Red de adultos mayores

UN ESPACIO DE CONTENCION Y APRENDIZAJE

En San Telmo y sus alrededores Nº 78

Abril 2005

(Por Jorge Aníbal Cela) Desde principios de la década de los 60 se registró en el ámbito mundial la tendencia al paulatino éxodo de parejas jóvenes con hijos desde los grandes centros urbanos hacia barrios situados en la periferia, en busca de vida más natural. Las megalópolis que como Buenos Aires crecían espectacularmente en cantidad de habitantes y devenían en complejas estructuras de hierros y cemento con escasos espacios verdes, se fueron así poblando de personas mayores, adultos, abuelos, o como dicen irreverentemente algunos, viejos. El hecho de que en los centros urbanos se contara con servicios de salud de alta complejidad apropiados para su atención contribuyó a consolidar esta tendencia, sobre todo en los barrios más antiguos de la reina del Plata. San Telmo es uno de los que ostenta el mayor índice de gerontes de la capital porteña, por eso no es de extrañar que confluyan en él empresas dedicadas a la ortopedia y servicios anexos, residencias para ancianos y servicios para la también llamada "Tercera edad".

El 23 de diciembre de 2002 se puso oficialmente en funcionamiento el Hogar de Día N° 19 para Tercera Edad en la Avenida Juan de Garay 765. Este centro de atención diurna funciona entre las 9 y las 16 hs. y los adultos mayores tienen allí un espacio de contención y aprendizaje que los ayuda a organizar su tiempo libre a través de talleres (Yoga, Memoria, Reflexión, Plástica, Literatura, Artesanía, Música, Tango) o con servicios como Terapia ocupacional y asesoramiento jurídico y social. Se brindan asimismo en forma complementaria prestaciones alimentarias (desayuno, almuerzo y merienda). y los requisitos para acceder al servicio son mínimos: tener más de 60 años, vivir en la ciudad de Buenos Aires (no necesariamente en el barrio) y, en lo posible, valerse por sí mismos (o con un grado leve de dependencia).

La Lic. Gabriela Groba es la jefa del Departamento Hogares de Día, organismo dependiente de la Secretaria de Desarrollo Social del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Psicóloga y gerontóloga, fundó hace quince años el primer hogar y como autoridad en la materia, nos recibió en una tarde de otoño (como corresponde al tema que nos ocupa) para referirnos aspectos del área a su cargo.

"La creación de estos hogares es una decisión política, enmarcada en la Ley N° 81 sobre personas mayores. Ayudarlos entre otras cosas a administrar su tiempo libre, porque durante la mayor parte de su vida a una persona le arman la agenda desde afuera de sí mismo (escuela, trabajo, etc.) y de repente se encuentra con que tiene todo el tiempo a su disposición y no sabe o no se da idea de cómo distribuirlo".

Allí es donde entra en acción el personal del Hogar: trabajadora social, psicólogo, abogado y terapista ocupacional. El taller de Memoria, por ejemplo, estimula a los asistentes al Hogar para traer al presente sus recuerdos en forma de los juegos que practicaban en su niñez, como era la ciudad cuando ellos eran más jóvenes, tanto en cuanto a los servicios públicos como la vida cotidiana. Reviven así el almacén, la yapa, el tranvía o el yo-yo, vivencias que luego son compartidas con niños y adolescentes en toda su riqueza: "hicimos unos talleres en el Museo del Niño y pedimos a los abuelos que trajeran los juegos de su infancia. Aparecieron cosas increíbles, maravillosas, que ni yo recordaba" agrega la Lic. Groba entusiasmada.

Contra lo que la mayor parte de la gente cree, los adultos mayores son competentes en muchas áreas, no sólo en la que los afectan directamente. "Tienen un conocimiento espectacular del gerenciamiento de los servicios públicos, saben a que oficina hay que dirigirse y de que manera, por inconvenientes con el teléfono, la luz o el pago de impuestos. Conocen al dedillo los horarios de los servicios médicos de los distintos centros de salud y siempre están dispuestos a compartir lo que saben con aquellos que quieran escucharlos".

Claro que el desarrollo de sus habilidades y potencialidades se da luego de un período, generalmente breve, de aclimatación al nuevo ambiente. En los primeros quince días posteriores a su admisión se les realiza un chequeo médico (independientemente del certificado de aptitud que deben aportar) y se le abre su ficha persona, la cual funciona con carácter de historia clínica y donde los distintos profesionales vuelcan toda la información relativa a cada persona. "Se les hace un seguimiento permanente, cuando faltan la asistente social o algún vecino se acerca hasta su domicilio", agrega Gabriela, "porque una de las cosas que estimulan los Hogares es el sentido de pertenencia. Los abuelos saben que si no vienen por aquí alguien se va a interesar por saber que les pasa. Hay muchos de los asistentes que viven solos", aspecto de la vida social que tiene repercusiones en otras esferas, como la alimentación. "Por lo general las personas que viven solas a veces no se cocinan, toman un café con leche y con eso tiran", con lo cual se han encontrado que a veces un ingresante presenta cuadros leves de desnutrición que se superan rápidamente.

Los asistentes a los Hogares interactúan con los centros de jubilados y demás organizaciones sociales en forma permanente, y el fruto de ese contacto es motivo de orgullo para la funcionaria: "en cada encuentro se nota la diferencia entre nuestros abuelos y los que pertenecen a las otras instituciones. Los nuestros tienen un mejor manejo de la dinámica grupal, son más cancheros. Enseguida se hacen cargo de la situación y la manejan con total solvencia".

El celular interrumpe brevemente la charla, y la irrupción de la comunicación digital me trae de vuelta a la compleja realidad. Mientras la licenciada evacua la consulta que le formulan, repaso los trípticos de difusión y encuentro uno que dice "Talleres de Preparación para la jubilación", punto al cual me dirijo y con el que cerramos la entrevista.

"Ese es un taller que hacemos todos los jueves a las seis de la tarde, coordinado por una trabajadora social y un psicólogo. Sirve para orientar a las personas próximas en el manejo su agenda al culminar su etapa laboral" acota mientras nos recuerda que la mayor franja de suicidios entre los adultos mayores se produce por la angustia generada al dejar de pertenecer al ese ámbito. Es un servicio dirigido a las personas mayores de 55 años que residan en la ciudad de Buenos Aires y se encuentren próximas a jubilarse, y tiene como objetivos no sólo proveerlos de herramientas para un uso adecuado de su tiempo libre sino además facilitarles su inserción en aquellos nuevos ámbitos sociales a los cuales antes no podían acceder por sus ocupaciones.

Otras tareas nos requieren a ambos y la charla llega a su fin. A nuestro alrededor algunos asistentes hablan de la conveniencia de traer el mate para amenizar la charla, una señora castiga sin piedad la máquina de coser y más allá otros se agrupan frente al televisor. Casi, casi, como en casa.

 

 

 

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