"SOMOS LOS ACREEDORES DE LA
DEUDA SOCIAL, HISTORICA Y ECOLOGICA DE LOS PUEBLOS"
Marcha al Estadio Mundialista
El amanecer de Mar del Plata inicia un día frío y nublado.
Proveniente de distintas distancias del país y del continente,
la multitud se aglomera sobre Av. Independencia para participar del
acto de cierre de la tercera Cumbre de los Pueblos de América.
Desde una cafetería somnolienta, la TV emite imágenes
del arribo del Tren del Alba que trajo a personalidades políticas,
culturales y sociales. Por su parte, en una salita pública de
atención primaria se observa la temprana disposición de
un operativo médico listo para actuar en caso de emergencia.
Según palabras de Viviana, profesional de la salud, desde comienzos
del año la ciudad costera viene preparándose visiblemente
para la realización del evento periódico de los mandatarios
de los países de la región que, con explícita restricción
a la representación de Cuba, desde 1994 y bajo la iniciativa
del gobierno de los Estados Unidos se reúnen para avanzar en
una agenda que promueve reformas públicas, libre comercio y lucha
contra el terrorismo. En esta ocasión, la IV Cumbre de las Américas
-4 y 5 de noviembre- esperaba sellar las negociaciones referentes al
Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), pero la
falta de acuerdo multilateral ha dilatado el acta inaugural hasta hallar
mejores condiciones.
En las calles, la multitud festeja. Avanzando lentamente tras un equipo
de sonido móvil, las delegaciones nacionales, de organizaciones
sociales, gremiales y estudiantiles, identificadas con sus respectivas
banderas, escuchan por parlante fragmentos del pronunciamiento acordado
durante la Cumbre de los Pueblos que, postulándose como alternativa
a la de las Américas, sesionó entre el 1º y 4 de
noviembre.
En el ambiente se percibe un claro repudio a la política internacional
de Bush, oposición al bloqueo económico de Cuba y a la
ocupación de Haití. A su vez, la afirmación positiva
por una integración regional que tenga en cuenta las asimetrías
en el desarrollo de los países y que sirva a la reducción
de las desigualdades sociales. Asimismo, por la defensa de la salud
y de la educación pública.
Son las 9:15 y la llovizna persistente no amedrenta a quienes en masiva
columna se dirigen al Estadio Mundialista, sede de próximo acto
político y cultural, en el cual el discurso de Hugo Chávez,
presidente de Venezuela y máximo referente de la autoproclamada
Revolución Bolivariana, promete ser la instancia más relevante
de la jornada.
"Por el reconocimiento del derecho de los pueblos originarios
sobre la tierra, por una reforma agraria integral; contra el pago de
la deuda externa ilegítima; por la distribución del ingreso
y contra el desempleo y la exclusión social", son los principios
que proclama la apretada concentración que recorre Av. Independencia.
Notoriamente todos los negocios y comercios de la zona se encuentran
cerrados, algunos tapiados y muchos otros ocultos tras enormes empapelados.
Viviana comenta que una psicosis colectiva en los últimos días
ha puesto a resguardo a los vecinos. Desde el lunes no hay clases en
las escuelas públicas y no son pocos los que han escapado a otras
ciudades. Sin embargo, el camino de los manifestantes no deja de estar
acompañado por marplatenses observadores y silenciosos, sin contar
a quienes se fundieron en la marcha con sus propias pancartas.
También el lunes, alrededor de dos mil efectivos de las fuerzas
de seguridad del presidente estadounidense acantonaron en las inmediaciones
del hotel Hermitage y detrás de un extenso vallado que impide
el acceso al mar y a los balnearios aledaños. El presidente del
país del norte ha venido hasta con su comida, sintetiza la entrevistada.
"Contra la ocupación del Acuífero Guaraní.
Rechazamos enérgicamente la militarización del continente,
no queremos bases ni enclaves militares", transmiten los parlantes.
