En San Telmo y sus alrededores N° 96

CIERRE DE ESPACIOS CULTURALES

A partir de la catástrofe de Cromañón el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires pasó a tener una política de control de centros culturales, teatros, boliches, pubs y espacios culturales, que provocó cierres y clausuras en la mayoría de los lugares independientes.

Después de años en los cuales las sospechas de connivencia, complicidad y corrupción sobre inspectores, funcionarios y policías, que hacían la vista gorda ante evidentes fallas en los distintos locales bailables y lugares de concentración de público, se pasó a un sistema de cierres y clausuras prácticamente por cualquier motivo, que repercutió en los dos últimos años en el desarrollo creativo de grupos y espacios culturales independientes.

Desde cierres por falta de agua caliente hasta clausuras por falta de máquinas expendedoras de preservativos, todo sirve como motivo para aplicar cierres. En Capital Federal hay 518 locales habilitados para música. Entre el 1 de enero y el 25 de octubre, la Subsecretaría de Control Comunal realizó clausuras en 359 de ellos. Antes de la tragedia en el boliche República de Cromañón, había cinco mil lugares de música en vivo, mientras que ahora no llegan al millar.
La falta de normas claras y las desproporcionadas exigencias que se le exigen a los que tienen espacios culturales, provoca que se cierren espacios de expresiones y manifestaciones artísticas, cuando Buenos Aires pretende presentarse como la capital cultural de América Latina.

De esta manera, mientras por una parte se presentan formidables iniciativas con entrada libre y gratuita que acaparan la atención del público, -entre las que se pueden mencionar distintos festivales, muestras plásticas y distintas expresiones culturales en Estudio Abierto, la Noche de los Museos, los festejos por el Día de la Música o las incesantes actividades en centros culturales barriales pertenecientes al gobierno de la Ciudad, por citar algunos ejemplos-, por otra parte se restringe el acceso a otros espacios culturales, poniéndole obstáculos al público, a los creadores y a los artistas, que cada vez tienen más dificultades para conseguir espacios en donde expresarse.

Es de esperar la revisión de una política que utiliza la tragedia de Cromañón para cerrar espacios independientes. El conjunto de la sociedad y sobre todo los pibes, tienen que tener más puertas abiertas para poder manifestarse libremente.

 

 

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