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ENTREVISTA
A EDUARDO JOZAMI, EX SECRETARIO DE VIVIENDA
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LA
COMISION MUNICIPAL DE LA VIVIENDA NO SE PUEDE MANEJAR COMO UNA
INMOBILIARIA
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En
San Telmo y sus alrededores Nº 48
Agosto
2002
El
déficit habitacional cada vez se incrementa más, tanto en la Ciudad
de Buenos Aires como a nivel nacional. En la siguiente entrevista, el
ex Secretario de Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires, Eduardo Jozami
-quien presidió el cargo desde la asunción de Ibarra hasta marzo de
2002- realiza un panorama sobre su gestión al frente de la Comisión
Municipal de la Vivienda (CMV) y cuestiona la falta de políticas públicas
que impiden a los sectores populares acceder a tener un techo propio.
En
su gestión por primera vez el Gobierno de la Ciudad le vendió predios
a cooperativas y se priorizó el vínculo con organizaciones sociales.
En el sur accedieron a créditos de vivienda cooperativas de La Boca,
San Telmo (el MOI) y Barracas. También se buscó urbanizar el Bajo Flores
y mejorar las condiciones habitacionales de barrios FONAVI (Fondo Nacional
de Vivienda).
¿Qué
balance hacés de tu gestión al frente de la Secretaría de vivienda?
Fue
un giro importante en la orientación de la comisión. En el sentido de
volver a priorizar a los sectores que de acuerdo a la ley FONAVI son
los destinatarios de las políticas de vivienda social, es decir, a los
sectores de menores recursos. Hay
una política destinada a construir viviendas pero para gente de 1500
pesos para arriba, sectores que por supuesto también deben poder
acceder a la vivienda y aunque tienen capacidad de ahorro, en la actualidad
el sistema financiero los está dejando de lado.
Respecto
al balance señalo lo siguiente: La primera es la política en
relación a los barrios del sur de la ciudad con los complejos habitacionales.
Estaban en un estado de abandono total. Se habían entregado las viviendas
hace 30 años y después no hubo la preocupación por parte del Gobierno
de la Ciudad por la preservación del espacio público circundante. En
algunos casos hay espacios comunes que deberían hacerse cargo los consorcios,
pero por la situación social del país, no todos pueden pagar las expensas.
Se
requiere una participación más activa del Estado. Siempre
digo: en el barrio Soldati viven 20 mil personas, es un pueblo. Si no
funcionan los ascensores es una cuestión social de primera magnitud
por la gente involucrada y las consecuencias que puede tener. El Gobierno
de la Ciudad antes de que asumiéramos, no accedía a las rebajas de las
cuotas. Nosotros hicimos una apuesta distinta: facilitar la adaptación
a los precios reales. Bajamos un 30 % y mejoró la recaudación porque
hubo más gente que pagó las cuotas.
En
algunos departamentos que en el mercado se cotizaban a menos de 20 mil
pesos, se cobraban cuotas como si valiesen 40 mil pesos. Por otro lado,
además de reajustar los valores, se inició una política de rehabilitación
edilicia de los barrios. Lo que me interesa destacar es que hay un cambio
en la relación de la CMV (Comisión Municipal de Vivienda) con los barrios
municipales. La CMV no se puede manejar como si fuera una inmobiliaria.
No es que vende y se desentiende. El Gobierno de la Ciudad tiene que
estar preocupado en cómo viven los habitantes. Tiene que haber una asistencia,
hay que garantizar el funcionamiento de los consorcios y tiene que haber
una preocupación por el espacio público circundante.
Cuando
estuvimos en la CMV nos hicimos cargo del gasto del arreglo de los ascensores
de edificios de Lugano, porque no se puede dejar desamparada a miles
de familias que no pueden pagar las refacciones.
Otro
desafío fue cambiar el eje de las políticas hacia las villas.
El gobierno de la Ciudad ya antes de nuestro ingreso había construido
viviendas para las villas cuando estuvo De la Rúa, pero hicimos dos
cambios: el primero tiene que ver con la participación y la discusión
con la gente. Se habían hecho en algunos casos viviendas con un dormitorio,
cuando todos sabemos que las familias suelen ser muy numerosas. Esto
fue por la falta de discusión con los beneficiarios.
