En San Telmo y sus alrededores
N° 95
CADENA DE AMENAZAS
La desaparición de Jorge Julio López, un
sobreviviente de la represión de la dictadura militar que fue
testigo clave del juicio contra el represor Julio Etchecolaz, fue el
comienzo de una repudiable cadena de amenazas tendientes a frenar los
juicios contra los represores del proceso militar.
Decenas de testigos y abogados, medio centenar de funcionarios
judiciales, militantes sociales e hijos de desaparecidos, sufrieron
en los últimos días amenazas anónimas. El juez
Arnaldo Corazza, el camarista Leopoldo Schiffrin, los abogados de ¡Justicia
Ya! están amenazados. El 29 de septiembre una sobreviviente de
La Noche de los Lápices recibió una carta con amenazas
de ex comisarios bonaerenses; el 2 de octubre un estudiante de Bellas
Artes fue golpeado por tres personas que le dijeron que lo tenían
marcado por sus actividades por la aparición de López;
un grupo de policías detuvo el 9 de octubre a dos militantes
del Movimiento 26 de junio, amenazándolos con desaparecerlos;
el 18 de octubre cuatro personas bajaron de un vehículo para
aplicarle golpes a Ramiro González, un integrante de una agrupación
de hijos de desaparecidos.
A partir del miedo y el terror, los represores buscan
un punto final a la búsqueda de memoria, verdad y justicia. Estos
nefastos personajes, ayudados también por discursos que critican
las condenas al terrorismo de Estado y piden mirar para adelante,
reiteran métodos brutales.
Es de esperar que la sociedad reaccione y no se acostumbre al horror
y a los ataques entre las sombras, terminando con la impunidad en sus
diversas formas de quienes secuestraron, torturaron y asesinaron. Muchos
represores siguen caminando libres por las calles. Es lamentable que
ante los resabios del terrorismo de Estado la respuesta sea el silencio
y la complicidad que significa plantear mirar para adelante y
no reabrir viejas heridas. Para que dejen de operar los represores
y crezca la democracia, es un buen remedio enfrentar la indiferencia.