¿EN QUE
ANDAN LAS ASAMBLEAS?
En San Telmo y sus
alrededores N° 81
Agosto 2005
Pasaron menos de cuatro años desde que aparecieron conjuntamente
con la crisis, la bronca y la expresión "Qué se
vayan todos". Fueron un fenómeno de participación
ciudadana que desbordó calles y parques en multitudinarias
manifestaciones. Cuestionaron el concepto de representación,
reivindicaron el concepto de horizontalidad, cambio y autonomía,
buscaron hacer un trabajo social territorial y en la mayoría
de los casos, sucumbieron al nuevo contexto. Muchos esperaron una
renovación política y se encontraron con la reproducción
de viejas metodologías y prácticas, que los alejaron
del nuevo ámbito de participación. Otros sufrieron un
proceso de desgaste, se cansaron y se volvieron a su casa. La mayoría
de las asambleas o desaparecieron o se redujeron a una mínima
expresión.
A pocos meses de las elecciones, lo que menos parece haber es
renovación política.
Esta nota es un pantallazo sobre el trabajo en el presente de
la asamblea de Plaza Dorrego, en el cual no se analizan sus procesos
de divisiones y crisis, sino su trabajo social.
"Cuando hay tranquilidad se puede trabajar. Tengo 50 años,
vivo en la calle desde hace 27 y sé que es muy difícil
trabajar con la gente de la calle. Te encontrás de todo. Hay
que elegir lo que sirve y lo demás desecharlo al costado",
señala Miguel Angel Rodríguez. Todos lo sábados,
incluyendo Navidad y Año Nuevo, cocina para el comedor popular
de la Asamblea de Plaza Dorrego, ubicado en el predio de San Juan
y Piedras. Allí asisten más de cien personas. La Asamblea
no es dependiente del listado de comedores apoyados por la Secretaría
de Promoción Social del Gobierno de la Ciudad, porque quiere
mantener su autonomía.
El comedor se sostiene con el aporte de los asambleístas y
de comercios solidarios, como la carnicería Leo de Carlos Calvo
al 900, la verdulería mayorista de verduras de Atilio Carulo
en Chacabuco 987, una verdulería y la carnicería Jorgito
del mercado de San Telmo, el negocio de venta de licuados, panchos
y hamburguesas de la esquina de Tacuarí y San Juan , y la panadería
Sol de Oro. "Poné en la nota que aceptamos todo lo que
puedan aportar y esté a su alcance", piden los organizadores.
El comedor funciona todos los sábados y domingos en dos tandas
a las 13 y a las 14 hs. Por día asisten alrededor de cien personas.
"Me acuesto a las 9 de la noche el día anterior para levantarme
el otro día y tener la responsabilidad de venir con o sin lluvia.
El 25 de diciembre a las 8 AM ya estaba acá. Es tener también
amor por otras personas que se encuentran peor que uno. Puedo servir
para eso y para otras cosas a lo mejor no. Pero cuando uno asume una
responsabilidad, cuando se da la palabra, hay que tomarla sea lo que
sea. Acá por suerte nos hemos encontrado con un equipo de trabajo
muy bueno. Esto es lo más grande, a uno le sirve para recuperarse
y para ser recuperado a la vez", dice Miguel Angel.
Con quienes se acercan a comer, en algunas oportunidades se produjeron
inconvenientes. "Miguel la tiene reclara en conocer a la gente
y saber el manejo. Es jodido porque a veces tienen otra forma de pensar
que no sé como explicar", comenta Juan Carlos.
Después de pasar por algunas situaciones violentas, en el
comedor decidieron poner límites a los que llegaban alcoholizados.
La marginalidad produce situaciones conflictivas. Pese a que les sirven
sin ninguna contraprestación sopa y guiso, algunos se quejan.
"No se olviden cuando van saliendo, de dejar la cuchara, el vaso
y el plato a la salida", dice un sábado de invierno un
colaborador del comedor. "Sí alcahuete", le responde
un muchacho. Alguno se queja de la comida y otro pide plata por una
foto.
Juan Carlos Buscarons, de 48 años, es otra de las personas
que primero se acercó a comer y después se entusiasmó
con el proyecto y se quedó a colaborar. "Acá todo
es compartido, hay buena onda, buenos compañeros y se hace
entre todos. Vivo en Quilmes. Vine un par de veces el año pasado
y desde entonces me integré y empecé a colaborar. Es
raro que falte un sábado. Hay buena onda, uno trabaja bien
y tranquilo. Te sentís bien y hacés las cosas con ganas.
Para mi esto es como una cocina terapia.
Trabajando en una obra de construcción me caí y tengo
once huesos quebrados en recuperación. Estuve 22 días
internado y cuando me dieron el alta, vine para acá el primer
sábado. Es lindo el compañerismo, el trato, todo pasa
por los afectos. Acá pasamos el Año Nuevo".
