22/02/07

MEGATORRES, MEGA IMPACTO URBANO AMBIENTAL

El 15 de febrero Telerman estableció las nuevas condiciones que deberán cumplir las construcciones de torres en la Ciudad. Deberán tener el aval de AySA para prevenir que las obras hagan colapsar las estructuras de cloacas y agua potable. Sin embargo, la medida no contempla el impacto urbanístico. El Jefe de Gobierno envió un proyecto para cambiar la legislación del Plan Urbano Ambiental vigente, que es de la época de la dictadura.

El Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Jorge Telerman, puso fin a la veda que había establecido 90 días antes para las construcciones indiscriminadas de torres, que provocaron las protestas de vecinos de Caballito y de otros barrios. De esta manera podrán construirse nuevas obras o ampliarse las existentes en Villa Urquiza, Coghlan, Núñez, Palermo, Villa Pueyrredón y Caballito. Con excepción de Núñez, en estos barrios se pedirán nuevos requisitos para realizar nuevas obras. Las empresas constructoras que piensen construir edificios con más de 5 mil metros cuadrados (hasta el año pasado los permisos para la evaluación del "impacto ambiental", empezaban a pedirse en construcciones de más de 10 mil metros cuadrados) deberán presentar un certificado sanitario que especifica la factibilidad técnica de agua potable y desagües domiciliarios, avalados por AySA.

Las otras medidas impulsadas por Telerman son la creación de una Comisión Interfuncional de Habilitación Ambiental, con representación de los ministerios de Obras Públicas y Medio Ambiente, que podrá pedir un estudio integral de la zona a construir. Además el gobierno porteño anunció la constitución de un Comité de Coordinación y Planeamiento de Infraestructura, que tendrá facultad para intervenir en los permisos de obra para empresas de servicios. Por otra parte, el ejecutivo porteño envió a la Legislatura un proyecto para cambiar el actual Plan Urbano Ambiental.

Con anterioridad a los decretos del Jefe de Gobierno, un fallo judicial prohibió construcciones en 16 manzanas de Caballito y en 45 de Palermo. Las grandes construcciones no solamente afectan a la red de agua potable y a las redes cloacales por el alto crecimiento poblacional que se registrará en las zonas afectadas. Los megaproyectos confiscan a los vecinos que viven en otros departamentos y viviendas la luz, el aire y acentúan el desequilibrio en relación a los espacios verdes públicos. También producirán mayores embotellamientos de tránsito. De seguirse la propuesta del gobierno, AySA invertirá más de 200 millones de pesos en agua potable, cloacas y desagües, para satisfacer las nuevas demandas provocadas por las necesidades que generan las empresas constructoras. Una gran inversión en barrios que en este momento tienen estos servicios, mientras se siguen postergando inversiones en agua potable en otros barrios marginados.

Desde el sector de la construcción alegan que posibilitan la creación de fuentes de trabajo, que son un puntal para la recuperación económica. Pero las empresas constructoras se desentienden de los problemas estructurales, ya que una vez que terminan las obras todos los problemas producidos por el colapso ambiental los deberá resolver el Estado y la población afectada. Las empresas constructoras terminaron querellando a los propios vecinos que encabezan las luchas en defensa de la calidad de vida en los barrios.

Mientras en el sur porteño hay zonas postergadas donde se requiere que avance la construcción, en algunos barrios de clase media I.R.S.A y otros grupos económicos construyen torres que, sin dudas, afectarán la calidad de vida de la ciudad de Buenos Aires.

 

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