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HACIA
UNA ECONOMIA SOLIDARIA
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En San Telmo y sus
alrededores Nº 39
Julio 2001
En
los clubes de trueque se intercambian productos, bienes y servicios
sin dinero. En Argentina cada vez se incorporan más personas a esta
modalidad que propone ir "hacia una economía solidaria". Además
de ser útiles para conseguir bienes indispensables, los integrantes
del nodo San Telmo rescatan el ámbito por ser un espacio de encuentro,
contención y participación.
En
el bar Canopus, ubicado en la esquina de México y Chacabuco, todos los
miércoles y viernes de 18 a 20 funciona el Club del Trueque. Allí se
pueden trocar servicios, variados objetos y artefactos del hogar, ropa
y comida.
Dentro
de la red de los clubes de trueque no se puede comprar o vender con
dinero. La moneda utilizada es el crédito, que tiene un valor estimativo
a un peso. Para los que se quieren incorporar, hay charlas previas de
instrucción explicando los objetivos y el funcionamiento. A cada participante
que se compromete a ir con regularidad se le ofrecen 50 créditos para
que pueda arrancar.
La
coordinadora María Eugenia Alarcón explica el sentido de esta red: "es
importante que se estimule desde la coordinación la participación. Hay
otros nodos que a veces fracasan porque la gente vende lo que tiene
a mano. Pero el fin es que se pueda producir lo que se consume, no vender
lo que tenés en tu casa. Otro problema es que algunas personas toman
al trueque como un negocio nuevo y en lugar de abastecerse, acumulan
créditos para buscar acumular poder. Una dificultad más pequeña es que
algunos están acostumbrados al asistencialismo y pasa tiempo hasta que
comienzan a trabajar. Es importante desde los nodos estimular la capacitación.
Acá no venís a hacer negocios, venís a participar y a organizarte,"
dice.
En
el nodo San Telmo hay alrededor de 40 socios, de los cuales más de 20
son activos. Se dictan cursos y talleres de comida, reciclado de ropa
y velas artesanales. Por otra parte, se crearon distintas comisiones.
Una de ellas es la de prensa y eventos que está organizando "la
peña del trueque" y tiene como idea crear una murga, otra se encarga
de la guardería de los chicos que asisten.
Hay
participantes que asisten a varios nodos. Nélida González además del
nodo de San Telmo, va al de la Boca en la calle Olavarría, al de Santiago
del Estero y Carlos Calvo y al de Av. La Plata y La Rioja. Cuenta su
experiencia: "Trabajo en un jardín maternal y estoy asistiendo
a distintos nodos desde hace tres meses, de martes a domingos. Lo que
me gusta es que este es un espacio muy importante para comunicarnos
y solidarizarnos. Muchos de los que vamos a los nodos lo tomamos como
un llamado de responsabilidad".
Luis
cuenta que es administrador de empresas, trabaja en el Ministerio de
Educación y en una Repartición Internacional y también es maestro de
la Asociación Internacional de Reiki. Se encarga de hacer el boletín,
"Noti-Nodo". Llegó cumpliendo un trabajo y como le gustó el
lugar se quedó. "En los últimos cuatro meses creo que no falté
nunca. Me gusta este nodo porque es muy familiar, por la gente y el
entorno. Con los clubes de trueque te sentís más útil, es una red y
nos incentivamos entre todos". Como diferencia de los distintos
nodos, menciona que por un lado están los que enfatizan el eje organizativo
y por otro los que tienen un eje más economicista.
María
Fernanda empezó hace tres años en el Club del Trueque de Concordia y
cuenta su experiencia: "Estuve en nodos que se estropearon. Hay
gente que viene al nodo pero no le gusta, se queda por poco tiempo y
lo estropea. Vine a Capital por un problema de salud y estoy muy apoyada.
Los nodos generalmente te levantan el malhumor, porque la gente te escucha,
mientras que en el mercado formal te pisan la cabeza".
Miriam
Giménez, es psicóloga, consiguió pacientes a través del trueque y, entre
otras cosas, a cambio pudo conseguir servicios de limpieza en su casa
y pintarla: "Empecé a contagiarme de las energías de la gente.
Realmente pienso que el trueque sirve para renovar energías a través
del intercambio, ese es el trueque verdadero. Todas estas cosas que
uno va cambiando, representan en algún momento energía que uno tuvo
que disponer para poder comprarlas. Es como que si estuvieran guardadas
y la podés poner en movimiento. La gente no tiene plata pero necesita
de este servicio. Puedo trabajar en lo que quiero, es bárbaro,"
agrega.
En
el Club del Trueque participa también Rubén, el dueño del bar donde
se reúnen los participantes. Todos los miércoles y viernes prepara 50
sandwiches para intercambiarlos por créditos con los que compra la verdura.
El
trueque comenzó en Argentina hace 6 años, cuando un odontólogo de Bernal
empezó a ofrecer por el barrio los zapallos que crecían en su huerta,
pero los vecinos no tenían dinero con que pagar y entonces el odontólogo
aceptó otros bienes a cambio.
Con
el lema "por una vida digna y solidaria", en Capital ya hay
más de 30 nodos y en todo el país hay 25.000 familias que participan
en la red global.