Un
problema gravísimo por lo difícil de resolver, era el de la adjudicación
de las viviendas. El primer paso fue aventar las sospechas de entregas
a punteros políticos o incluso a gente que no estaba en la villa. Se
hizo una mesa de diálogo en la villa de Flores. Por otro lado es muy
complicado definir criterios respecto a quienes se adjudican. La prioridad
consensuada, fue adjudicar viviendas a la gente que estaba en un lugar
y al abandonarlo podía permitir la urbanización de la villa en barrio,
la pavimentación de las calles. El segundo cambio fue asumir la realidad
que la gente durante mucho tiempo iba a seguir viviendo en villas, por
más rápido que avance el proceso de urbanización.
Según
el último censo, hay más de 110 mil villeros y esa población puede seguir
engrosándose por nuevos integrantes provenientes del interior. Entonces
la política fue no solo preocuparse en construir viviendas, sino en
mejorar la calidad de vida de los habitantes del lugar. Es decir, encarar
obras de infraestructura, preocuparnos para hacer frente a las inundaciones,
desarrollar las cloacas, mejorar la instalación eléctrica. Fue una inversión
bastante importante y me parece que debería ser continuada en el futuro.
Conseguimos
disminuir muchísimo las inundaciones en las villas.
Otro
eje importante tiene que ver con las políticas para la emergencia habitacional.
Cuando llegamos nos encontramos con una situación bastante complicada
porque no había fondos. En el caso de la Boca hay solicitudes de créditos
que no iban a poder ser atendidas. La política que tuvimos fue en primer
lugar tratar de bajar los costos de los créditos y darle prioridad a
los proyectos de organización colectiva.
Se
pudieron hacer emprendimientos importantes comp el de La Fábrica en
la zona de Barracas, donde había más de 40 familias. La Comisión hizo
una primera inversión muy importante de un millón de pesos para adquirir
el predio. Pudimos resolver el tema de la Cooperativa
Perú, en Independencia y Perú. Un tema que se venía tratando en
el Consejo Deliberante desde 1994.
Lo
más importante fue la dinámica que se generó. Colaboramos en la organización
de grupos en las cooperativas, pusimos la estructura de la Comisión
brindando asesoramiento técnico y legal para el proceso de autoconstrucción.
Algunos decían que estábamos haciendo demagogia, alentando demandas
que después el gobierno no iba a poder cubrir. Es una idea equivocada
que plantea gente que parece que no le molesta la presión de los empresarios
o los grupos de poder económico y sí se asustan de que los sectores
de menores recursos se organicen.
Es
cierto que las demandas que se fueron generando con este proceso de
organización en cooperativas y mutuales excedían los recursos que el
gobierno de la Ciudad pensaba dar este año. Pero nosotros también habíamos
hecho una jerarquización y una programación en el tiempo, que demostraba
que era perfectamente posible cumplir. Nos parece que hay que valorar
lo que puede significar en la ciudad, priorizar el gasto en este tipo
de soluciones. Implican la posibilidad de viviendas definitivas para
la gente y reemplazar, por ejemplo, las operatorias de los hoteles que
se están llevando mucha plata.
¿No
pensaron desde la CMV en viviendas para sectores medios?
En
una ciudad como Buenos Aires, donde el peso de los sectores medios es
tan grande, sería un error no pensar en la vivienda para los sectores
medios. Pero ahí pensamos que hay una responsabilidad central del Banco
Ciudad y nos gustaría que se modificara la política en este sentido.
Nosotros presentamos al Banco Ciudad propuestas de operatorias para
establecer convenios con organizaciones intermedias, como el gremio
docente, el personal del hospital Garraham, judiciales.
Entendíamos
que había garantías más que suficientes para que el banco pudiera participar
junto con la comisión en el financiamiento y eso no se logró. Pienso
que al Banco Ciudad le cuesta manejarse realmente con criterios de promoción
de banco social, de banca pública. De alguna manera termina funcionando
con los mismos parámetros que la banca privada. La
Ciudad de Buenos Aires dispone de muy pocos recursos del FONAVI. La
cuota que nosotros tenemos del Fondo Nacional de la Vivienda es del
1,3 %.
¿Con
qué recursos económicos cuenta la Secretaría de Vivienda?
