LA CRISIS ECONOMICA Y EL ESPACIO PUBLICO

En San Telmo y sus alrededores Nº 78
Abril 2005

 

La crisis de los últimos años se refleja en la vía pública. Cambió el paisaje urbano y Argentina se asemeja cada vez más a las imágenes de los países subdesarrollados. Los mendigos y las personas durmiendo en la calle se incrementaron en las últimas décadas. Sobre todo después de la crisis del 2001, es frecuente ver pasar a los cartoneros con sus carros y observar un aumento importante de la economía informal.

En un país que tiene de acuerdo a los propios datos oficiales a 15 millones de personas bajo la línea de pobreza, no es de extrañar que aumente en los centros urbanos la venta ambulante. En la Capital Federal viven alrededor de 360 mil personas que se encuentran desocupadas o subocupadas, pero sólo el 0,35% del Presupuesto 2005 de la Ciudad está destinado a la creación de trabajo.

En los alrededores de la Plaza Dorrego, los domingos pareciera funcionar un “mercado persa”. Múltiples vendedores y artesanos colocan mantas en la calle, ofreciendo productos de cuero, ropa, bijouterie y todo tipo de baratijas. El espacio para circular por Defensa queda limitado, generando roces entre vendedores ambulantes y comerciantes.

Varios negocios se perjudican por el hacinamiento del espacio público y muchos comerciantes de la zona buscan impedir el desarrollo de la economía informal. La Asociación de Amigos y Anticuarios de la Plaza Dorrego, escribió una carta pública acompañada de adhesiones, en la cual exige que se aplique el Art. 83 del Código Contravencional, para prohibir la venta en el espacio público. Le pide al Jefe de Gobierno Aníbal Ibarra, que vete la reciente ley Nº 1.677 aprobada por la Legislatura, que autoriza al menos durante los próximos 90 días, la venta los domingos en la calle Defensa, entre Carlos Calvo y Av. Independencia.

La confrontación entre intereses diversos no debiera impedir la búsqueda de soluciones consensuadas por los distintos sectores involucrados. El espacio público es de todos y nadie se puede atribuir su propiedad.

Es entendible que haya algunos vecinos que se quejen por dificultades provoca-das por el “hormiguero humano” de los domingos. Tanto alrededor de la Plaza Dorrego como del Parque Lezama, la sobreexplotación del espacio público no beneficia el esparcimiento y degrada la zona.
Algunos sectores buscan un Estado que exhiba “autoridad” para impedir la visibilidad de la pobreza, obstaculizando a los vendedores ambulantes algunas de las vías de rebusque y sobrevivencia. Proponen generalmente en forma indirecta, represión hacia el trabajo de subsistencia, fomentando una espiral de violencia.

Es razonable que quien paga un costoso alquiler sobre la calle Defensa que lo atenúa especialmente los domingos, se sienta claramente perjudicado cuando el hacinamiento de la cuadra le dificulta la llegada de visitantes y deteriora a la zona. Pero es de esperar que no se recurra al facilismo despreciable de proponer solucionar el problema con represión contra quienes quieren ejercer su legítimo derecho al trabajo.
Es comprensible que quien no tiene un trabajo estable y no tiene un ingreso mínimo suficiente que le permita alquilar un puesto, cuando tiene la posibilidad de vender algún producto busque aprovechar los espacios públicos y los centros comerciales transitados para obtener algún beneficio. Lo lamentable que el Estado deje todo como está, sin hacer nada. La desidia contribuye por omisión al deterioro del Casco Histórico, poniendo en riesgo parte del atractivo turístico comercial del barrio y de distintos puntos de la Ciudad.

No es ni razonable ni entendible, la ausencia del Estado para prevenir y resolver dificultades presentes, que se manifiestan en el espacio público alrededor de distintos parques, plazas, ferias y centros comerciales. Sin políticas públicas que fomenten la integración, sin un seguimiento de las problemáticas sociales que atraviesan la ciudad y el país, y sin una planificación estratégica adecuada para pulverizar la emergencia social, las resoluciones para evitar la venta ambulante en el espacio público, probablemente se transformarán en parches paliativos.

Para que se produzcan soluciones de fondo que reviertan el deterioro del espacio público se necesita diálogo, consensos, propuestas, iniciativas locales solidarias, voluntad política y articulación entre el Estado nacional, los partidos del conurbano bonaerense y la ciudad de Buenos Aires.

Los problemas complejos que derivan en la venta ambulante y en la expansión de la economía informal, no se solucionan con el Código Contra-vencional, sino con ingresos dignos y trabajo para todos.

 

 

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