"Somos los acreedores de la deuda social, ecológica e histórica
con nuestros pueblos."
Cerca de las 10 dejó de llover y comenzó el ingreso al
Estadio, ubicado en el Parque Municipal de los Deportes, a unas treinta
cuadras del lugar desde donde partió la movilización y
a unos cuatro kilómetros del centro de la ciudad. En el cruce
de Av. Independencia y Av. Juan B.
Justo, la pluralidad de voces y colores tardará una hora en
extinguirse, mientras el Estadio, construido para el Mundial de Fútbol
de 1978, sin apuro se empieza a poblar. Para la una de la tarde, su
capacidad de albergar a setenta mil personas se muestra algo holgada
y en el césped no falta quienes deciden improvisar un picadito.
En el escenario, dispuesto en el costado inmediato de la platea baja,
estarán presentes artistas como Silvio Rodríguez, Daniel
Viglietti y Víctor Heredia, y entre otros, darán su saludo
Blanca Chancoso, líder aborigen ecuatoriana, Hebe de Bonafini,
Madre de Plaza Mayo y Evo Morales, dirigente campesino cocalero boliviano.
No obstante, otro aguacero acortará los tiempos del acto e incrementará
la impaciencia de la gente que aguarda la entrada del presidente venezolano.
A la una y media Hugo Chávez abre el esperado discurso y saluda
a la multitud. Pocos minutos continuó la lluvia y hasta las tres
y media, ya bajo un tímido sol que se hacía lugar entre
las nubes, la gente permaneció atenta al mensaje que vino a llevarse.
Entre un juego de frases y saludos propicios a la ovación popular,
Chávez se adelantó y avanzó como referente de un
cambio social contrario a la opresión y explotación de
los pueblos del sur. Concepto este último que, más que
una orientación geográfica, aglutina una terrible significación
política. En palabras de Mario Benedetti, "el sur también
existe."
Fundamentando el principio de desarrollo sustentable, el cual tiende
a superar la contradicción actual entre crecimiento económico
y preservación ecológica, así como al respeto de
la pluralidad cultural y a focalizar los objetivos del desarrollo en
el mejoramiento de la calidad de vida de las mayorías y de la
equidad distributiva de la riqueza, Chávez se pronunció
por una campaña contra el analfabetismo y por un programa contra
el hambre en el continente.
Diferenciándose de los procesos socioeconómicos que caracterizaron
a América Latina y al Caribe durante la década de los
noventa (privatización de empresas públicas, desregulación
estatal, apertura económica y ajuste fiscal) y llamando enterradores
del ALCA a los presentes, expuso las bases del proceso de integración
alternativo, la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA).
No dejó sin denunciar los supuestos preparativos de las fuerzas
oficiales estadounidenses para invadir Venezuela y de acentuar su estrecha
relación y afinidad con Fidel Castro. Entre citas de Rosa Luxemburgo,
Mao Tse Tung, Evita y del filósofo Noam Chosky, saludó
los focos de resistencia del pueblo norteamericano y convocó
al compromiso de no dar tregua al modelo de globalización de
la hegemonía norteamericana.
Al término del discurso, la desconcentración de los asistentes
fue inmediata. En tanto rondaba el ambiente la manifestación
explícita de que la disyuntiva actual seguía planteándose
en función a socialismo o barbarie, ordenadamente la mayoría
de los participantes del acto fueron al encuentro de sus respectivos
ómnibus, para emprender el viaje de regreso.
Por su parte, nuevamente en el cruce de Av. Independencia y Av. Juan
B. Justo, comenzaba otra marcha, la de Convocatoria Antiimperialista,
encabezada por partidos de izquierda. Esta columna, en oposición
a las dos cumbres localizadas en la ciudad, por considerar a una imperialista
y a la otra oficialista, se desarrollaría por Av. Independencia
doblando por la Av. Colón, para llegar a uno de los accesos al
vallado.
Lali Benítez, desde Mar del Plata