El trabajo social posibilita también darle merienda a los
chicos los domingos.
Otras de las actividades de la Asamblea de Plaza Dorrego, son los
emprendimientos de cuero, reciclaje de ropa y panadería. Entre
los 200 pesos aportados por la Dirección General de Empleos
del Gobierno de la Ciudad y el complemento de lo que producen cada
uno de los talleres de economía solidaria, algunos asambleístas
buscan defenderse del desempleo.
"El plan de empleo del Estado es una lismona. Los pocos que
recibimos el plan y participamos en la Asamblea, buscamos producir
en los talleres. Hay 3 o 4 personas que están trabajando en
el taller de pan, -que vende panes caseros por la mañana-,
otros trabajamos en costura reciclando y vendiendo ropa y otros en
el cuero. La idea es armar un espacio abierto horizontal. No creemos
en el verticalismo, buscamos consensos. Nos reunimos en coordinación
con los que participamos en distintos emprendimientos productivos.
En estos años la Asamblea consiguió máquinas
de coser, máquinas industriales de cuero, percheros y hornos
industriales. Trabajamos en ollas populares, con cartoneros, con gente
en situación de calle y con otras asambleas autónomas",
comenta la diseñadora Sol.
"Creo que el desafío de las asambleas es seguir construyendo
horizontalmente. En el camino perdimos a mucha gente valiosa, pero
acostumbrada a trabajar en forma vertical. No hay vuelta que darle,
no solo nosotros estamos acostumbrados y criados a trabajar como punteros,
sino la gente que se acerca también está acostumbrada
a esa demanda. El romper con esas prácticas es el gran desafío
nuestro", dice la profesora de historia Berta, quien participa
en la Asamblea desde que comenzó, da clases de apoyo escolar
y participa en la organización de encuentros para recordar
a los vecinos que fueron víctimas del Terrorismo de Estado.
"El aprendizaje personal del proceso de las asambleas es único
e irreproducible, una experiencia absolutamente enriquecedora. Siempre
creímos que hay que trabajar entre todos no solo desde el discurso.
Las asambleas nos dieron esa posibilidad. Trabajar en un territorio
concreto, con la gente de nuestro barrio que tiene necesidades concretas,
aunque sabemos que hay millones de cosas que no vamos a poder resolver.
Acá nada es compulsivo, esto atenta también contra el
crecimiento y es otro de los costos que decidimos bancar. Hay urgencias
que se acercan más al asistencialismo que a la construcción
política. Estamos aprendiendo. Los resultados en cuanto a lo
mediático y al crecimiento son pocos, pero los resultados en
millones de circunstancias concretas son incontables. En todas las
comisiones hay un nexo con la Asamblea. Para que cada uno que vaya
sepa lo que se está discutiendo y alguna vez se sienta parte
y opine. Tenemos limitaciones aunque muchos proyectos: queremos fortalecer
el apoyo a la población del barrio con graves problemas de
deserción escolar por sus condiciones de vida. Buscamos sostener
una actividad cultural y encontrar gente que se banque el proyecto
de adaptar un espacio respetando el trabajo hecho. Por eso estoy acá,
porque creo todavía", agrega.
En el 2002 el entonces titular del Centro de Gestión y Participación
Nº1, Alejandro Zuasquita, firmó un acuerdo con la Asamblea
en el cual le concedió por 5 años el espacio baldío
de la esquina de Piedras y San Juan, con el compromiso de que allí
funcione un comedor. Años después la Procuraduría
General del Gobierno de la Ciudad dio marcha atrás con el convenio
y ordenó su desalojo aduciendo problemas legales, ya que desde
el CGP Nº 1, no se podía firmar un acuerdo que conceda
un terreno municipal.
La Asamblea para defender el predio en el que edificó completamente
la planta baja y el primer piso, constituyó una Asociación
Civil y está juntando firmas entre los vecinos. Todos los martes
se juntan los asambleístas a las 20 hs.
Otra Asamblea que hubo en el barrio, la del Parque Lezama, desapareció.
Mientras que la Asamblea de San Telmo, ubicada en la esquina de Chacabuco
y México, con un modo de organización y construcción
diferente al del la mayoría del movimiento asambleario, terminó
construyendo el partido político de las Asambleas del Pueblo.
El movimiento asambleario emergente del 19 y 20 de Diciembre de 2001,
cuestionó un sistema que en las últimos décadas
hundió en el desempleo, los bajos salarios, la marginalidad
y la pobreza a buena parte de la población del país.
A medida que muchos sectores pudieron empezar a salir de la profunda
la crisis y el país dejó de avanzar aceleradamente hacia
su total descomposición social, volviendo a la "normalidad",
la efervescencia de la participación para el cambio fue disminuyendo.
En algunos lugares han quedado experiencias, ideas, e intentos, que
siguen apostando a construir otro futuro.
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