Un
pasado aristocrático y un presente en el que se cruzan
la cercanía al microcentro, la perduración de la vida barrial
y una multiplicidad de opciones culturales.
En
una época de auge y expansión del turismo, el casco histórico
de la ciudad, se perfila cada vez más como una de las zonas
atrapantes de Buenos Aires.
Por
semana, cerca de diez mil visitantes realizan un viaje a través
del tiempo a partir de casas centenarias, solares, iglesias
del siglo XVIII, arquitecturas coloniales o fachadas de la
época de los jesuitas.