlo.
Chabán
siempre fue el dueño de Cemento, un espacio rockero que
nació en 1985 y en el cual tocaron las principales bandas.
No puede alegar falta de conocimiento del público. Callejeros
ya había tocado en su boliche. Pese a todos los riesgos
de incendio por el accionar de bengalas, el show y acompañado
el lucro- continuó. Para ganar aún más
dinero se le ocurrió la ingeniosa idea de
que entren nenes a ver el recital.
Omar
Chabán, un personaje clave del under de los
ochenta, que nadie puede negar que brindó un espacio
a centenares de grupos artísticos y bandas de rock, lucró
como nadie con este negocio. En Cemento fueron clásicos
los baños en paupérrimo estado, los muy costosos
precios en la barra, las goteras en las techos y medidas de
seguridad totalmente insuficientes. Su irresponsabilidad derivó
en el incendio más criminal del país.
Cuando
la falta de Control Comunal deriva en la muerte
-Un
informe de la Defensoría del Pueblo entregado a la Subsecretaría
de Control Comunal sobre normativas de seguridad y control de
incendios en mayo del año pasado alerta sobre los grandes
riesgos que tienen alrededor de 400 mil jóvenes que van
en promedio cada fin de semana a los boliches en la Ciudad de
Buenos Aires. En la presentación el Defensor Adjunto
Atilio Alimena señala entre otros riesgos:
De
un total de 258 locales bailables, solamente cumplen las normativas
36. Es decir, 1 de cada 7.
No
fue el primer informe sobre el tema de la Defensoría,
ya que en 1999 había hecho otro en el que también
advertía sobre los grandes riesgos con el modo actual
de funcionamiento.
El
informe presentado en mayo pasado por la Defensoría advierte:
En la Ciudad de Buenos Aires se calcula que unos 400.000
jóvenes por fin de semana concurren a locales que no
cuentan con la habilitación correspondiente. Esto genera
un grave peligro para las personas que asisten a los Locales
Bailables debido a que las mismas no cuentan con adecuadas normas
de seguridad, prevención contra incendios, medios de
salida profunda etc.
El informe explica Por medio de negligencia, imprudencia,
impericia o violación a las normas que rigen este tipo
de actividad, por parte de los dueños de los locales
bailables y la falta de un adecuado control se pone en riesgo
la integridad física de miles de jóvenes que los
fines de semana concurren a los lugares mencionados.
Señala
que según información otorgada por la Subsecretaría
de Control Comunal, 27 locales cuentan con Certificación
vigente, 9 se encuentran en trámite y 35 se encuentran
vencidas sin reno-vación, sobre un total de 258 locales
habilitados por el Gobierno de la Ciudad.
Sigue
alertando: Sabemos de la vulnerabilidad de los jóvenes
y cierto grado de descuido al momento de tener que observar
cuestiones relacionadas con su seguridad física, es por
ello que es necesario evitar daños que se puedan producir
y asignar prioridades para una mejor prevención y control.
Para
concluir: Más allá de que en los últimos
tiempos no se han conocido públicamente incon-venientes
en establecimientos, la problemática actual debe tener
otra lectura, no esperar que suceda una catástrofe para
después reaccionar como lamentablemente suele suceder.
Sólo falta un siniestro, el resto serán explicaciones,
procesos judiciales y muertos.
El
Defensor Adjunto Atilio Alimena, le pidió a la Subsecretaria
de Control Comunal (renunció después de la fatalidad)
la Lic. Fabiana Fiszbin que tome las medidas de prevención
correspondientes.
Hasta
el 24 de noviembre, cuando se le venció la inspección
de bomberos, Cromañón estaba entre los pocos boliches
que en algún momento estuvieron habilitados. ¿Hace
falta agregar algo a este contundente informe? Pese a que a
fines del 2003 se abrió un nuevo Registro de Inspectores
de la Ciudad, continuó la falta de control. Sucesos como
el previsible accidente en Cromañón debilitan
a las instituciones y generan múltiples sospechas sobre
corrupción y cajas negras. Es muy difícil entender
tanta desidia y falta de control, pese a todas las advertencias
previas.
De
poco sirve después de la tragedia hacer grandes anuncios,
sino se puede garantizar ni siquiera un control anual como establece
la ley. No se trata tampoco de cerrar las puertas a los grupos
musicales impidiendo que actúen en boliches o imponer
normativas más duras, se trata simplemente de prevenir
cumpliendo las leyes existentes.
Resulta
patético que la Supeintendencia de Bomberos haya ido
a realizar una inspección a Cromañón unos
días antes de la desgracia y le hayan dado como respuesta
que como no estaba Chabán, no se podía hacer la
inspección. Con posterioridad, -y pese al vencimiento
del permiso- ni los bomberos, -que no dependen de la Ciudad
de Buenos Aires sino del gobierno nacional-, ni la Subsecretaría
de Control Comunal intentaron realizar controles. Inexplicable.
La
irresponsabilidad marginal puede provocar desgracias
Cuesta
entender cómo pese a todas las advertencias previas sobre
el riesgo de incendio que hicieron antes de comenzado el recital
Omar Chabán.