En San Telmo y sus alrededores N° 87, febrero 2006

LA BUSQUEDA DE CHIVO EXPIATORIO
POR EL INCENDIO DE CROMAÑON

Después del incendio del boliche República de Cromañón el 30 de diciembre de 2004, que provocó la muerte por intoxicación de 194 personas, surgió la necesidad de buscar un chivo expiatorio y los dardos se lanzaron centralmente contra Aníbal Ibarra y Omar Chabán. En los primeros días de marzo quedará definido el futuro institucional en la ciudad de Buenos Aires. No por un dictamen de la Justicia ni por la voluntad popular, sino por la resolución de la Legislatura.

Se acerca el final del juicio político a Aníbal Ibarra. En un proceso marcado por desprolijidades, irregularidades, arbitrariedades e indefiniciones, lo que menos parece interesar es la búsqueda de justicia. La sensación de impunidad, de corrupción, de ineficiencia y mal cumplimiento de controles por parte del Estado, llevaron a un proceso inédito a nivel mundial. Nunca se destituyó a un jefe de Gobierno por el incendio de una discoteca. En los últimos años se incendiaron boliches* en China, en Estados Unidos, en España, en Filipinas, en Suecia y en otros lugares, con el terrible resultado de decenas de muertos en cada uno de ellos. En la provincia de Buenos Aires hace unos años se incendió la discoteca Kheyvis de Vicente López, lo que provocó 19 víctimas fatales.

En ningún caso echaron al intendente. Es que habiendo múltiples instancias intermedias como responsables del espectáculo, de la legislación, de la seguridad, de las habilitaciones e inspectores, no se buscó como fusible de la tragedia al Jefe de Gobierno.

Ibarra tuvo actitudes cuestionables. No se acercó a acompañar a las víctimas el día de la tragedia. Prefirió quedarse a unas cuadras en el centro de Defensa Civil, como si tuviese que ocultarse de las víctimas cuando fue la noche negra. Unos días después eligió reunirse con la cámara de propietarios de los boliches antes de hacerlo con familiares y sobrevivientes. Su gestión no controló ni clausuró muchos de los boliches, pese a la advertencia de la Defensoría del Pueblo sobre riesgo de siniestro. Cromañón había sufrido días antes un incendio que pudo ser controlado. La ausencia de controles no es exclusiva de la ciudad de Buenos Aires. En los días siguientes al 30 de diciembre de 2004, se cerraron centenares de pubs y discotecas en todo el país por no tener condiciones adecuadas de funcionamiento.

En la ciudad de Buenos Aires los opositores descargaron la mayor parte de las responsabilidades en Ibarra. Empezaron a pedirle la renuncia y a buscar el camino del juicio político para lograr su destitución. Siguiendo la lógica de los legisladores y de varias familias de las víctimas, también debería pedirse la destitución del presidente Kirchner. Es el responsable de designar al Ministro del Interior del cual depende la policía. La Federal está acusada de permitir que en Cromañón entren más personas de las que estaban habilitadas para hacerlo, a cambio de coimas. Del Ministerio del Interior también dependen los bomberos, que no controlaron debidamente el sistema contra incendios del local.

En el juicio político los acusadores no encontraron pruebas que liguen a Ibarra y Chabán, ni tampoco que los inspectores de Cromañón hayan recibido coimas. La decisión de no poner vallas el día de la catástrofe es de la policía. También se acusó al Gobierno de la Ciudad por no dar atención adecuada a las víctimas. En los hospitales de la Ciudad en unas horas internaron a más de 800 personas que estuvieron en Cromañón.

Como si fuera un zar o un monarca absoluto, al Jefe de Gobierno se le adjudica el peso casi total de la falta de controles del Estado. Muchos legisladores, que no presentaron con anterioridad a la catástrofe ningún pedido de informes sobre Cromañón ni debatieron la situación de los boliches durante las campañas electorales, no miran con autocrítica su actuación. No objetaron con anterioridad al fatal incendio las políticas de habilitación de la ciudad y no intentaron interpelar al Jefe de Gobierno por el riesgo de siniestros en los boliches. Tampoco impulsaron cambios en el sistema de inspecciones.

Buena parte de la sociedad repudia desde hace muchos años la falta de controles, la negligencia, la transa y la corrupción. Frente a la impunidad busca verdad y justicia. En el juicio político a Ibarra no hubo interés en involucrar a la policía porque no depende de la ciudad, pese a denuncias concretas de corrupción. Los legisladores no aceptaron responsabilidades compartidas en cuanto a las fallas en la legislación y en los controles. Muchas personas que tiraban bengalas o festejaban los show de fuegos artificiales, no se hicieron cargo de su responsabilidad. Siguen diciendo “ni las bengalas, ni el rock and roll, a los pibes los mató la corrupción”. La discusión sobre las prácticas culturales y las conductas sociales que posibilitaron Cromañón, quedaron pendientes.

Abundó la manipulación, el intento de sacar ventajas del dolor y el uso de la desesperación de las víctimas sobrevivientes ante la catástrofe. La mayoría de los medios de comunicación buscaron audiencia haciendo un show mediante el impacto emocional sin reflexión. La necesidad de encontrar un par de culpables excluyentes para no hacerse cargo de las propias responsabilidades, han marcado todo el proceso político en la ciudad de Buenos Aires post Cromañón.

 

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