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UNA
FIESTA QUE INTENTA RECUPERAR SU ESPLENDOR
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En
San Telmo y sus alrededores Nº 28
Marzo
2000
Durante
febrero y el primer fin de semana de marzo, en más de 40 espacios públicos
de la ciudad de Buenos Aires, se llevó a cabo la tradicional fiesta
de carnaval. Estuvieron presentes alrededor de 80 murgas, que fueron
actuando en forma rotativa por diferentes barrios. También actuaron
distintos grupos vinculados a esta tradición festiva.
Cuando
comienza a transcurrir marzo, el tiempo adquiere otra dimensión. Siempre
que se acaban las vacaciones (para los que aún tienen), vuelve a prevalecer
lo rutinario y lo establecido. Atrás quedan los días de descanso o fiesta,
en que ciertos momentos de cortos períodos, se convierten en prolongados
o eternos en la memoria.
Una
de las opciones para los porteños que estuvieron en el verano en Buenos
Aires, fue transitar y tratar de recuperar la calle y los espacios públicos
como lugar de expresión y de encuentro.
Dentro
de las actividades gratuitas, el carnaval fue uno de los atractivos
propuestos en distintos rincones de Buenos Aires.
El
Carnaval en la Ciudad
El
"Carnaval Porteño 2000" fue el más importante de los últimos
años. Los festejos se realizaron en forma descentralizada, en 40 corsos
diferentes. El 12 de febrero fue la apertura que se desarrolló con un
desfile de murgas por Avenida de Mayo. Al ritmo de los tambores, se
movieron desde chiquitos murgueros que no aparentaban tener más de dos
años, hasta integrantes veteranos y experimentados.
En
la Plaza de Mayo, el 4 de marzo se realizó un homenaje con la actuación
de los elencos de los teatros municipales, entre los que se destacaron
el Ballet Contemporáneo y los titiriteros del San Martín, la orquesta,
el coro y los solistas estables del Colón y la organización Teatral
Presidente Alvear. Para uno de los organizadores del evento, el subsecretario
de Desarrollo Cultural Juan José Pi de la Serra, el motivo por el cual
un espectáculo de estas características se dedicó al carnaval, es que
tanto el teatro, como la música o el ballet, identifican a los ciudadanos
de Buenos Aires.
En
una época en que se desdibujan las fronteras culturales y las nuevas
tecnologías de comunicación promueven festejos globalizados, algunas
ceremonias se resisten a quedar como un recuerdo fragmentado del pasado.
Al rescate de identidades locales y con la intención de que salgan a
la calle, con tradiciones locales en el campo del arte y la cultura
popular, las comparsas fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Ciudad
en 1997 y en los últimos años se constituyó una Comisión de Carnaval
de la ciudad.
El
Corso en San Telmo
En
San Telmo, el corso se realizó en la calle Defensa, teniendo como escenarios
rotativos las esquinas de Carlos Calvo, Humberto 1º y San Juan. Participaron
en su organización la Asociación Civil Crecer al Sur, la Asociación
Civil Nuevo Horizonte, la Asociación de Bomberos Voluntarios y Primeros
Auxilios de San Telmo y Arrabales de Ilusión.
Este
es el tercer año consecutivo que en el barrio hay espectáculos públicos
conmemorando el carnaval. En esta oportunidad contó con más participantes
que en ocasiones anteriores, aunque haya una amplia distancia con sus
años de brillo.
La
fiesta contó con algunos pequeños incidentes y ciertos problemas de
organización. Por citar algunos ejemplos, el viernes 11 de febrero,
cuando finalizaba la jornada de inauguración, hubo disturbios entre
integrantes de la murga "Los Chiflados de Boedo" con algunos
jóvenes. También hubo otros tropiezos: algunos vecinos protestaron por
"ruidos molestos"; hubo discusiones con algunos comerciantes;
el 19 de febrero, por problemas ajenos a la organización, se les impidió
a los bares vender bebidas alcohólicas a sus propios clientes hasta
la conclución del corso; el escenario de apertura (Defensa y Carlos
Calvo), por su estrechez no fue el más indicado para los desfiles, motivo
por el cual se trasladó en las últimas semanas a San Juan y Defensa;
el sábado 12 de febrero, la celebración se suspendió por una lluvia
vespertina, pero ni un cartel ni nadie, estaban presentes para comunicar
sobre su interrupción. Por otra parte, excepto en la jornada de cierre
en que hubo un grupo de mariachis, las otras actividades programadas
como complemento de las murgas (desfile de autos viejos, espectáculos
con grupos de diversos géneros musicales como rock o salsa y "otras
sorpresas") no se realizaron.
Así
y todo, es loable destacar que gran parte de lo recaudado a través de
la venta de gaseosas, panchos, choripanes y espumas, se destinará al
Centro de Salud Nº 15. Por otro lado, pese a los inconvenientes, a lo
largo de las jornadas muchos participantes tuvieron la oportunidad de
expresarse y varios vecinos tuvieron la posibilidad de disfrutar de
un evento público y gratuito. Cinco o más murgas por noche, le dieron
colorido, sorpresa y cierta expectativa a las cálidas noches.
La
murga de San Telmo Arrabales de Ilusión, que cuenta con más de cien
integrantes, desfiló en todas las jornadas, siendo un ámbito de expresión
inicial de muchos niños, mientras que El Cambalache de San Telmo, con
el ritmo de percusión de sus tambores, concretó sus primeras presentaciones
oficiales.
En
medio de las clásicas espumas que utilizaron sin cesar chicos y adolescentes,
- quienes fueron la mayoría de los concurrentes -, asomaron en personas
mayores nostalgias y recuerdos. Otra vez retornaron a la memoria, evocaciones
a las carrozas, a las serpentinas, a los clubes de barrio y a las conmemoraciones
masivas, de una antigua tradición que intenta recuperar chispazos de
su época dorada.
Los
murgueros, surgidos en viejos bares, en esquinas, plazas, parques, en
los suburbios y en el ímpetu del barrio, expresan en cada presentación
su deseo de que vuelvan los feriados de carnaval que despojó del calendario
la última dictadura militar. Con el bombo en la sangre y con canciones
que intentan buscar parodia, crítica, burla e ironía, palpitan durante
todo el año, el ansiado momento fugaz en el que se lleva a cabo la tradicional
celebración popular.
Eduardo
Scirica