Con
los del FONAVI, alrededor de 10 millones de pesos; unos 10 millones
aproximadamente de las cuotas por el pago de viviendas y hay que agregar
que el Gobierno de la Ciudad en el 2001 nos dio 17 millones de pesos,
incluyendo las partidas de obras para las villas, para la AU3 y programas
de crédito.
¿Por
qué te echaron?
Por
una suma de factores, pero creo que lo decisivo fue una consideración
política mezquina, para decirlo francamente. Me parece que primó la
idea de que como no integraba la fuerza política Frepaso, buscaron controlar
espacios y construir desde una fuerza propia desde el gobierno.
Nuestra
política al Gobierno de la Ciudad le convenía mucho porque teníamos
mucha relación con la gente y una composición popular que no se caracterizó
en otros ámbitos del gobierno. A esto se deben haber sumado las presiones
de sectores empresariales. También de sectores del radicalismo, que
para decirlo sin vueltas, habían hecho de la CMV una gran caja.
Barrimos
con el clientelismo. No adjudicamos una sola de las viviendas, en las
operaciones para sectores medios, sin sorteo. Se terminó con el favoritismo
político y pinchamos unos cuantos negocios existentes en las villas.
Un buen ejemplo es que contratando a menos de 10 personas, pudimos aproximadamente
gastar 70 mil pesos para cortar el pasto de todos los edificios que
rodeaban los barrios municipales a cargo de la Comisión. El mismo trabajo
había insumido el año anterior 650 mil pesos.
El
gremio también tuvo una política negativa, el Sindicato Municipal de
alguna manera buscó boicotear todas las innovaciones. La contabilidad
de la Comisión era un jeroglífico indescifrable. Tuvimos que pedir una
auditoría de la Ciudad. Un problema de fondo a resolver es la Reforma
del Estado de la Ciudad, sin esta reforma es imposible gobernar.
¿Cómo
fue la relación con la Corporación Sur?
La
Corporación Sur ha sido una de las grandes frustraciones de este gobierno.
Apareció como una gran empresa que iba a desarrollar el sur de la ciudad
y no puede mostrar prácticamente nada. Se basó en una lógica equivocada
al copiar de algún modo la experiencia de Puerto Madero, que al ser
una zona muy rentable, le sobran inversores.
En
el sur no sucede lo mismo. Tiene que haber entonces una decisión del
sector público mucho más decidida. Eso supone por ejemplo la urbanización
de la villa. Otro problema fue las presiones que recibió el Gobierno
de la Ciudad para efectivizar el desalojo en Mariano Acosta y Castañares
en el bajo Flores. Esa fue una de las experiencias más negativas del
gobierno de Ibarra. Se sacó a la gente por la fuerza y no pudimos intervenir
porque no eran tierras de la Comisión Municipal de la Vivienda. ¿Todo
por qué? Porque se iba a desarrollar un polo juguetero. Pasó más de
un año y nadie a visto nada.
¿Cuál
fue la relación con Ibarra antes del conflicto?
A
mí me da la impresión que Ibarra nunca se entusiasmó con la política
que nosotros hacíamos. Más bien la aceptaba porque daba a su gobierno
una imagen progresista, pluralista y popular. Lo nuestro ha sido una
política permanente de búsqueda de consenso con las organizaciones.
Sabíamos que si recibíamos a las organizaciones de vivienda, eso nos
iba a demandar más plata.
La
otra alternativa era no atenderlas, como han hecho otras gestiones.
Intentamos cambiar la lógica de la CMV. Sin embargo, no parece que la
vivienda haya sido una prioridad de la Ciudad. No se observan muchas
construcciones ni importantes avances en la urbanización de los barrios
carenciados.
Este
año pedíamos de presupuesto 70 millones. Calculamos en 400 millones
lo que es necesario para la urbanización total de las villas. No es
un problema de plata, es un problema de prioridades. La crítica que
hoy yo le hago a Ibarra, es que ese discurso progresista que el dice
tener, no se condice con la estructura de gastos de la Ciudad.
La
CMV tiene un problema de autarquía difícil de resolver porque también
recibe fondos de Nación. Lo que faltó en general (si uno quiere caracterizar
la gestión de este gobierno de la Ciudad), es voluntad de reformas.
Eso nosotros lo vivimos mucho, porque tras el trabajo con las organizaciones
sociales se abría la posibilidad de realizar cambios.