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EN
14 AÑOS LA RESERVA ECOLOGICA SUFRIO MAS DE 300 INCENDIOS
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En
San Telmo y sus alrededores Nº 29
Abril
2000
El
visitante camina por la Costanera Sur y luego toma la calle Brasil hasta
el fondo, porque se enteró que por allá, existen 350 hectáreas de naturaleza
inmune que día a día lucha para no ser devorada, ante el cemento acechante
de un nuevo Puerto Madero que desde hace diez años comenzó a expandirse
por la rivera.
El
visitante cruza la avenida Tristán Achaval Rodríguez y por fin llega.
Primero lo extraña estar ante cabañas de madera y techos de chapa que
pertenecen a las autoridades y guardaparques del lugar; luego, senderos
de tierra lo introducen a una zona inesperada de tranquilidad y de un
silencio que se entrecorta a veces por el chillar de aves típicas del
campo, algo completamente inaudito para una ciudad urbana como Buenos
Aires.
A
través de la vegetación de ceibos, sauces y totoras, entre otras; el
visitante observa las lagunas de los patos y los animales campestres
de todo tipo. Se dirige hacia el este, de vez en cuando se para a contemplar
un rato el paisaje y continúa para chocarse con una orilla cubierta
de escombros del Río de la Plata. Hace calor, pero no se mete al agua,
sabe que está contaminada y lee por las dudas, un cartel avizor que
indica: "prohibido bañarse". Hincha sus pulmones de aire,
detiene su mirada en los barcos, gira hacia el oeste y allá los ve porque
es imposible no verlos, porque siempre están: el hormigón y los edificios.
Más
tarde el visitante vuelve por donde vino, las manos le transpiran, se
agacha, rocía el verde con alcohol y prende fuego. Es el incendio número
trescientos que castiga a la Reserva Ecológica.
El
comercio, el negocio, el progreso, obligaron a Buenos Aires a ganarle
tierra al río, quizás porque es lo único que aún no se privatizó.
El
5 de junio de 1986, el entonces Consejo Deliberante, aprobó la ordenanza
41.247 de José María García Arecha y declaró Parque Natural Reserva
Ecológica a un predio que se fue gestando mitad por los escombros depositados
en el lugar y mitad por las artimañas de la naturaleza.
El
sitio se transformó en un espacio que por sus características seduce
a los porteños a concurrir para descansar, recrear o pasar un rato confortable
con la naturaleza.
Cada
fin de semana son 12.000 personas las que se acercan al lugar. Hoy el
terreno forma parte de un área controlada por la Subsecretaría de Medio
Ambiente del Gobierno de la Ciudad.
Pero
la Reserva cuenta con una desventaja, se halla en una zona que comenzó
a ser vista por los grupos económicos como una gran oportunidad para
un negocio inmobiliario. Sin embargo, la Reserva subsiste luego de 14
años de oscuras presiones empresariales que han utilizado e insistido
con estrategias tenebrosas al ver acortarse los caminos de sus intereses,
ya que el área es patrimonio de la Ciudad. A lo largo de sus existencia
tuvo que soportar 300 incendios, muchos de los cuales fueron intencionales.
La
hipótesis que maneja su Director General, Sergio Recio, a la hora de
dar una explicación de los siniestros dudosos, es que la mayoría "es
por resentimiento, son resabios de grandes negocios perdidos",
y agrega: "hoy es casi imposible quitar la Reserva, para poder
construir se debería modificar la legislación y eso requiere el voto
de los 60 legisladores en contra".
Después
de las devastaciones y heridas que produce el fuego no controlado, y
luego de analizar el cómo y porqué, surgen muchos indicios y sospechas
sobre la intencionalidad de los incendios, que parecieran ser meticulosamente
estudiados, "es imposible que se produzcan dos focos importantes
separados entre sí por 300 metros. Cuantos más frentes debemos combatir,
más complicaciones se nos presentan", comenta Recio al referirse
a las particularidades del último incendio que se produjo el 12 de marzo
y que dejó destruidas a 35 hectáreas.
El
defensor del Pueblo adjunto, Antonio Brailovsky, declaró a Clarín el
pasado 24 se septiembre que: "no hay duda de la responsabilidad
de grupos interesados en la gestión inmobiliaria. Hay que investigar
quienes contratan a los marginales que van a prender el fuego".
Por
lo general son muy pocas las veces en que detienen a los incendiarios
y cuando lo logran, se encuentran con chicos probablemente enviados,
que quedan en libertad por ser menores de edad : "Salvo un mayor
que lo pescamos prendiendo fuego en septiembre del 99, los demás son
todos menores", señala Sergio Ricio.
A
su vez, los que van a incendiar por orden o incentivados, son inexpertos
y muchas veces corren el riesgo de quedar acorralados por llamas que
superan los 5 metros. El Director General de la Reserva cuenta que una
vez quedaron atrapados "unos chicos de colegios que prendieron
fuego con sus guardapolvos a 100 metros de distancia y no pudieron escapar.
Alguien les dijo que tenían que prender dos frentes. Eran chicos de
primaria con 70 pesos en el bolsillo, entonces, eso me hace sospechar.
Es seguro que existe alguien que no tiene ningún problema en solventar
este tipo de incendios".
Nuevamente
Buenos Aires sorprende a sus habitantes, en uno de sus tantos contrastes.
Porque a metros de la Plaza de Mayo y como desentendiéndose de la polución
del microcentro, cuenta con una reserva ecológica que, aparte de ser
una escuela ambiental al aire libre, es la usina de oxígeno de un área
que durante el día se ve atestada de smog y durante la noche es revitalizada
por 350 hectáreas de pura naturaleza. Pero, para algunos sectores de
la población, la Reserva no tiene sentido cuando ponen la cabeza en
números y piensan que es inconcebible tener a centímetros del futuro
desarrollo del nuevo Puerto Madero, una cosa muerta sin aprovechar.
Patricio
Escobar