CROMAÑON
Y OTRAS IMPUNIDADES
En
San Telmo y sus alrededores Nº 76
Febrero 2005
El
trágico accidente anunciado de Cromañón desnudó
un conjunto de falencias, reglamentaciones obsoletas, especulaciones
y carroñas políticas.
De
un día para otro, legisladores que no tenían en su agenda
el peligro que corrían los pibes que iban a los recitales, gente
con un profundo dolor y varios políticos oportunistas, pasaron
a hablar de masacre, desvirtuando el término. A lo
largo de su historia el Estado ha llevado a cabo innumerables represiones
violentas. La masacre de Ezeiza cuando volvió Perón a
la Argentina, el fusilamiento de presos políticos en Trelew cuando
gobernaba el dictador Lanusse y la desaparición de 30 mil personas
durante la última dictadura militar, son algunos de los nefastos
ejemplos. Basta recordar que en los últimos años hubo
más de 20 manifestantes asesinados por las fuerzas de seguridad
en las movilizaciones del 20 de diciembre de 2001 y el 26 de junio de
2002 sucedió la masacre del Puente Pueyrredón, cuando
una cacería policial asesinó a los piqueteros Maximiliano
Kosteki y Darío Santillán, e hirió con balas de
plomo a más de un centenar de manifestantes.
Darle
el mismo término a las represiones planificadas por el Estado,
que a un siniestro fatal pero involuntario, no es razonable. Por más
que el descontrol en el local suceda en buena medida por falta de control,
irresponsabilidad, desidia, negligencia y probables actos de corrupción.
La
sensación de impunidad atraviesa a la sociedad. El Secretario
de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires Juan José Alvarez,
que llegó al cargo con el visto bueno de Ibarra, Duhalde y Kirchnner,
ocupó el cargo a nivel nacional cuando Duhalde fue presidente
y sucedió la masacre del Puente Pueyrredón. En aquella
oportunidad enseguida salió a decir por todos los medios de comunicación,
que las muertes había sido por un enfrentamiento entre
piqueteros, mintiendo y pretendiendo deslindar su responsabilidad.
Alvarez había sido nombrado Secretario de Seguridad en la provincia
de Buenos Aires cuando gobernaba Ruckauf.
De
las masacres del Puente Pueyrredón y del 20 de Diciembre de 2001,
no hay ningún funcionario condenado por la justicia. Manuel Ferreiro
era el inspector responsable del control de los boliches en Vicente
López cuando en 1993 se prendió fuego la discoteca Kheyvis,
provocando 17 muertos. Ahora es el Director de Seguridad del distrito.
Por aquel incendio no hubo ni siquiera sumarios administrativos.
Después
de los trágicos y previsibles accidentes, llega la sobreactuación.
En más de un siglo no hubo un solo incendio en milongas, pero
durante más de un mes fueron todas cerradas, porque la legislación
obsoleta no las contemplaba. Un decreto de necesidad y urgencia al cierre
de esta edición, las rehabilitó antes de que comience
el VII Festival Internacional de Tango. Con excepción de un siniestro
intencional cuando fue la última dictadura al Teatro del Picadero,
que pasaba obras de Teatro Abierto, nunca hubo un incendio en un teatro
porteño. Después de Cromañón muchas salas
independientes sufren múltiples inconvenientes para poder abrir.
Eventos culturales, milongas, bandas musicales, salas y teatros independientes,
son perseguidos por el apuro de medidas oportunistas, que buscan mostrar
en unos días la capacidad de gestión, legislación
y control de seguridad, que faltó en tantos años.
Mientras
tanto buena parte de la oposición apuesta al caos, especulando
con sacar provecho de una crisis institucional y buscando en algunos
casos su profundización, sin alternativas claras a la vista.
Basta con recordar que en los días siguientes al incendio, fueron
clausurados más de 100 boliches no solo en Capital Federal sino
también en Buenos Aires, en la Costa, en Córdoba y en
otras provincias, por no tener medidas adecuadas contra siniestros.
El fuego fatal pudo haber sucedido en otros lugares.
En
vez de reflexionar acerca de cuales son las pautas culturales, los rituales,
las vivezas, las coimas, las faltas de controles, la descomposición
de un Estado incapaz de garantizar la seguridad ciudadana en múltiples
sentidos y las lamentables prácticas que condujeron a que haya
cerca de 200 muertos por la cadena de irresponsabilidades que derivaron
en la catástrofe, desde distintos medios de comunicación
y desde varios sectores, empezaron a realizar evaluaciones simplistas
y reduccionistas, más preocupadas en sacar provecho del dolor
y del impacto inmediato de las imágenes, que de reflexionar sobre
el futuro de la cultura, del rock, de los espectáculos, de los
jóvenes y de cómo cambiar este Estado y esta sociedad,
para evitar otros trágicos accidentes.
Los
porteños padecen de la insensatez, el oportunismo, el gatopardismo
y la falta de asunción de responsabilidades de distintos sectores.
Muchas reacciones, múltiples sacudones y la participación
desde diferentes ámbitos y lugares, serán necesarios para
cambiar las causas profundas de la crisis. La política del momento
parece propia de una República de Cromañón.